
Sucedió en la rueda de prensa previa al partido entre Argentina y Jordania. «Contesto la pregunta porque es usted. Leo va a ir al banco», respondió Lionel Scaloni, desvelando la suplencia de su capitán. La persona con la que tuvo esa deferencia era Enrique Macaya Márquez, un periodista de enorme prestigio en Argentina que, a sus 91 años, cubre el 18º Mundial de su trayectoria profesional. Debutó en Suecia 58, el torneo en el que el mundo descubrió a un joven Pelé y desde entonces no se ha perdido una edición.
Al volver de Suecia, a Macaya le hubiera costado prever que algún día asistiría a una final entre Argentina y España. La albiceleste no pasó de la primera fase en un Mundial que abrió una profunda herida en el fútbol argentino, mientras la selección española ni siquiera se clasificó, en un reflejo de un fútbol controlado por el franquismo y con unas infraestructuras paupérrimas.
En Argentina, no se puso orden en la selección hasta que César Luis Menotti fue elegido para dirigir al equipo con vistas al Mundial 78. Desde entonces, la albiceleste ha ganado tres Copas del Mundo y el domingo disputará su séptima final.
En el caso de España, no se puede entender su éxito sin la aportación de un holandés con la autoestima suficiente como para echar abajo una cultura basada en la ‘furia española’ e instaurar un estilo de juego con la posesión del balón en el centro de la escena.
«Simplemente pasas el balón alrededor de Francia como si no estuvieran allí. Saben lo que tienen que hacer desde que tienen nueve años», describía Thierry Henry el juego de España al término de la semifinal frente a Francia. Sí, el cambio que lideró Johan Cruyff marcó a fuego al Barcelona, pero alcanzó también a canteras con un estilo tan definido como Lezama o Zubieta y los tres títulos de Copa logrados por el fútbol vasco en los últimos años tienen que ver con la mejora en las infraestructuras de sus clubes, pero también con haber sabido evolucionar en su estilo de juego.
La huella argentina
Además de Cruyff, el fútbol argentino también ha ejercido gran influencia en la evolución del fútbol español. El Real Madrid no se puede entender sin el enorme influjo de Alfredo Di Stefano, pero también han influido Fernando Redondo o Jorge Valdano. La revolución que inició Cruyff en el Barcelona, terminó por completarla Josep Guardiola alrededor del talento de Leo Messi.
En la última década ha sido Diego Simeone quien ha convertido al Atlético Madrid en uno de los mejores equipos del mundo. Igual que antes lo hicieron en el Valencia Mario Kempes, Roberto Ayala o Pablo Aimar y fue de la mano de Riquelme como el Villarreal se convirtió en una referencia en La Liga. Hasta un club con tanta tradición como el Athletic ha tenido la influencia de un argentino como Marcelo Bielsa.
La temporada pasada, Argentina fue el segundo país que más futbolistas y entrenadores aportó a La Liga, solo por detrás de España. Reflejo, también, de un fútbol argentino que viene empobreciéndose desde hace décadas y cuyos mejores talentos han encontrado acomodo en ligas como la española. Es conocido el caso de Messi, que tras la crisis del ‘corralito’ no encontraba un club en Argentina que quisiera asumir el coste de su tratamiento para el crecimiento. Así perdió Newell’s al mayor talento salido de su cantera y se benefició enormemente el Barcelona.
Su actual seleccionador, Lionel Scaloni, también salió de Newell’s y encontró acomodo en aquel Súper Dépor que desafió a Real Madrid y Barcelona. Años después, inició su formación como entrenador en Italia y terminó de instruirse en la escuela de la RFEF.
En Las Rozas tuvo como profesor a quien será este domingo su rival al frente de la selección española, Luis de la Fuente. Y no deja de ser curioso que, la misma albiceleste que alcanzó la cima bajo la dirección de dos entrenadores tan argentinos como Menotti y Bilardo, haya recuperado el título mundial bajo la dirección de un entrenador que hizo buena parte de su carrera como futbolista en Europa y se formó como entrenador en Italia y España.
Técnicos con trayectorias similares
El actual seleccionador argentino tomó, en 2018, el mando de un equipo que despedía a la generación de Higuaín, Mascherano y compañía. Sí, la que había acompañado a Messi desde sus inicios y llegó a la final del Mundial de Brasil, pero se vio perjudicada por el desequilibrio en la AFA tras la muerte de su presidente, Julio Grondona, en 2014. Ahí se inició una lucha por el poder en el fútbol argentino que dio lugar a tres presidentes de la federación y tres seleccionadores en otros tantos años.
Scaloni asumió la selección como interino, mientras se ponía orden institucional, y lo vio claro desde el principio. Igual que Bilardo viajó hasta Barcelona en 1983 para contarle a Maradona que sería el capitán de la selección y tuvo que defenderse hasta de las presiones del gobierno de Alfonsín, mientras construía su equipo alrededor de Diego, Scaloni construyó su proyecto alrededor de Messi, rodeándolo de una nueva generación de jugadores que habían crecido con el rosarino como referencia máxima.
También tuvo que defenderse de quienes, incluyendo a Maradona, criticaron su corta trayectoria como entrenador. Después de un año como interino, la opinión favorable de Menotti fue clave para que la AFA confirmara a Scaloni como seleccionador. Terminó acertando en decisiones clave, como su confianza en el ‘Dibu’ Martínez, Romero, McAllister o Enzo Fernández, hasta convertir a la selección en uno de los elementos más fiables dentro de un país que es puro desequilibrio.
Su antiguo profesor, Luis de la Fuente, ha seguido un recorrido con ciertas similitudes. Igual que el seleccionador argentino, hace de la discreción y el sentido común una de sus señas de identidad. Ambos llegaron a la selección desde otros cargos en la federación y sin estar respaldados por una gran carrera dirigiendo a clubes.
De la Fuente recogió una selección a la que los títulos logrados con Luis Aragonés y Vicente del Bosque habían dado un estilo de juego y ha sabido construir un equipo aprovechando una nueva gran generación de futbolistas salidos del equipo que mejor representa ese estilo y sacando el mayor rendimiento de jugadores como Rodri, Oyarzabal, Unai Simón o Laporte.
Este domingo, la final del Mundial enfrentará al equipo que mejor ha sabido imponer su estilo de juego con otro que, por momentos, ha sufrido en el torneo, pero ha demostrado un corazón y una confianza en sí mismo a prueba de fuego. La lógica del mejor juego español frente a la fe y la emoción de los argentinos.

Sabino Ormazabal, Euskal Herria maite zuen bakezale amorratua, zendu da

Ertzaintza y ultraderecha: la contradicción de Zupiria

«Pertsona normalek» Donostiaz gozatu dute 21. Irrikitaldian, «pirata malapartaturik gabe»

Cuatro hombres detenidos en Bizkaia acusados de agredir sexualmente a una menor de 14 años





