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Madrid vuelve a mentir a la ONU para apuntalar su relato sobre ETA

Once años después de forzar una declaración que atribuía a ETA el 11M, otro Gobierno del PP ha vuelto a engañar al Consejo de Seguridad de la ONU sobre esta organización. El ministro de Exteriores le ha dicho que Begoña Urroz fue su primera víctima y que la muerte de Miguel Angel Blanco se celebró con champán.


El Gobierno español no solo ha ocultado en su visita al Consejo de Seguridad de la ONU la existencia de otras violencias diferentes a la de ETA, sino que ha incurrido en falsedades directas como seguir atribuyendo a esta organización la muerte de la niña Begoña Urroz perpetrada por el DRIL o afirmar que la muerte del concejal Miguel Ángel Blanco estuvo precedida por brindis con champán en las herrikos. Quien lo ha hecho, además, es todo un ministro de Exteriores: José Manuel García-Margallo. Y con un objetivo confeso: «Contribuir a generar un relato alternativo del terrorismo y anular las supuestas motivaciones políticas o sociales que puedan alegar los terroristas».

García-Margallo y su homólogo de Interior, Jorge Fernández Díaz, participaron junto a víctimas de ETA en una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad de la ONU, destinada a escuchar y atender a «víctimas de actos terroristas». Era la primera vez que se producía este evento. Personas como Mari Mar Blanco, hermana del concejal de Ermua muerto a manos de ETA, intervinieron junto a víctimas de violencia en otros puntos del planeta; por ejemplo, yazidíes perseguidos por el Estado Islámico.

En este contexto, el ministro de Exteriores utilizó en Nueva York un discurso que desafiaba a la verdad de los hechos, expuesto además con un tono estridente. Así, sobre la niña Begoña Urroz, víctima mortal de un atentado de la organización antifranquista Directorio Ibérico de Liberación (DRIL) en Donostia en 1960, dijo: «Fue en uno de esos lugares anónimos, cotidianos, en una estación de ferrocarril del País Vasco, en España, donde una madre vio por última vez a su hija. Begoña Urroz pereció abrasada al estallar una bomba en una maleta depositada en una consigna. Era un bebé de 22 meses. Fue la primera de las 850 víctimas causadas por la banda terrorista ETA».

Más llamativa aún que esta afirmación, recurrente por parte del Gobierno del PP aunque no en un foro tan elevado, es la que lanzó García-Margallo sobre la muerte de Blanco, en 1997: «Recuerdo que ese día estaba reunido en casa con un grupo de amigos esperando el fatal desenlace. Una hora y media antes de que nos comunicaran que había sido asesinado, el director general de la Policía, quien se encontraba entre nosotros, nos advirtió que era seguro que le iban a matar. ‘¿Por qué?’, preguntamos. ‘Porque los amigos de los terroristas ya han comenzado a descorchar las botellas de champán en sus tabernas’, respondió».

García-Margallo justificó este discurso en la necesidad de «generar un relato alternativo» al de ETA. «Los terroristas no son soldados de una causa, son criminales. El terrorismo es un totalitarismo destructivo que tiene el objetivo de acabar con el pluralismo y crear sociedades homogéneas, cerradas e intolerantes», añadió.

Amaiur reclama rectificación

El senador vasco Urko Aiartza se hizo eco de esta intervención para acusar al Gobierno del PP de «volver a mentir» al Consejo de Seguridad de la ONU, especialmente por la imputación a ETA del atentado que costó la vida a la niña Begoña Urroz. El representante de Amaiur expresa su «respeto y solidaridad» con las víctimas que intervinieron, pero matiza que «esto no debe ni puede significar un cheque en blanco ante las tropelías del Estado».

Aprovecha la ocasión Aiartza para preguntar al Gobierno español si su representante va a promover que se subsane la resolución falsa de 2004 o si no fuera posible técnicamente, como parece, va a impulsar otra declaración que la corrija.