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Rompan la bolsa, hoy es un buen día y un mejor lugar

El ministro de Interior, Grande-Marlaska, la pasada semana en Gasteiz. (Jaizki FONTANEDA | FOKU)

No cabe duda de que cargos del Gobierno español y del PSOE habrán escuchado la pasada semana el audio-manual sobre las torturas en Intxaurrondo. También creo sinceramente que algunos se habrán estremecido como lo ha hecho el oyente medio. Pero le ha sucedido un silencio sepulcral, como ocurre siempre que una crisis simplemente es inabarcable por enorme, igual que pasó tras el informe oficial de Lakua en 2016. Un caso es un escándalo, 4.113 es un tabú.

Tan tupido es ese silencio que han hecho como que no oyen a todo un vicepresidente español. Pablo Iglesias admitió el viernes en Madrid que la tortura ha sido generalizada, pero ni siquiera Vox ha querido responderle, tampoco el PP, menos aún sus compañeros de gobierno, qué decir Felipe González. Imaginemos por un momento que al llegar a la Casa Blanca Kamala Harris dice que todos los gobiernos de las últimas décadas han cometido crímenes contra la población y que ni Biden ni Trump ni Obama ni los Bush tienen nada que decir, ni se convierte en noticia internacional. ¿Impensable, verdad? Pues ahí estamos.

Mejor callar además cuando Iglesias ha puesto además el dedo en la llaga: la tortura ha sido «elemento procesal». Es decir, no solo ha provocado terrible daño físico sino que además ha llenado cárceles y mantiene a personas exiliadas. Tiene efectos todavía hoy, aunque ya no se torture.

Quizás algunos hayan pensado en decir algo al respecto, como lo hizo Eneko Andueza tras el documento de la CIA sobre Felipe González, pero no vean la forma de hacerlo, no hayan encontrado modo de empatizar con las víctimas sin señalar a los victimarios, no topen las palabras adecuadas. Y sin embargo hay una opción de expresarse sin abrir la boca. Existe un día, un lugar y también unos destinatarios esperando: más de 5.000 según los últimos datos.

Este jueves se anuncia un acto impulsado por el Centro Memorial a las Víctimas del Terrorismo. Se destruirán de modo simbólico armas incautadas a ETA y los GRAPO. No haría falta decir nada: sería tan sencillo como romper ahí mismo además unas bolsas de plástico, a ser posible transparentes, como recomendaba «El Alemán» de Intxaurrondo. Rasgar unos listines de teléfono, de aquellos de los 80 y 90. Cortar con unas tijeras unos electrodos. Hacer jirones una manta. Desmontar una bañera como la de Mikel Zabalza; ya puestos, quizás aún exista la que dicen que obligó a quitar de la Comandancia de Gipuzkoa la actual ministra de Defensa. Quien quiera entender, entenderá. Seguro que las víctimas no necesitan explicaciones.

El evento no será finalmente en Gasteiz sino en Valdemoro, en la Academia de la Guardia Civil, ¿dónde mejor? Y se anuncia la presencia de Pedro Sánchez e Idoia Mendia, aunque resultaría aún más simbólica la asistencia de otro ministro: el del Interior, señalado por las sentencias europeas en su época de juez, pero interpelado seguro más en su conciencia por lo que oyó tantas veces en su despacho, la cara B de la cinta de Perote.

Vale, no harán nada de todo esto este 4 de marzo, aunque en el fondo saben que tendrán que hacerlo algún día, y que sería mejor hoy que mañana o en 2050. No lo harán, pero piensen al menos en una accion así. No tendrían por qué sentir vergüenza por ella. O no más que la que les genera escuchar ese audio de Intxaurrondo, recordar que esas torturas y muertes quedaron impunes, leer que su informante se ha pasado la vida amparado por el Estado, que hoy jalea a Vox... y quedarse sin saber qué decir.