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Las seis W aplicadas a Escocia

El mensaje que recibió el miércoles Escocia fue rotundo: no puede organizar un referéndum sin el consentimiento de Londres. Con el Gobierno británico cómodo con el bloqueo, le vuelve a tocar mover ficha al Gobierno de Nicola Sturgeon.

Al independentismo le vuelve a tocar mover ficha. (Andy BUCHANAN | AFP)

Las 5W son una especie de guía del periodista para saber cómo organizar una información. Una de las primeras lecciones de la facultad de Periodismo, a menudo olvidada. Hace referencia a las palabras inglesas ˝what˝ (qué), "who" (quién), "where" (dónde), "when" (cuándo) y "why" (por qué).​ Más tarde, se añadió una sexta, "how" (cómo). Pues bien, para entender la situación en la que queda Escocia tras la negativa de la Corte Suprema a validar la legislación para un referéndum consultivo merece la pena repasarlas todas.

Qué

El mensaje que ofreció ayer la Corte Suprema del Reino Unido fue rotundo. Escocia no puede organizar un referéndum sobre la independencia. Ni siquiera de carácter consultivo. El tribunal fue más allá de los aspectos legales y asumió las consecuencia políticas de la consulta, tuviese el resultado que tuviese. En pocas palabras, el propio hecho de que un segundo referéndum de independencia tendría un impacto en el mundo real justifica no celebrarlo.

Escocia encadena una década de mayorías independentistas. Elecciones locales, comicios del Parlamento escocés y también en las generales británicas, creciendo de forma constante. En todas ellas con mandatos a favor de un nuevo referéndum de independencia. Sin embargo, la Ley de Escocia de 1998 reserva los temas relacionados con la unión del Reino Unido al Parlamento de Westminster, el Gobierno británico se ha enrocado en no acordar la celebración de un nuevo referéndum y el tribunal dejó la pelota en el tejado del Ejecutivo de Rishi Sunak al señalar que «en ausencia de modificación de la definición de materias reservadas» no podía aceptar el deseo del Gobierno escocés. Pero el Ejecutivo británico está cómodo mientras la pelota no se juegue, por lo que la ficha la deberá mover, de nuevo, Edimburgo.

Quién y dónde

Los escoceses y el número 10 de Downing Street. De la sentencia hecha pública el miércoles se puede interpretar que el independentismo es un proyecto legítimo, pero sin recorrido legal. Es decir, puedes votar por ello en Escocia las veces que haga falta, pero no tendrá un impacto real en el futuro. O este es el mensaje que quiso enviar Londres, pidiendo «centrarse en las cosas que realmente importan a los escoceses». Pero lo que los ciudadanos del norte de la isla recibieron fue que su voz no tiene peso en Londres. Y esto es gasolina para el independentismo.

Y, en algún momento, alguien deberá coger esa patata caliente en Londres. Los sucesivos gobiernos británicos han insistido en que «no es el momento», pero hacer como que un problema no existe no lo hará desaparecer. Rishi Sunak sigue los pasos de sus antecesores, pero todo apunta a que el próximo primer ministro británico será laborista. El Partido Laborista y su líder, Keir Starmer, también secundan que «no es el momento», pero ese «momento» deberá llegar en algún momento y un cambio en Downing Street puede marcar un cambio de rumbo.

Cómo

La ley del Reino Unido no tiene las respuestas que el independentismo escocés estaba buscando. Ante ello, Sturgeon anunció que el siguiente paso es utilizar una cita electoral como «referéndum de facto». Es decir, unas plebiscitarias. Ni el Gobierno escocés, ni el SNP, ni el principal socio, Los Verdes, apoyan un referéndum no acordado. Es más, según las últimas encuestas, solo el 25% de quienes votarían a favor la independencia en un referéndum acordado haría lo propio en un referéndum unilateral.

La única manera de que Escocia se convierta en un país independiente es si la mayoría de las personas que viven allí quieren que se convierta en uno. La principal cosecha que puede sacar el independentismo de lo sucedido ayer en Londres es que, inevitablemente, habrá un retorno político en términos soberanistas. La Ley de Escocia no es una Constitución y, como señalaba el profesor de Derecho Nick McKerrell en una entrevista en NAIZ, eso tiene «ventajas y desventajas». La Ley de Escocia no es una Constitución inmóvil, sino simplemente otra ley que se puede enmendar y cambiar. Aquí podríamos volver al «quién». Quién esté al mando en Londres.

Cuándo

La principal opción que baraja la premier para dar salida son las próximas elecciones generales. Pero no hay fecha para estas. Otra opción, que suena con mucha menos fuerza, sería la convocatoria de unos comicios al Parlamento escocés. Sturgeon definió la primera como «la opción más evidente». Sin embargo, podrían pasar dos años hasta esa cita y tendrán que calibrar muy bien cómo afectaría eso a un independentismo muy especial, cuyo ascenso de la última década y fuerza actual tiene mucho que ver con la situación que han vivido las islas en estos años. También es cierto que si algo ha ganado Sturgeon durante sus ocho años en el poder es aval, saliendo reforzada de cada crisis y cada cita con las urnas.

La premier podría asumir las riendas y ser ella quien, poniendo su puesto en juego, convocase unas elecciones al Parlamento de Holyrood. Por el momento, no parece que contemple esta opción. La respuesta llegará a principios de 2023. Se prevé que el SNP celebre en enero una conferencia extraordinaria para definir los siguientes pasos a dar.

Por qué

Lo que el independentismo escocés ha demostrado durante los últimos ocho años es que mientras no se resuelven el resto de cuestiones ha sabido responder al «por qué». Con el unionismo parapetado en negar el referéndum y sin participar en la discusión, el SNP ha ido haciendo un trabajo de hormigas, ganando voto a voto, presentando el caso independentista a cada ciudadano que vive en Escocia. Esto ha hecho que las encuestas, poco a poco, se hayan volcado a su favor. En ocho años en los que una premier escocesa ha conocido cinco primeros ministros británicos, Escocia ha salido de la UE en contra de su voluntad, se ha vivido una pandemia y la libra ha caído a sus niveles más bajos en medio siglo, el unionismo se ha negado a discutir sobre los beneficios de mantener la unión del Reino Unido, dejando el terreno libre para que lo abonase el soberanismo. Pero sigue buscando la herramienta aceptada para poder recolectar los frutos.