«La izquierda queda antipática porque la gente quiere que la entretengan, no ser moralizada»
Alerta de que «este contexto tecnológico ha llevado a aparcar el pensar por el mirar» y eso provoca un riesgo democrático «que ya no se ve, se palpa». Pero se atreve al optimismo: «Vivimos un momento que ha hecho sexy la ignorancia, ¿por qué no podemos volver a hacer sexy la inteligencia?»
«Soy un ornitólogo de spin doctors», así se clasifica a sí mismo el analista catalán Toni Aira, profesor de Comunicación Política de la Universitat Pompeu Fabra. Se refiere así a su interés en estudiar a los asesores y creadores de personajes políticos, como Iván Redondo o Miguel Angel Rodríguez, pero también en no ser uno de ellos.
Criado en el Poble Nou barcelonés, Aira ha publicado recientemente ‘Mitólogos. El arte de seducir a las masas’ (Ed. Debate, 2025), en la que narra diferentes ejemplos a lo largo de la historia de grandes liderazgos políticos y los relatos construidos, desde la Grecia antigua hasta hoy.
«Buscando existir, están existiendo de una manera mas tóxica los políticos. No importan las ideologías, es algo que recorre el planeta de punta a punta», afirma en entrevista a NAIZ. Y también expresa su alarma por una sociedad que recibe un «torrente audiovisual» que aplasta la reflexión política y le permite a su vez huir de ella.
¿Tal vez escribe este libro por estar viviendo la humanidad la era de mayor producción de mitos?
El estudio del poder y la comunicación del poder y de quienes la construyen ha sido siempre de mucho interés. Saber por qué un tipo de mensaje cuaja y otros no. Paradójicamente nos creemos más listos que nunca pero nos engañan más que nunca, porque en potencia tenemos mas acceso a la información, estamos más formados que nunca, pero a la vez más desinformados.
Milan Kundera lo explicaba muy bien cuando decía que somos homos sentimentalis, estamos más susceptibles que nunca a que nos apelen a la emoción más que a la razón. En eso funciona mucho la pantalla, la dopamina que nos empaña las sensaciones en este contexto tecnológico que nos ha llevado a aparcar el pensar por el mirar. Lo advirtió Kundera y también Giovanni Sartori, que dijo que ya éramos otra especie, ya no homo sapiens, éramos el homo videns.
Mi voluntad en este libro es dar claves para educar nuestra mirada, entender la intención que hay detrás y ya luego juzgar. La realidad es un torrente de impactos visuales que nos han convertido en animales iconofílicos, nos hace más infantiles. Las redes y pantallas nos entretienen y no nos dejan profundizar y de eso siempre hay quien se aprovecha desde el poder. El poder siempre tuvo monopolio de la comunicación; quien tenga el presupuesto más abultado será el que tenga más posibilidades.
Dice que el primer mandamiento para todo político que quiera tener éxito es existir. ¿Qué significa?
No te puede votar quien no sabe que existes, si no sales en el mapa no te pueden votar. En un mundo en el que vivimos lapidados a estímulos informativos y emocionales y de distracción, a la política sobre todo le cuesta hacerse espacio en la disputa de información. Hace unos días, en una clase en la facultad donde soy profesor con alumnos que entran con nota de corte elevado, en un grupo de 75 personas, pregunté quién era el president de la Generalitat catalana. Solo una persona me lo pudo decir. Hay una generación que ya crece en burbujas informativas que hacen que nos podamos aislar de lo que identificamos como molesto o aburrido, y la política para mucha gente ha pasado a ser eso.
Antes no había manera de evitarlas, pero ahora puedes vivir al margen del relato político y es un problema. Ello explica parte de la transformación del discurso político de los últimos años, por la necesidad de ofrecer imágenes de impacto y alimentar el algoritmo para ver si alguien le hace algo de casito. Buscando existir, están existiendo de una manera más toxica los políticos. No importan las ideologías, es algo que recorre el planeta de punta a punta. A menudo hay tendencia de tratar a los políticos como si fueran aliens, pero no lo son; ellos nos retratan a nosotros, aunque es un espejo que a lo mejor no nos gusta.
Dice que la ausencia de sentido la gente no la tolera y entonces tiende a sustituir sentido por sensaciones. ¿Coincide con Iván Redondo [su amigo personal] en que ganará las próximas generales quien aporte sentido de existencia al votante?
