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Iruñea se adentra en la fase 1 al ralentí

En una Euskal Herria en la que se avanza a diferentes velocidades, Nafarroa aplica a rajatabla la fase 1 diseñada desde Madrid. Algunos bares y pequeños comercios han reabierto sus puertas y terrazas con cierto recelo en Alde Zaharra, mientras que otros han decidido abrir a la mitad o continuar cerrados hasta que se reduzcan los límites.

Uno de los pocos bares abiertos en Alde Zaharra de Iruñea tras el inicio de la fase 1 en Nafarroa. (Idoia ZABALETA/FOKU)

Para muchas y muchos, el camino de vuelta a la normalidad nueva o parecida a la de antes ha empezado pidiendo en un bar. El día 1 de la fase 1 guarda cierto aroma a café en Alde Zaharra de Iruñea y el ruido de la calle ha vuelto a imponerse. Aparenta un barrio distinto al de los últimos 60 días, pero tampoco es el de un lunes de febrero.

En el bar situado en frente del Ayuntamiento solo atienden a los clientes en la terraza, en la que se han eliminado el 50% de las plazas habituales y se han colocado las mesas a más de dos metros de distancia. No hay carta, ni servilleteros y el pago solo puede realizarse con tarjeta. «La gente tenía ganas de sentarse y volver a hablar del tiempo», señala la dueña del establecimiento.

La reapertura no resulta rentable sin embargo para la mayoría de establecimientos hosteleros y muchos han comezado este lunes a reacondicionar los bares de cara a las siguientes fases en las que se les permita abrir con menos restricciones. «Tengo una mesa pequeña fuera y el bar es demasiado estrecho, ya me dirás cómo voy a abrir así», señala con una muestra de preocupación este hostelero de un bar de la calle San Nicolás.

Tampoco hay locales abiertos en Nabarreria, y la Herriko de la calle del Carmen avanza en una remodelación iniciada antes del inicio de la pandemia. En la Plaza del Castillo, tres terrazas han decidido abrir y los clientes matan la sed con cerveza, incómodos ante tanto fotógrafo empeñado en capturar el momento y confundidos ante el primer «qué te pongo» en muchas semanas. «Quería volver a echar una buena caña pero se hace raro», comenta este cliente con la mirada sumergida en su jarra de lúpulo y cebada.

Arranque descafeinado del pequeño comercio

Otro de los elementos más comentados en este periodo es la reapertura de los comercios de menos de 400 metros cuadrados sin la necesidad de pedir cita. Sí que hay limitaciones en cuanto al aforo, que se ha establecido en un 30%.

La mayoría de establecimientos han colocado un cartel que especifica el número de personas que pueden entrar y recuerda los dos metros de distancia física que hay que mantener entre los clientes.

Muchos comercios han optado por seguir cerrados o abrir a medias, y todavía las bolsas que portan los vecinos siguen siendo las del super y las colas en las que conversan, las de los cajeros o panaderías. «Hemos decidido abrir porque no nos quedaba otra, y durante la mañana hemos tenido pocos clientes, la gente duda en entrar», lamenta el dueño de una tienda de ropa pertrechada con todas las medidas sanitarias.

Los locales más concurridos siguen siendo las peluquerías, donde más de uno se ha quitado un peso de encima. También los supermecados, abiertos durante todo el confinamiento. En el de la calle San Nicolás, «la gente ha comprado incluso más que antes», apunta la dueña, que destaca el jabón de manos y el alcohol como los productos más vendidos. «Lo que no se ha consumido en los bares, se ha consumido aquí», bromea.

Encuentros

Por otro lado, al fin se ha podido visitar a la familia y amigos, siempre y cuando estén en el herrialde y haya menos de diez personas. El lugar es irrelevante, y además de los producidos en la terraza de un bar o en los domicilios, los encuentros en la calle han sido notorios, sobre todo entre los más jóvenes.

«Vivimos cerca y no nos hemos podido ver hasta hoy», explica un un grupo de amigos que han quedado en una Plaza del Castillo llena de transeúntes con mascarilla pero sin un destino claro al que ir. «Estoy buscando una terraza tranquila en la que me dejen entrar con el perro, y ya de paso veo el ambientico», comenta un hombre.

La precaución ante un posible repunte de contagios es el mejor antídoto contra el apresuramiento: mascarillas, guantes y gel hidroalcohólico... toda las medidas son pocas en Iruñea, también en la Iglesia de San Nicolas, donde una mujer desinfecta la entrada y lamenta que «solo nos dejen misas de diez personas».

«Ver a la gente así de nuevo, en la calle, con mascarillas pero en la calle, me hace ilusión. Parece que se ha recuperado algo de vida y te anima a esperar a las siguientes fases», apunta este paseante con las pilas cargadas y reloj en hora para descontar los días para llegar a la normalidad nueva o parecida a la de antes.