«La maternidad nos da la oportunidad de aprender a mirar a nuestra niña interna»
‘Crear, crecer, criar. La crianza que creo’ (Desclée De Brouwer) es un testimonio «íntimo» sobre la maternidad, en el que su autora, la psicóloga Eva Medina, comparte su propia experiencia como madre y sobre cómo convirtió sus heridas de la infancia en «herramientas para acompañar a otras familias».
«Desde niña quise comprender a mi propia familia, pero no lo lograba. Siempre me gustó estar con niños, acompañarlos y cuidarlos. Tal vez fue mi propia herida de invisibilidad, el maltrato que viví, los abusos... lo que me llevó a cerrarme al mundo, mientras mi vocación de servicio y de acompañamiento emocional a los demás seguía viva dentro de mí. Este libro nace de una misión sentida desde lo más profundo: el deseo de entregarme al acompañamiento y el apoyo a las familias, para que puedan vivir la crianza de la forma más saludable y satisfactoria», afirma en el prólogo de ‘Crear, crecer, criar. La crianza que creo’ su autora, la psicóloga Eva Medina. En entrevista con NAIZ, afirma que «la maternidad nos lleva a crecer toda la vida, nos pone delante un espejo para siempre».
Crear, crecer, criar. ¿Por qué ha elegido estos tres verbos?
Criar, porque es un libro de acompañamiento emocional en la crianza. Crecer, porque a mí la crianza me ha traído un crecimiento impresionante. Y crear, porque en la crianza la creatividad es fundamental.
¿Qué tipo de dudas y de miedos le llegan a consulta?
Cuando los niños cumplen dos o tres años, atraviesan una época muy potente de rabietas y explosiones de rabia, que muchas veces son meras afirmaciones del yo; el niño o niña está empezando a diferenciarse de su figura de referencia principal, que suele ser la madre, y necesita expresarse y reafirmarse. Las madres y padres se suelen ver desbordados porque no saben cómo hacerlo.
Es una etapa muy difícil de sostener, pero es natural que los niños necesiten reafirmarse y exploten. En torno a los 6, atraviesan una etapa de miedos porque empiezan a conectar con el miedo a la pérdida, a la muerte... Muchas familias no lo saben a no ser que hayan estudiado algo de desarrollo evolutivo.
También me llegan consultas por dificultades en la escuela. Muchas veces solo están queriendo ser niños y niñas, pero lo que el colegio les demanda no es lo natural que ellos sienten, que es moverse. Están reprimidos y suelen tener explosiones que las familias no saben cómo gestionar.
¿Qué pautas da, por ejemplo, para hacer frente a una rabieta o una explosión de ira?
Lo fundamental, por ejemplo, en el caso de las rabietas, es que podamos comprender cuál es el sentido que tiene esa rabieta, que va más allá de que sea un niño caprichoso, como se suele decir. No es que sea caprichoso, es que está reafirmándose y necesita explorar hasta dónde es capaz de llegar para conseguir algo.
Debemos acompañar esa rabieta en vez de reprimirla o de tratar de distraer al niño. Así lo único que se consigue es que la siguiente sea más gorda. Mi función es que los padres comprendan el sentido de esta rabieta y cómo acompañarla.
En ese acompañamiento es fundamental validar, es decir, poner palabras a lo que le está sucediendo, en vez de entrar a cortar, como solemos hacer. Entonces el niño o la niña se va a sentir reconocido y ahí nos relajamos todos y podemos explicarle por qué no le hemos dado eso que pedía.
¿Cómo nos condiciona la mirada externa?
Para mí, fue duro de sostener. Me costó ir a un supermercado o a cualquier otro establecimiento y que mi hijo se tirara al suelo y estuviera llorando durante 20 minutos, y yo, a su lado, acompañándole, porque la gente suele opinar e, incluso, dar consejos. Ese tipo de situaciones me llegan mucho a consulta.
La crianza es dura, es todo nuevo y si encima entra otra persona diciendo lo que hay que hacer, la madre puede desconectarse de su instinto y de su sabiduría interior, y se puede enfadar mucho con el entorno porque no se le deja hacer a su manera.
En el libro menciona la diferencia entre «la ayuda que realmente necesitas y la invasión disfrazada de ayuda».
Desde mi experiencia, hace falta mucha conexión con nosotras mismas y nuestro propio instinto. Para eso es fundamental crear el vínculo con el bebé. En esos primeros años en que estaba creándome como mujer y madre me ayudó hacer un proceso terapéutico.
«Me costó ir a un súper o a cualquier otro establecimiento y que mi hijo se tirara al suelo y estuviera llorando durante 20 minutos, y yo, a su lado, acompañándole, porque la gente suele opinar e, incluso, dar consejos»
Si estamos conectadas con nosotras mismas o tenemos un acompañamiento que nos valide, vamos a detectar o identificar mejor esa invasión disfrazada de ayuda. Por ejemplo, ese táper de comida que nos traen y no queremos. En vez de tener que agradecer, podemos decir ‘gracias, pero no lo quiero’. Si no, nos podemos ver envueltas en una vorágine en la que desde otros lugares manejan nuestra crianza.
El vínculo y el apego son clave. ¿Cómo los definiría?
El proceso de vinculación empieza desde el embarazo. Notando el movimiento podemos hacernos una idea de cómo será el temperamento del bebé, vemos la ecografía… El apego viene después. El bebé se apega a su madre o a esa persona que le está cuidando por una cuestión de supervivencia.
