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Ambros Martín
Entrenador

«Fueron mis mejores años como entrenador»

Como una gran oportunidad perdida es el recuerdo que le queda a Ambros Martín (Arrecife, 1968), técnico de Itxako entre 2004 y 2012, de aquella final a doble partido contra el Larvik. «Es evidente que no fuimos capaces de ganar y eso es lo que realmente se me quedó y cuenta», rememora.

Ambros Martin da indicaciones a sus jugadoras en un tiempo muerto. (Idoia ZABALETA / FOKU)

En todo caso, subraya que «durante los años anteriores se hizo un gran trabajo, fue extraordinario teniendo en cuenta que se trataba de un pueblo tan pequeño. Sin duda, fueron mis mejores años como entrenador, al encargarme de un equipo con el que ascendimos de la segunda categoría a Primera y en siete-ocho años llegamos a toda una final de la Champions».

Sin embargo, a su juicio, a aquel equipo forjado con el tiempo le faltó experiencia a tan alto nivel. «Los nervios de jugártelo todo en casa, las expectativas generadas y no disputar muchos partidos de este tipo acabaron influyendo en pequeños detalles que marcaron la eliminatoria», explica.

Y, para él, supuso un gran impacto el cambio de ubicación. «Fue el único partido que no disputamos en nuestra pista y, aunque estuvimos arropados por una mayor cantidad de gente, lo cierto es que la sensación que recuerdo es que no nos sentimos como en casa, algo lógico por otra parte», indica.

A ello hubo que unir que «enfrente tuvimos a un rival experimentado, que venía de jugar la final de Champions del año pasado y contaba con internacionales al más alto nivel, que habían ganado un buen número de títulos».

Al menos, llegar a la final pudo generar «cierto entusiamo entre los más jóvenes», si bien «todo el trabajo desarrollado por mucha gente se fue al traste por la inoperancia en la gestión del club y por la excesiva dependencia de las instituciones».

«Por esa circunstancia, no se supieron aprovechar los mejores años de aquel equipo, un grupo de jugadoras que estaban hambrientas de títulos. Si todo hubiese transcurrido normalmente, incluso podía haber llegado la ansiada Champions, además de que jugadoras de reconocida calidad querían venir a jugar a Itxako, al ser un conjunto que podía codearse con las más grandes, logrando el reconocimiento mundial», añade.

En su caso particular, pudo quitarse la espina hasta en cuatro ocasiones, que fueron las veces que levantó la Champions dirigiendo al Gyor, donde recaló una vez finalizado su periplo en Itxako. «La clave está en seguir con el trabajo emprendido y aquella derrota me ayudó a posteriori, porque cuando uno pierde se analizan un montón de detalles en profundidad para que esa mala experiencia no se repita», defiende.

Tras unos años entrenando en Rusia, la próxima campaña el técnico de Arrecife regresará al cuadro húngaro, que lleva una estadística arrolladora, con más de año y medio sin perder. «Sé a dónde voy, allí estuve seis años y jugamos cinco finales. Es un club donde lo único válido es ganar todas las competiciones, pero también quiero plantear un juego que sea atractivo para el espectador», apunta.