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UPN regrsa a la caverna

UPN prometió a los suyos que o bien ganaba o llegaría el Apocalipsis. Y lo cierto es que los suyos no fueron a votar. No les han creído, porque el discurso suena ya muy viejo.


Si una virtud ha tenido José Javier Esparza ha sido la de reflejar cómo piensa su partido. El miedo a fracasar les hizo perder los nervios y desnudar su ideología cometiendo el error de pensar de que los votos les vienen porque la sociedad comulga con sus ideas reaccionarias, cuando en realidad su punto fuerte ha sido siempre el voto de la costumbre y la inercia. Al final asustaron.

UPN y los autoproclamados garantes de la pureza navarra que laurearon los golpistas desenterraron un discurso que suena troglodita a estas alturas. Lo más pintoresco fue la irrupción de Ollarra, el seudónimo que utilizaba el exdirector de ‘‘Diario de Navarra’’ para adoctrinar con columnas de opinión los domingos a las huestes navarreras con Franco vivo y con Franco muerto. Porque con la Constitución cambiaron muchas cosas, pero el director de “Diario de Navarra” permaneció. De hecho, José Javier Uranga no soltó las riendas del diario hasta 1990. Y aun después siguió con sus sermones dominicales hasta que la vejez y una incipiente ceguera le hicieron abandonar.

Ante el miedo a que el régimen cayera, alguien despertó al gallo. Lo malo es que, con 90 años, Ollarra está un poco gagá. Su tribuna fue un desbarre. Confundió a los Reyes Católicos con Carlos V, habló de lo guapas que eran las infantas navarras y de lo bien que se defendía el reino navarro contra «los moros». Le quedó una diatriba filofalangista que no hay quien compre. Y es que el mundo evoluciona.

Fallado el gancho de derechas del vetusto director, “Diario de Navarra” volvió a darlo todo el domingo de elecciones. Abrió periódico a lo bruto: «Navarra se juega hoy su futuro» en titular a cinco. Bajo las negritas, esta entradilla: «Los partidos que vertebran una Navarra con identidad propia se confrontan con los que buscan un bandazo nacionalista disfrazado de cambio social». Así. A pelo, como si no fuera una opinión. En el interior, Inés Artajo, la sucesora de Ollarra, se propuso enardecer a la masas. Pero se pasó de frenada y dijo que el cambio equivalía a «dar un volantazo que conduzca a un harakiri colectivo». Es más, Artajo se vio sobrecogida en un arrebato de épica y animó a votar «para cincelar una Navarra viva y que late con fuerza». Nada menos.

UPN también planteó una campaña llena de épica. Bueno, más bien lo intentó. El lema de Esparza fue “Defender los Fueros con todas nuestras fuerzas”. Pero no pudo mantener la pose heróico-guerracivilista mucho tiempo. En el fondo, les pierde lo cazurro. Y se tiraron al «Navarrísimo», un lema que más bien parecía una coña marinera. Y se gastaron un dineral en semejante ocurrencia (para vergüenza ajena del resto de navarros). Tan terrible eslogan (pues terrible es en forma y, sobre todo, en fondo) partió del inventor de la marca «ZP», que pasa unas facturas de aúpa. El problema es que cuando la idea es rancia en sí, no bastan maquillajes. Les pasa lo mismo que a las monas con las sedas.

Y lo dicho del lema «Navarrísimo» es aplicable a su lema municipal: «Adelante». Ese guiño cuidadosamente medido al eslogan cateto de «P’alante»... acababa dando para atrás.

Tampoco conviene olvidar la intervención de Julio Pomés y su think tank retrógrado (Civismo). Su aportación fue traer en campaña a Mario Vargas Llosa y a Carlos Herrera. El peruano fue el más agudo con argumentos tan complejos como que había que ir a votar «para que no ganaran los malos».

Hoy, segundo día del Apocalipsis (o siendo finos en plan Artajo, segundo día del «harakiri colectivo») ha quedado comprobado que los navarros no hacen ya caso a mensajes así. Avisaron del Apocalipsis y su gente no fue a votar para salvar el mundo. Han perdido votos a miles. Se metieron en la caverna y ahora ya es tarde para salir.

Honi buruzko guztia: M24