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Ucrania avivará un rearme general de largo recorrido

El gasto militar global alcanzó el año pasado cifras sin precedentes, constatando que el mundo se encuentra inmerso desde hace tiempo en una peligrosa carrera armamentística, donde la guerra de Ucrania va a ejercer de catalizador con resultados imprevisibles.

En esta foto de 2013 un misil antiaéreo se lanza durante un ejercicio militar del ejército griego. (Costas METAXAKIS | AFP)

Incluso en medio de las consecuencias económicas de la pandemia, el gasto militar alcanzó niveles récord en 2021». Estas palabras de Diego Lopes da Silva, investigador sénior del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), resumen el contenido de un informe que la semana pasada alertaba de que el montante destinado a la compra y desarrollo de armamento y al mantenimiento de los ejércitos rebasó el año pasado los dos billones de dólares.

La cifra se elevó en concreto hasta los 2,11 billones (1,97 billones de euros), lo que supone una subida del 0,7% en términos reales respecto a 2020 y representa el 2,2% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. El ritmo de crecimiento en términos reales se redujo por la inflación, pero, aun así, en términos nominales el gasto militar creció un 6,1%. Con todo, seguramente lo que más llama la atención en esa cantidad de dinero sin parangón es que pronto se va a quedar corta.

Los 801.000 millones de dólares de EEUU representan el 38% del gasto militar global

Y es que todos estos números no recogen un acontecimiento que va a alterar las relaciones internacionales durante los próximos años, y va a avivar, ya lo está haciendo, este proceso de rearme global. Se trata, claro está, de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, con la consiguiente guerra entre ambos países y la participación, de forma cada vez más abierta, de otros actores. Sobre todo, los vinculados a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que está suministrando armamento a las tropas de Kiev.

Trump, Stoltenberg, Biden

Prietas las filas tras el órdago lanzado por el Ejército ruso el 24 de febrero, la mayor organización militar de la historia, vestigio de la Guerra Fría, ha aprovechado el cruento lance para desempolvar arsenales y mensajes, y para insistir a sus asociados en que tienen que gastar más dinero en armas. Y esta vez no parece haber espacio para disensiones.

A mediados de marzo, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aprovechó una rueda de prensa en Bruselas para instar a los miembros de la alianza a que aumenten el gasto militar y lleguen como mínimo al 2% del PIB. El ex primer ministro noruego citó la amenaza rusa y el nuevo escenario en el este de Europa para apuntalar un mensaje que lleva repitiendo desde 2014, cuando accedió al cargo tras la cumbre de Gales.

El gasto militar de Ucrania ha aumentado un 72% desde la anexión rusa de Crimea en 2014.

Justo un año antes de esa comparecencia, el 16 de marzo de 2021, el propio Stoltenberg informó de que once de los treinta integrantes de la OTAN ya habían superado el 2% del PIB en gasto militar en 2020. Cuando se celebró la cita de Gales solo Estados Unidos, Reino Unido y Grecia alcanzaban esa cifra.

En los siete años siguientes engrosaron el grupo el Estado francés, Noruega, Eslovaquia, Polonia, Rumania, Lituania, Letonia y Estonia, y en ese aumento, más que las peticiones del secretario general fueron determinantes las exigencias del presidente estadounidense Donald Trump, que llegó a poner en duda la pervivencia de la alianza.

Tras una reunión que mantuvieron ambos en Washington hace cinco años, Stoltenberg saludó públicamente que Trump presionara a los países de la OTAN. «Déjeme que le agradezca el liderazgo que usted muestra en el tema del gasto en defensa; realmente está teniendo un impacto, porque los aliados están gastando más», expuso.

El Gobierno japonés añadió 7.000 millones de dólares extra al gasto militar en 2021. Como resultado, éste aumentó un 7,3%, hasta 54.100 millones de dólares

Aunque es probable que el noruego suspirara de alivio cuando en noviembre de 2020 el magnate neoyorquino perdió las elecciones presidenciales contra Joe Biden, bastante más comprometido con la organización que él dirige y no menos dispuesto a presionar a sus socios, como ha puesto de manifiesto durante este año largo de mandato.

Alemania, camino del Top 3

La guerra de Ucrania ha dado a ambos bazas para lograr que los países que restan alcancen ese 2% de gasto militar. El Gobierno español, por ejemplo, ya ha apuntado en esa dirección, lo que implicaría incrementar el montante destinado a armamento entre 10.000 y 12.000 millones de euros, para sumar unos 24.000 millones anuales en total. Es tres veces más, por ejemplo, que el presupuesto dedicado a Fomento del Empleo, y casi cuatro más que para Servicios Sociales.