Sí, en un mundo en el que las ideologías le dicen demasiadas cosas a la gente, es una mochila que carga. Y en el que a las personas las ideologías no le dicen nada porque desconfían completamente, lo que emerge son las sensaciones que proyecta un candidato en un momento determinado, cómo conecta con las audiencias proyectando valores. El candidato es el mensaje, dicen los norteamericanos. Si tienes un mensaje que engancha con las audiencias, que entretiene, que los interpela y fuerza a pronunciarse, pues tienes un tesoro. El problema es cuando careces de ello.
«Hay una generación que ya crece en burbujas informativas que hacen que nos podamos aislar de lo que identificamos como molesto o aburrido»
Sustituir sentido por sensaciones tiene que ver con lo que decíamos de aparcar el pensar por el sentir, sin pasar las imágenes por el filtro de la reflexión, que es algo que está pasando a todos los niveles, no solo en la política. La política se adapta al lenguaje del momento, la comunicación política siempre ha avanzado en paralelo a la tecnología. Es cuestión de adaptación al medio. Si la comunicación es emocional, polarizante, vacía la política. Es lo que ha funcionado siempre, con los mitos griegos en la antigüedad y de ahí en adelante. Los mitos griegos eran una historia que funcionaba y narraba cómo deberías ser tú y tu mundo, eran una construcción. Como la fecha de la Navidad y soplar velas cuando cumplimos años.
Analiza el caso de Milei y lo tacha de «celebrificación de un candidato» y cita que parte de su éxito es por cumplir algunas variables. ¿Puede explicarlo?
La ‘celebrificación’ habla de esa idea de proyectarse como un personaje, que puede ser común y a la vez extraordinario, que entretiene, y al cual puedes admirar. En el momento de la emergencia de Milei que lo lleva a ser el presidente, acierta con eso de salir en el mapa, con ese existir que hablábamos en los medios de comunicación que son de debate, no en los de información política dura. Se erige en ser un personaje que no deja indiferente a la gente y, por tanto, a partir de ahí tiene un trampolín fantástico que acaba sabiendo conceptualizar con algo de tanto impacto como es la imagen de la motosierra.
Cómo algo así ha podido triunfar... pues bueno... pero explicando por qué eso ha gustado se explican la sociedad y también las expectativas frustradas. El éxito de unos se explica por sus habilidades, pero también por los fracasos de otros.
Menciona el libro de Haranburu Altuna en el que tacha a Sánchez de ejercer narcisismo político y de tener rasgos de síndrome narcisista que le afectan a la hora de gobernar. ¿Coincide?
No. Precisamente en el libro intento acoger lo que ha utilizado este autor de manera extensa en un libro, pero que utilizan muchos otros para descalificar a Sánchez. Intento matizar que los rasgos que encuentran algunos, que a sus ojos llevan a la psicopatía, ni son exactamente eso ni son singulares de Sánchez. ¿A quién no se le podría acusar de narcisismo, si para llegar allí tienes que tener una motivación muy elevada por todos los sacrificios que exige? Creo que sus atacantes han querido caricaturizarlo como personaje malvado, sin escrúpulos, porque les genera una sensación de impotencia. Lo han dado por muerto muchas veces y ha tenido la manía de resucitar.
Esos rasgos se pueden atribuir a muchos otros primeros ministros, incluso a Feijóo, por ejemplo, pero atribuirle cuestiones de salud mental... creo que se han traspasado muchas fronteras. Venimos de la sociedad de la II Guerra Mundial, pactando consensos para evitar más matanzas, pero a medida que nos vamos olvidando de eso parece que vuelven los excesos y se juega a una polarización desbocada y gente que hace política solo subiendo el volumen.
Señala que los líderes que han podido sortear con éxito el poder son los que han podido gestionar no solo las expectativas sino la paciencia de su electorado. Estamos en problemas, ¿no? Porque en estos tiempos hay mucha ansiedad y poca paciencia.
