Honduras encarga a Nasry Asfura su giro de 180 grados a la derecha
Donald Trump cuenta con otro aliado en el tablero latinoamericano, tras la proclamación de Nasry «Tito» Asfura Como presidente electo de Honduras. El país ha castigado duramente a la izquierda que ha gobernado los últimos cuatro años y se ha decantado por dar un giro de 180 grados hacia la derecha.
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Conocido como «Papi a la orden», Nasry Asfura gobernará Honduras, tal como ha declarado oficialmente el CNE casi un mes después de las elecciones. «Estoy preparado para gobernar. No te voy a fallar», fueron las primeras palabras del futuro presidente, quien asumirá el poder el 27 de enero de 2026. Asfura, de 67 años e hijo de inmigrantes palestinos, lleva en política 20 años desde que en 2006 comenzara como regidor en el Ayuntamiento de Tegucigalpa. Entre 2010 y 2014 fue diputado y desde ese año hasta 2022, alcalde del Distrito Central de Tegucigalpa por dos periodos consecutivos en los que destacó por la ejecución de más de 1.000 obras de infraestructura, entre ellas, 45 proyectos de infraestructura mayor, como puentes, pasos a desnivel y de mejora urbana. Intentó aprovechar su popularidad para dar el salto a la Presidencia en las elecciones de 2021 con el Partido Nacional, pero las perdió frente a la presidenta saliente, Xiomara Castro.
En 2005, Asfura compitió por primera vez en las primarias de su partido para la Alcaldía del Distrito Central y fue cuando usó el eslogan que lo hizo famoso: “Papi a la orden”. Era una frase coloquial que buscaba transmitir cercanía y servicio a la ciudadanía y, aunque entonces perdió la elección interna, el lema acabó calando entre la población, que lo catapultó a la Presidencia .
Lejos de otros líderes histriónicos como Javier Milei, Asfura construyó su imagen política alejada de la exposición mediática y sin actos multitudinarios. Apostó por caminar por mercados, barrios y calles saludando a la gente con su célebre frase: «¿Cómo estás papito?’». Este trato cercano le permitió ganarse la simpatía de muchos votantes.
El trabajo que tiene por delante no es fácil en un país donde el 60% de sus 11 millones de habitantes vive en la pobreza. Honduras es el segundo país más pobre de América Latina, tras Haití, según el Banco Mundial. Esa situación lleva a miles de personas a emigrar cada año, sobre todo a EEUU, como quedó patente con las caravanas de migrantes de 2018. Muchos hogares hondureños dependen del dinero que les envían sus familiares desde el extranjero, de forma que las remesas representan un cuarto del PIB.
Asfura basó su campaña en un paquete de propuestas dirigido a «poner a andar» el país. Su primer reto será reactivar la economía y el empleo donde el 70% del trabajo es informal. Pretende atraer inversión privada y extranjera mediante seguridad jurídica y alianzas público-privadas orientadas a infraestructuras y turismo. Pero uno de los problemas que arrastra Honduras es el abandono escolar, lo que provoca que pocos estudiantes finalicen la educación secundaria o vayan a la universidad, por lo que falta una fuerza laboral preparada para impulsar su desarrollo económico.
En materia social, el presidente electo se ha comprometido a expandir la educación técnica y digital, así como a construir y modernizar los hospitales y a ampliar los programas de vivienda para familias de bajos ingresos. Otra asignatura pendiente es mejorar la seguridad en Honduras, con una de las tasas más altas de la región (22,2 homicidios por cada 100.000 habitantes), para lo que quiere reforzar las capacidades de la policía y recuperar espacios públicos con mayor presencia de agentes.
Uno de los aspectos en los que se diferencia con otros líderes de derechas es en temas medioambientales, ya que se ha comprometido con la transición hacia energías renovables en un país muy vulnerable al cambio climático.
Política exterior
Donde más se notará el cambio es en política exterior, ya que propone una alianza preferente con EEUU, así como recuperar relaciones con Taiwán, suspendidas desde 2023, cuando el actual Gobierno rompió lazos con la isla en favor de China. También se prevé una cercanía con Israel por su respaldo a EEUU, mientras que se distanciará de países aliados como Venezuela o Nicaragua. Esto supone un giro a lo hecho hasta ahora por Castro, quien ha apoyado a Palestina, y a Nicolás Maduro y Daniel Ortega.
El primer gran gesto de Trump con Asfura fue apoyar su candidatura, al tiempo que indultó al expresidente Juan Orlando Hernández, del mismo partido que Asfura, pese a que la Justicia de EEUU lo condenó a 45 años de prisión por narcotráfico. Fue la recompensa de Trump por haber vuelto ganar unas elecciones en una Latinoamérica escorada cada vez más a la derecha y a sus intereses expansionistas.
Asfura basó su campaña en un paquete de propuestas dirigido a «poner a andar» el país. Su primer reto será reactivar la economía y el empleo donde el 70% del trabajo es informal.