Varias personas observan tanques y vehículos lanzamisiles durante una feria armamentística celebrada en 2008 en Moscú. (Alexey SAZONOV/AFP)

Pero todas las miradas se centran ahora en Alemania, cuyo gasto militar, aunque muy considerable –56.000 millones de dólares en 2021– no se corresponde, en comparación con sus socios, con su músculo económico, y donde hasta ahora ha pesado mucho la mochila histórica del nazismo.

Como recordaba el “Deutsche Welle” hace unas semanas, los embajadores de Washington han presionado de distintas formas y de forma insistente a sus contrapartes alemanes para que ese país aumente su gasto militar. Sin mucho éxito, hasta que la invasión de Ucrania ha provocado un bandazo por parte del Ejecutivo de Olaf Scholz. En un discurso ante el Parlamento en marzo, el canciller se comprometió a enjugar esa distancia, empezando con un presupuesto de 100.000 millones de euros como «asignación suplementaria única» durante cinco años.

En base al PIB actual, complementar todos los años el presupuesto de defensa con otros 20.000 millones de euros permitiría que Alemania superase la meta fijada del 2%.

Esa suma adicional, que equivale a una quinta parte del presupuesto federal, quedará fuera del presupuesto regular, con lo que estará exceptuado de los límites de deuda constitucionales, y no afectará a las tasas impositivas ni aumentará el gasto oficial, líneas rojas para el Partido Liberal Demócrata, el socio menor del gobierno de coalición.

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que las directrices fijadas en Gales señalaban que los miembros de la OTAN deberían destinar el 20% del presupuesto anual de defensa a «nuevo equipamiento importante», lo que Alemania tampoco cumple –los salarios, las cotizaciones sociales y las jubilaciones se llevan por lo general la mayor parte del presupuesto militar–. Pero esto también podría cambiar, dado que en el proyecto de ley presentado en el Bundestag, Scholz afirma que esa cifra suplementaria se destinará a «financiar planes de equipamiento plurianuales especialmente relevantes y complejos para las Fuerzas Armadas».

El 64% de los desembolsos de capital en el presupuesto militar de la India en 2021 se destinaron a la adquisición de armas de producción propia

Con este cambio de 180 grados en su política, Alemania, que esta semana ha autorizado además el envío a Ucrania de tanques antiaéreos Gepard, podría desbancar a India en la tercera posición del ránking mundial en gasto militar, alcanzando una cifra superior a los 80.000 millones de dólares. Solo se vería superado por Estados Unidos y China.

El Pacífico, un punto caliente

Las dos grandes potencias del planeta, una emergente, la otra en lento declive, lideran también este campo, pero de forma nada simétrica, ya que EEUU, con 801.000 millones de dólares en 2021 –un 3,5% de su PIB– casi triplica el gasto chino. A diferencia de lo que ocurre en el ámbito económico, la primacía estadounidense en el gasto militar es clara.

Con todo, China, que destinó a su Ejército 293.000 millones de dólares el año pasado, lleva 27 ejercicios consecutivos aumentando el gasto, que se ha elevado un 72% en los diez últimos, desde 2012. Y este movimiento está teniendo réplicas en toda la región. «La creciente superioridad china en los mares del sur y del este de China se ha convertido en una importante impulsora del gasto militar en países como Australia y Japón», afirma el Dr. Nan Tian en el informe del SIPRI.

Y cita como ejemplo el acuerdo de seguridad trilateral AUKUS entre Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos, que prevé el suministro de ocho submarinos de propulsión nuclear a Australia por un coste estimado de unos 128.000 millones de dólares.

El gigante austral, decimosegundo en la lista del SIPRI, ha aumentado un 42% el gasto en la última década, una subida parecida a la de Corea del Sur (43%), que cierra el top 10, justo por detrás de Japón, noveno, que solo en el último año ha aumentado el gasto un 7,3%, hasta 54.100 millones de dólares.

En números bastante similares están Arabia Saudí (55.600) y el Estado francés (56.600), y un escalón más arriba Rusia, con (65.900), el Reino Unido (68.400) y sobre todo la India, con 76.600 millones de dólares.

En conjunto, más de dos billones de dólares. Y subiendo, para alegría de quienes venden las armas que otros compran. Porque la guerra también es negocio. De hecho, para algunos la guerra es, sobre todo, negocio.