Richard Linklater y Ethan Hawke conmueven el Festival de Berlín
El martes en el Festival de Berlin presentaron ‘Blue Moon’, su primera película juntos en una década, junto a Margaret Qualley y Andrew Scott. En Sección Oficial, la excelente ‘El mensaje’ y la vergonzosa ‘Mother’s Baby’.
Richard Linklater ha tardado doce años en decidirse a filmar ‘Blue Moon’, el relato a tiempo real sobre el principio del fin del letrista Lorenz Hart, responsable junto con el compositor Richard Rodgers de los grandes musicales de Broadway de los años veinte y treinta (‘Los hijos de la farándula’, ‘Ámame esta noche’). Juntos compusieron más de mil canciones, tan cáusticas y ágiles como su autor... Sin embargo, a solas Lorenz Hart tuvo solamente un éxito: ‘Blue Moon’. Él mismo la odiaba. En 1943, el alcoholismo de Hart había tocado y pronto hundiría la relación con Rodgers, que lo había acabado reemplazando por Oscar Hammerstein II, un letrista simplón a ojos del sustituido, narcisista y vulnerable (un Ethan Hawke muy, demasiado maquillado).
La ‘Blue Moon’ de Linklater arranca tomando de la mano a Hart, que asiste miedoso y resentido a la fiesta posterior al estreno de la primera obra de Rodgers (Andrew Scott) y su nuevo compañero, la archiconocida ‘Oklahoma!’. Sobre los deslumbrantes diálogos del novelista Robert Kaplow, una verborrea que descubre con tacto la fragilidad de quien se siente abandonado (también en el amor, por la fría joven de quien anda pendido, Margaret Qualley), el cineasta orquesta una inteligente pieza de cámara que recordará al teatro, en el mejor de los sentidos.
Ethan Hawke habló sobre la compleja dramaturgia detrás de una conversación: «Se necesita toda una vida para preparar un papel como este. Si la hacemos bien, esta película es básicamente una sola escena: comienza y todas las fichas de dominó caen en un solo gesto. Es muy simple. Pero [necesitas una vida] para hacer eso, que la verborrea despierte y hacerla dinámica, conseguir una calidad musical». Por su parte, Scott, ganador de dos premios Olivier detalló lo «extraordinario» de las noches de estreno: «Eres increíblemente vulnerable, pero también estás extrañamente eufórico. Y estás asustado, pero también estás completamente entusiasmado. A medida que avanza el tren del espectáculo teatral, tienes momentos de angustia, lujuria, amor, amargura y afecto real. Todo, mientras la gente va interrumpiéndote». Reflexiones lucidísimas.
Más madres, no
Hay días en que mil palabras valen más que una imagen o, como mínimo, en los que escuchar a alguien hablar de su obra podría sustituir, sin problemas, el hecho de verla. Pasó con la muy mediocre película de terror psicológico ‘Mother’s Baby’, dirigida por Johanna Moder y a Competición. La cinta pertenece a la palestra ya muy abarrotada de «los tabús que desvelar sobre la maternidad»; apenas veinticuatro horas atrás veíamos otro drama de terror sobre madres, ‘If I Had Legs, I’d Kick You’, y en Panorama, la ‘Sorda’ de Eva Libertad ponía el broche a la crianza con el condicionante de la sordera.
En este caso, Moder invoca los dejes tenebrosos de Claes Bang (el Drácula de la BBC) para respaldar la paranoia de una mujer inquieta por la excesiva tranquilidad de su bebé. La película abraza la condición paranoica de la madre pero mantiene se mantiene siempre a ras del drama, temerosa de adentrarse en terrenos de lo pulp... Como un avión que corre por la pista y no despega.
Y en ninguna otra parte
Por el contrario: ‘El mensaje’ de Iván Fund, también vista en Sección Oficial, deja entrever una premisa volada (los viajes de una niña que ejerce de médium de mascotas, tutelada con cariño por dos familiares que han montado un negocio a su alrededor) para escribirse desde una escucha atenta, insólita en un cine de dosieres. Fund seguirá la cotidianidad del trío protagónico sin desmarcarse nunca de la situación particular con la que la cámara participa.
Sin aditivos ni sustracciones formulaicas, toda aplastada contra un blanco y negro visiblemente barato y a base de diálogos destripados de subtextos cargantes, la película compromete a ser documento cotidiano de una familia y no otra, en un lugar y un tiempo concretos. Visto así, casi resulta natural que una niña pueda comunicarse con los animales muertos: todas las familias son estados de excepción.