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El sí llega a las urnas, el no cruza los dedos

Estamos en el barrio de Craigmillar, en Edimburgo, la capital de Escocia. La campaña del ‘Yes’ ha organizado una marcha, casa por casa, impulsando el voto por la independencia y llevándolo hasta el centro de votación. Es un barrio de casas bajas, inequívocamente obrero, y destaca la participación de familias enteras y sobre todo la gran presencia de mujeres, una constante en la campaña del ‘Sí’.

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Caminan acompañadas por el inevitable gaitero. También tiene su historia: Greg Harrison ha venido desde Las Vegas a animar el cotarro. En cada plaza o rotonda se detienen, hacen un llamamiento a votar y a cambiar el futuro de Escocia, y se insiste en los mensajes recurrentes de la campaña en favor del ‘Sí’, que han ganado mucho peso en estos meses. Les sigue una comitiva de medios locales para reflejar el momento y realizar entrevistas.

En la marcha algunos se preguntan si el apoyo de Andy Murray moverá al voto. La pregunta es qué ha movido al tenista, uno de los mejores del mundo y presentado hace años como icono británico, a salir del armario precisamente hoy. La respuesta es la movilización popular a favor del ‘Sí’, el caudal de ilusión creado por la independencia y la perspectiva de que es una causa factible por la que merece la pena saltar a la pista.

Llegamos al colegio electoral. Ahora hay mucha más gente entrando a votar, incluidos media docena de ancianos en sillas de ruedas que acuden acompañados por sus asistentes y con la papeleta del ‘Yes’. En las puertas, un grupo partidario del ‘No’ ofrece sus argumentos a los periodistas. Junto a GARA los hay de Australia, Inglaterra, Irlanda, medios locales...