No creo que el electorado sea el que no tiene paciencia, sino el ser humano en sus diferentes expresiones. También en la política. El concepto de la ‘economía de la atención’ dice que el bien escaso no es el tiempo o el dinero sino nuestra capacidad de atender a las cosas. Nuestro consumo de información y entretenimiento de impacto visual también imprime un ritmo, no solo un lenguaje, y ese ritmo es el de las stories de Instagram y TikTok, el del scroll infinito, y ese cambio nos lleva a ser seres mucho menos pacientes, viviendo en el hiperestímulo. En medio de esto, ¿cómo vas a apelar a la paciencia? Hay políticas que emergen en momentos determinados y que ayudan a ese entrenamiento, a decir no, no voy a hacer lo que esperas, te voy a tratar como adulto y esperaré un retorno de ello. En Alemania, con una cultura muy concreta, lo hizo Merkel y la premiaron por mucho tiempo. No jugaba al populismo y le fue bien en su momento.
«Estamos en un momento que ha hecho sexy la ignorancia, ¿por qué no podemos volver a hacer sexy la inteligencia?»
Sobre el riesgo democrático, no lo veo, lo palpo. Lo estamos sufriendo en las democracias occidentales. Las nuevas tecnologías, que comportan cosas buenas también, nos llevan a procesos de tendencias que antes no pasaban con la misma velocidad. Hoy día hay una ola nacional populista clarísima que, con su adaptación a los diferentes medios, triunfa y bebe de unas tendencias internacionales. Eso a través de las redes circula como la pólvora y antes no pasaba. Fenómenos como los de Trump generan obnubilación y réplicas. El mismo proyecto europeo se está viendo en entredicho. Estamos en una crisis de modelo, de qué sociedad estamos construyendo. Es una crisis existencial que persigue a las democracias, a la política y las maneras de hacerla. Estamos en un momento que ha hecho sexy la ignorancia, ¿por qué no podemos volver a hacer sexy la inteligencia?
Ahora lo antisistema es lo más radical desde la derecha porque hay una parte del discurso de la izquierda que ha quedado en caricatura moralizante y antipática para gente que no está para ser moralizada; quiere que la entretengan, que la hagan sentir mejor con su existencia. Estos sucesos llevan a enaltecer a personajes que son vistos como auténticos. La gente ya no busca instituciones perfectas, sino coherentes, es decir, con las que se pueda identificar. Si Milei está loco pues que actúe como un loco, que Trump no sea previsible.... eso tiene premio. Hay un discurso reaccionario antidemocrático que está cuajando a través de pantallas que están reconfigurando la mentalidad de muchísima gente sin saberlo.
En el Estado español, ¿quiénes hacen mejor uso de los mitos creados? ¿Sánchez, Aznar, Ayuso, Feijoo…?
Los dos únicos casos que cito en el libro son Sánchez y Ayuso, no Feijóo. Para mi son los dos antagonistas, héroe y antihéroe para sus respectivas parroquias, más níticos y claros. Los dos personajes tienen la intención comunicativa más destacada, comparten una indudable habilidad comunicacional. Es verdad que en el caso de Sánchez, Redondo fue la figura que como mitólogo ayudó muchísimo estratégicamente, pero Redondo pasó y Sánchez nos sigue sorprendiendo, construyendo un relato atractivo para mucha gente.
Creo que Sánchez es su propio gran estratega, el principal, en cambio Ayuso sin Miguel Angel Rodríguez no sería lo que es. No le niego la potencia de intuición comunicativa que tiene, pero creo que la mano de MAR la ayuda más que en otros casos. Lo de Ayuso es muy bien interpretado para su público. Aunque algunos puedan ver un acting importante, para mucha gente no lo hay y ella es muy efectiva. Lo mismo con Sánchez: algunos lo verán como un psicópata pero muchos lo ven como un antídoto para lo que no quieren que venga. Ante la sobredosis emocional mucha gente busca el lado contrario del péndulo.
Para terminar, y a pesar de todo lo hablado de este momento reaccionario, ¿cree que es posible reeditar la mayoría de investidura?
Sólo sé que la mística de resurrección de Sánchez es muy atractiva para mucha gente y que le ha funcionado y no descarto que le pueda volver a funcionar. Pero, a dia de hoy, Sánchez sigue teniendo mucha dificultad en el horizonte para proyectar la idea de que puede volver a ser presidente. Vox va disparado y la izquierda a la izquierda del PSOE está viviendo una situación lamentable con perspectiva de poca recuperación. La aritmética diría una cosa, pero... la política no es aritmética. La política va cada vez más de generar estados de ánimo. Sánchez puede volver a hacer de las suyas aunque no sea lo más probable.