
Jaime R., acusado de matar a cuchilladas a Maialen Mazón, no tenía alteradas sus facultades volutivas y cognitivas en el momento del crimen y cuando la mató no estaba bajo los efectos de un trastorno de estrés agudo que lo desconectara de la realidad.
Así lo han declarado en el juicio por estos hechos los expertos de la Unidad Forense de Valoración Integral de Castelló, adonde fue trasladado Jaime ya en régimen de prisión provisional a la espera del juicio tras pasar 18 días de manera preventiva en la cárcel de Zaballa.
El acusado enfrenta a una petición de cárcel de 25 años por asesinato con alevosía y ensañamiento, con las agravantes de parentesco y género; ocho años por cada uno de los dos delitos de aborto y cuatro por abandono de menor. La defensa pide la absolución por trastorno mental transitorio.
El crimen se cometió en la tarde del 27 de mayo de 2023 en un apartahotel de Gasteiz, pero no fue descubierto hasta el día siguiente. La hija de la pareja, de dos años y medio entonces, permaneció sola durante 18 horas junto al cadáver de su madre, que estaba embarazada de gemelos.
Los forenses, que evaluaron a Jaime diez meses después del crimen, han rechazado la tesis de la psicóloga y del psiquiatra contratados por la defensa, que han argumentado que ese día la pareja tuvo una fuerte discusión que causó un trastorno de estrés agudo en Jaime, que según ha dicho tenía una vulnerabilidad psicológica previa.
Como consecuencia, han sostenido los expertos de la defensa, el acusado sufrió una amnesia disociativa y no recuerda nada desde el inicio de esa discusión –de hecho se desconoce de qué hablaron– hasta que fue capturado unas 24 horas después por la Guardia Civil en Aragón, cuando huía en taxi hacia el País Valencià.
Han dicho también que en ese estado es posible realizar «conductas automáticas» en un estado de «desconexión» como enviar un mensaje a un amigo diciendo «la he liado», llevarse el arma del crimen o contratar un taxi para irse de Gasteiz. Han defendido que no hubo intención, control y finalidad por parte de Jaime, que tenía una «alteración grave» de sus facultades, algo a lo que contribuyó el consumo de alcohol.
El acusado no tiene un trastorno de personalidad
Esta tesis ha sido rechazada por los forenses de Castelló, que aunque comparten el grueso del informe de la defensa, han rechazado que las facultades de Jaime estuvieran afectadas por el citado trastorno, ya que este obedece a tres únicos motivos –exposición a la muerte, agresión sexual o lesión grave– y siempre es posterior al hecho.
Es un trastorno, han ahondado, que aparece entre uno y tres días después del hecho traumático, nunca antes, y puede durar hasta un mes. Por ello, la conclusión de que el acusado sufrió este trastorno «no encaja». Han reconocido en todo caso que cuando lo entrevistaron él se negó a hablar de lo ocurrido el día del crimen por lo que no saben «cómo estaba» en ese momento.
En su declaración han explicado además que Jaime no tiene un trastorno de personalidad, pero sí rasgos «histriónicos y tempestuosos» que forman parte de su forma de ser, pero que no requieren tratamiento.
La hija sufre «un trauma severo»
Por su parte, las responsables de la Unidad Forense de Valoración Integral de Araba que elaboraron el informe sobre el estado de la niña han relatado que cuando 18 horas después del crimen la menor fue rescatada y llevada a Urgencias «en estado de shock y asustada».
Parecía «un animal perdido» y mostraba miedo, temor, ansiedad por separación e hipersensibilidad al ruido. Este último síntoma es frecuente entre quienes han vivido un episodio traumático, han relatado las expertas.
Sufre «un trauma severo» por la pérdida de su madre y por haber estado presente en el momento del crimen. En el futuro, tendrá «una afectación psicológica» cuyo alcance dependerá del tratamiento psicológico al que se someta. Así, podrá sufrir trastornos de personalidad, consumos o rupturas de vínculos. De hecho, en su entorno escolar ya han percibido «dificultades para socializar».
Trece puñaladas
En la sesión de hoy también han declarado dos médicos que evaluaron a Jaime en la prisión de Zaballa. Ambos han coincidido en que el procesado estaba coherente y tranquilo y en que no percibieron en él signos de trastorno mental, depresión o ideas suicidas, ni síntomas psicopáticos, es decir, que «estaba en contacto con la realidad». Tampoco observaron sentimiento de culpa.
Ha declarado también la médico responsable de la autopsia de Maialen, que recibió trece puñaladas aunque solo una –a la altura del pecho– fue mortal. No es posible establecer el orden en que se infligieron las heridas, pero sí que todo ocurrió en «un escaso margen temporal».
La víctima presentaba heridas defensivas en los brazos, algo que la forense ha atribuido a un «gesto instintivo». «No se defendió, se escondió», ha afirmado la experta, que ha explicado que los reflejos y la capacidad de reacción de la víctima estaban mermados por la ingesta de alcohol y benzodiazepenas.
El juicio por estos hechos continuará este martes, cuando se espera que declare el acusado.

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