La vida sigue igual: Brasil gana, Marta brilla y los avances se aplazan
Ecuador ha acogido la décima edición de la Copa América, que concluía en la madrugada del domingo con el noveno título de Brasil. Las emociones sobre el césped han contrastado con los numerosos lunares de la organización. La coincidencia en el tiempo con la Eurocopa no ha ayudado a templar ánimos.
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La décima edición de la Copa América acabó con una final emocionantísima y la novena victoria de Brasil. Solo una vez se le ha escapado el título a la Canarinha, que también añadió otro galardón a Marta, elegida mejor futbolista del torneo. La vida sigue igual, también fuera del podio y los festejos.
Malas condiciones de trabajo, infraestructuras insuficientes, pobrísimas asistencias a los partidos, ausencia de VAR, el estancamiento de los premios económicos que CONMEBOL otorga por segunda vez y solo a las dos finalistas... Los avances se aplazan o, en el mejor de los casos, se ralentizan. La coincidencia en el tiempo con la Eurocopa que, con sus debes, ha sido un éxito a nivel deportivo, organizativo y social, no ayuda a templar los ánimos. Y con razón. «He estado viendo la Eurocopa y la diferencia de organización, audiencia e inversión es surrealista -denunciaba la brasileña Kerolin-. Es imposible que el mundo entero evolucione y aquí ni siquiera les importe. Esa es la experiencia que estoy viviendo».
Ya hace tres años, la selección colombiana aprovechó el torneo para denunciar sus condiciones laborales. Su Federación organizó entonces la Copa América, que resultó un éxito, pero frente al buen aspecto del escaparate, en la trastienda se acumulaban primas ridículas, vendettas por denuncias previas o la nula apuesta por la Liga nacional. La repercusión mediática de la protesta, a la que se añadió el buen desempeño del equipo, forzó la respuesta federativa. Esta vez ha sido la selección uruguaya la que ha dicho basta, hasta el punto de que llego a dudarse de su presencia en Quito. «Queremos representar a Uruguay en la Copa América, pero también merecemos un trato digno a nuestro esfuerzo y dedicación», denunciaron las internacionales charrúas, hartas de que la AUF enviara a la papelera sus demandas; el uso total del centro de entrenamiento nacional, la mejora de los equipamientos o el aumento de las dietas diarias. Hubo acuerdo y acabaron viajando a Ecuador con la promesa de mejoras.
Argentina, Venezuela, Chile... Prácticamente, no hay Federación que haya reaccionado sin medida de fuerza de por medio. Las demandas no se limitan a las asociaciones nacionales. Pese a que CONMEBOL ha implementado una estrategia de fútbol femenino, con programas de desarrollo o la creación e impulso de las competiciones, las costuras siguen saltando. Lo han hecho en Ecuador, que ha acogido la Copa América por cuarta vez, en una edición que ha dejado bastante que desear a nivel organizativo.
GRADAS DESPOBLADAS
Para empezar, la promoción del campeonato ha sido muy limitada en el propio país. Incluso en Quito, donde se han disputado todos los partidos, repartidos en tres estadios. Algunos medios recogen también las quejas por las dificultades para adquirir entradas, la apertura parcial de los campos en determinados partidos o los horarios «que no se han prestado para que las escuelas de fútbol asistan», lamentaba la analista Martha Córdova. Todo ello se ha traducido en el aspecto desolador de las gradas en la mayoría de encuentros. Ni siquiera el inaugural, que disputó la anfitriona, superó el 50% del aforo, juntando 6.000 aficionados en una ciudad de tres millones de habitantes.
También ha sido muy cuestionada la ausencia de VAR, sobre todo por la resolución de algunos partidos, ajustada y con acciones polémicas. «Es una falta de respeto -denunció Yanara Aedo después de que Chile reclamara dos penaltis no pitados en su derrota ante Argentina-. Somos futbolistas, igual que los hombres. La Eurocopa se juega en paralelo y para las jugadoras es una vergüenza ver la Eurocopa y ver la Copa América». «Ya lo dijo Brasil, no puede ser que calentemos en un mismo lugar y no podamos entrar en la cancha», añadió, en referencia a otra de las polémicas de estas semanas. Fueron las brasileñas las que estallaron después de tener que calentar junto a Bolivia en un pequeño espacio cerrado, sin poder saltar al campo, antes de su enfrentamiento en la fase de grupos. Las imágenes corrieron por redes sociales y la organización le puso remedio en los últimos partidos.
EMOCIÓN EN LA FINAL
Incluyendo la final, en la que, todo lo que había sucedido entre bambalinas quedó momentáneamente en un segundo plano gracias al partido de alto voltaje que disputaron Brasil y Colombia, repitiendo la final de la edición anterior.
De nuevo con victoria brasileña aunque el título se decidió en los penaltis después de que la prórroga acabara con un marcador de 4-4. Tres veces se adelantó Colombia y una su rival antes del empate final, al que Marta aportó los dos últimos goles verdeamarelos. Su regreso a la selección, un año después de los Juegos, se saldó con el premio añadido del reconocimiento a la mejor futbolista del torneo.