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Carmen Cid, el exilio de por vida de una «niña de la Guerra»

Durante 1937, a pocos meses de la caída de Bilbo en manos fascistas, miles de menores vascos fueron evacuados hacia el Estado francés, Reino Unido, la URSS o Bélgica. Algunos de ellos, como la bilbaina Carmen Cid, nunca regresaron. «Me robaron parte de mi vida», afirma la anciana.

Carmen Cid junto a su hijo, Luis Eckersley, en su casa de Carlisle.
Carmen Cid junto a su hijo, Luis Eckersley, en su casa de Carlisle. (Andy BUCHANAN | AFP)

«Pensábamos que íbamos de vacaciones». Carmen Cid rememora cuando partió hacia el Reino Unido para escapar de la Guerra de 1936. En aquel barco iban casi 4.000 niños. Muchos jamás volvieron, entre ellos esta mujer bilbaina de 97 años, una de sus últimas supervivientes.

Carmen tenía ocho años cuando embarcó en junio de 1937 en el buque SS Habana en el puerto de Santurtzi, rumbo a Southampton, en la costa sur de Inglaterra. Junto a ella viajaban sus hermanos Edurne, de once años, y José Luis, de diez.

«Nos dijeron que regresaríamos tras tres meses. La mayoría de los niños tenía esa idea y expectativa», explica la mujer a AFP en su domicilio de Carlisle, en el noreste de Inglaterra, donde vive con su hijo Luis Eckersley, de 66 años, y su nuera. «Todos los niños gritaban y lloraban. Nunca olvidaré eso», añade.

Durante la Guerra de 1936, el padre de Carmen, Francisco, trabajador naval en Bilbo, combatió junto al bando republicano y estuvo preso entre 1937 y 1949. Con su marido cautivo por parte de las tropas franquistas, la madre de Carmen, una enfermera llamada Frutosa, supo de las evacuaciones de menores al extranjero, a los que se bautizó como «niños de la Guerra», y decidió que sus hijos huyeran del conflicto.

Una vida robada

El 26 de abril de 1937, los aviones de la Alemania nazi bombardearon Gernika, cerca de Bilbao. Ese bombardeo precipitó la evacuación de muchos niños vascos, principalmente al Estado francés, Reino Unido, la Unión Soviética y Bélgica.

Las vacaciones de tres meses de Carmen se convirtieron en doce años de separación con sus padres, a quienes no vio hasta 1949. Fue entonces cuando su padre salió de prisión y, junto a su esposa, logró exiliarse primero en el Estado francés y luego en Glasgow, en Escocia, donde se habían instalado sus dos hijos mayores.

«Siento como si me hubieran robado parte de mi vida. Y decidí que, cuando tuviera hijos, nunca los separaría de mí», explica Carmen. La anciana prefiere hablar en inglés. «Entiendo el español, pero me cuesta expresarme», afirma.

Documentación conservada por Carmen Cid, «niña de la Guerra». (Andy BUCHANAN | AFP)

Tras llegar a Southampton en mayo de 1937, los casi 4.000 niños habían sido repartidos en albergues por el Reino Unido. A Carmen y sus hermanos les tocó uno en Brampton, cerca de Carlisle. Todos acabaron siendo acogidos por familias británicas, gracias a asociaciones de apoyo a afectados por la Guerra de 1936. Con el tiempo, la mayoría regresó al Estado español, aunque unos 500 no pudieron porque sus padres estaban presos o muertos.

Familia de acogida

Para Carmen, el exilio fue de por vida. Poco después de llegar, dejó el albergue para irse con la familia de Norman Alford, un joven litógrafo que simpatizaba con los republicanos españoles y que convenció a sus padres para acoger a una niña. Edurne y José Luis, sus hermanos, terminarían con familias escocesas en la región de Glasgow. «Mi tío José Luis no tuvo tanta suerte. La familia que lo acogió no tenía recursos suficientes y no lo cuidó igual», afirma Luis Eckersley, hijo de Carmen.

Cuando los padres de Carmen consiguieron huir del Estado español, también terminaron en Glasgow, donde Francisco encontró trabajo en los astilleros. Se instalaron primero en casa de Edurne y su esposo, antes de tener domicilio propio. Carmen los visitaba cuando podía, pero siguió con los Alford en Carlisle. 

Dejó la escuela con 14 años y trabajó en una fábrica de ropa hasta que, con 23 años, se casó con Clifford Eckersley, un peluquero de esa pequeña ciudad. Gracias a su apellido de casada, Carmen pudo viajar junto a su marido y dos hijos varias veces al Estado de forma anónima, cuando todavía vivía Franco. Los padres y los hermanos de Carmen siguieron viviendo en Reino Unido hasta su muerte.

Para mantener la memoria de aquellos «niños de la Guerra» nació en 2002 la asociación británica «Basque Children 37». La asociación tiene censados cuatro supervivientes en Reino Unido de aquellos niños, entre ellos Carmen. Los cuatro, que ahora rondan la centena, llegaron para unas vacaciones mucho más largas de lo que imaginaban.