Si les damos presencia, mirada y atención, tendrá un apego seguro y el bebé aprenderá a relacionarse con el mundo como se relaciona con la madre, es decir, si sus necesidades son cubiertas por una persona que le cuida, aprenderá que el mundo le cuida. Si no hay esa atención, crecemos con apegos inseguros.
¿Cuán importante es que como adultas estemos reconciliadas con nuestras infancias para afrontar la crianza?
Lo ideal es que estemos abiertos a hacer ese proceso. Tener resuelta la propia infancia antes de ser madres me parece poco realista y muy exigente. Yo llevo haciendo terapia muchísimos años y mi maternidad fue a los 40. Había tenido tiempo de hacer un proceso, y aun así, la maternidad me revolvió de arriba abajo.
Y lo sigue haciendo, aunque de diferente manera. Para evitar que las madres se puedan sentir exigidas, me gustaría transmitir el mensaje de que es suficiente con estar abiertas a mirarnos hacia adentro, no hace falta tenerlo todo resuelto, porque ¿quién lo tiene? Invito a que utilicemos la crianza para este ejercicio, incluso desde el embarazo.
Hay mujeres que llegan a consulta incluso antes de ser madres porque tienen miedo a traspasar sus mochilas a sus futuros hijos y eso me parece un acto de generosidad, pero debemos hacerlo desde una actitud y mirada amorosa hacia nosotras, de lo contrario podemos caer en una espiral de mucha autoexigencia y ya bastante tenemos las mujeres.
En esta era de Google, libros, múltiples métodos de crianza… ¿es posible que las madres se sientan más pérdidas?
A mí me pasó. Empecé a leer libros y hubo un momento en el que me sentí muy agobiada. Esta sensación, de hecho, me motivó a escribir el libro. Hay muchos libros que nos dicen cómo hacer las cosas; que si colecho o no, que si baby led weaning o no, que si leche materna o de fórmula, etc. Hay mujeres a las que les sirve, pero creo que a veces nos podemos sentir muy exigidas y que no llegamos a todo.
«Si estamos conectadas con nosotras mismas, vamos a detectar o identificar mejor esa ‘invasión disfrazada de ayuda’. Por ejemplo, ese táper de comida que nos traen y no queremos»
En lo personal, sabía mucha teoría porque, como profesional, llevaba años acompañando a familias. Pero, como madre y persona, me encontré con mis mochilas, mis dificultades… Tener información es positivo, pero también nos tenemos que cuidar y no atarnos a exigencias.
Menciona el concepto tribu. En una sociedad en la que cada vez somos más individualistas y las familias tienden a ser más reducidas, ¿cómo se articula esa tribu?
Actualmente, la única manera de tener esa tribu suele ser la escuela. Vivimos en familias nucleares pequeñas, las familias están más dispersas, o muchos ya no están. La comunidad escolar o las actividades extraescolares se convierten en esa tribu.
¿Quién puede sostener la crianza todo el tiempo? Tenemos que trabajar, nos surgen imprevistos... en algún momento no podemos llegar a tiempo a buscar al cole a nuestros hijos y tenemos que avisar a alguna madre o bien para que lo recoja o bien para que le diga que llegamos enseguida.
Y también se hace necesario compartir entre nosotras, las madres. Eso es muy sanador y liberador porque todas a veces nos desbordamos, nos agobiamos, nos enfadamos…
Afirma que la maternidad es un proceso para toda la vida.
Totalmente. Es un proceso para toda la vida. La condición de madre no se pasa nunca, no es como un trabajo que puedes cambiar. La maternidad nos lleva a crecer toda la vida, nos pone delante un espejo para siempre.
¿Cómo han evolucionado en los últimos años la maternidad y la crianza?
Hay un cambio que veo con bastante claridad; ahora las familias queremos darles a nuestros hijos e hijas mucha mayor presencia a nivel emocional, más mirada y solemos ser más cuidadosos. Sin ánimo de desacreditar a quienes nos precedieron, que lo hicieron lo mejor que pudieron y gracias a eso estamos aquí, creo que lo emocional, por ejemplo, se desatendía. Ahora, hay mucha más conciencia de la importancia de lo emocional.
¿A quién va dirigido el libro?
Creo que le puede aportar a toda aquella persona que tenga interés en el acompañamiento emocional en la crianza. Creo que es muy importante poner la mirada en las madres, porque si un niño sufre es porque esa madre tiene falta de mirada, de atención y de cuidados. El libro tiene un lenguaje cercano, se lee muy fácil y parte desde la experiencia.
¿Qué mensaje final le gustaría transmitir?
Me gustaría decirles a todas esas madres que han tenido infancias difíciles, que han vivido abusos o situaciones traumáticas, que no están solas, que aunque la crianza les despierte heridas o cosas dolorosas, pueden estar acompañadas. Las animo a buscar acompañamiento; no lo tienen que hacer solas, como muchas veces estamos acostumbradas quienes hemos vivido cosas difíciles en la infancia.
Que sepan que hay todo un mundo disponible para acompañarlas en este proceso. La maternidad nos da la oportunidad de aprender a mirar a nuestra niña interna. Mientras hago esta entrevista tengo delante el libro y una foto mía de niña, porque en la niña que fuimos podemos encontrar mucha o gran parte de la inspiración para la vida.