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Luzia Urigoitia, un caso sin esclarecer

La muerte de Luzia Urigoitia no se ha esclarecido 28 años después. Los informes de los forenses apuntan a disparos «en dos momentos distintos y a menos de dos palmos» de la nuca. Asimismo, durante la investigación, se imputó a varias personas por «un intento de falsificación de pruebas».


El 23 de julio de 1987, Luzia Urigoitia murió a causa de los disparos de la Guardia Civil en su casa de Pasaia durante una operación policial. 28 años después el caso sigue sin esclarecerse. Así, el informe de Lakua sobre víctimas lo incluye en el apartado de ‘Otros casos que necesitan mayor contraste e investigación’.

El documento apunta a que durante la operación de la Guardia Civil se produjeron «disparos de arma de fuego en dos momentos distintos». Además, la autopsia indica que uno de los disparos fue realizado «a menos de dos palmos». El magistrado juez titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Donostia consideró en su día que la bala que le atravesó la cabeza fue disparada con una metralleta cuyo cañón se encontraba en ese momento «prácticamente tocando la piel».

Asimismo, haciendo referencia a ‘El Independiente’ de dos días después a la muerte de Urigoitia, el informe se hace eco del «comportamiento de ciertos miembros de la Guardia Civil, que han decidido, por su cuenta y riesgo, la práctica de la ley de fugas con el tiro en la nuca». En el mismo sentido se recogen las palabras del gobernador civil de Gipuzkoa, que aseguró que se debía «primar la efectividad policial a las garantías judiciales».

Del mismo modo, y en cuanto a la investigación del caso, ya el forense Paco Etxeberria, en una entrevista publicada en GARA, define el caso como una de las «mayores muestras de impunidad». «Esa gente vivía con tal impunidad que se asombraban de que un juez pudiera pretender, ni se pudiera atrever, a interrumpir su trabajo», explica. Del mismo modo, recuerda que tras la muerte de Urigoitia el juzgado de Donostia, a través de la Fiscalía, planteó entrevistar a los compañeros que se encontraban en el piso con Luzia Urigoitia «porque la versión de la Guardia Civil era de broma».

Durante la apertura del caso se imputó a varias personas por un «intento de falsificación de pruebas» para relacionar la versión policial con los resultados de la investigación. De hecho, se subraya que un capitán de la Guardia Civil «entró en casa del juez, sustituyendo un proyectil por otro», además de cambiar un cañón en balística y manipularse un chaleco antibalas.