El Ejército iraní, en alerta máxima mientras EEUU intensifica su amenaza
La tensión entre Irán y EEUU sigue en aumento después de que Teherán elevara ayer su nivel de alerta militar y advirtiera de posibles represalias contra bases estadounidenses en la región. Washington estudia opciones y objetivos de ataque, y refuerza su presencia naval en Oriente Medio.
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El Ejército iraní elevó ayer su nivel de alerta ante el aumento de la tensión con EEUU y advirtió de que cualquier ataque desencadenaría represalias contra bases estadounidenses en la región. El jefe de la fuerza aérea de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, Sardar Mousavi, afirmó que Teherán ha incrementado sus reservas de misiles en comparación con el periodo previo a la guerra de 12 días con Israel y que los daños sufridos durante ese conflicto ya han sido reparados, según declaró a la agencia Fars.
En este aspecto, otro alto funcionario iraní señaló a Reuters, bajo anonimato, que «Teherán ha informado a los países de la región, desde Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos hasta Turquía, que las bases estadounidenses en esos países serán atacadas si Estados Unidos ataca a Irán, pidiendo a estos países que impidan un ataque por parte de Washington». Ayer, el Ejército de EEUU comenzó a evacuar a un número indeterminado de personal no esencial de la Base Aérea Al-Udeid en Qatar.
Después de que el martes el presidente de EEUU, Donald Trump, animara a los manifestantes iraníes a «seguir protestando» al asegurar que «la ayuda está en camino», en el marco de las protestas originadas por la crisis económica que han derivado en un movimiento que demanda un cambio de régimen, el Pentágono presentó ayer al mandatario distintas opciones de objetivos en Irán. Así informaron ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’, citando a funcionarios estadounidenses.
Según detallaron, los posibles objetivos incluyen instalaciones del programa nuclear y emplazamientos de misiles balísticos, aunque se consideran más probables alternativas como ciberataques o acciones contra el aparato de seguridad iraní. Añadieron que la Armada estadounidense mantiene al menos tres destructores con misiles en la región, incluyendo el Roosevelt, que en los últimos días ha navegado hacia el mar Rojo.
Protestas
El presidente del Tribunal Supremo iraní, Gholamhosein Mohseni Ejei, prometió impulsar rápidamente procesos contra los detenidos en las movilizaciones antigubernamentales que estén acusados de «matar a civiles o miembros de las fuerzas de seguridad».
Irán ha contabilizado la muerte de al menos 150 miembros de las fuerzas de seguridad, 100 de ellos enterrados ayer en Teherán en un funeral de Estado que se convirtió en un acto de apoyo al Gobierno.
Respecto a los manifestantes que han muerto a manos de las fuerzas estatales, las autoridades iraníes no han ofrecido datos, aunque admiten que hay «muchos muertos», según comentaron fuentes gubernamentales a Efe. La ONG Iran Human Rights eleva a al menos 3.428 el número de manifestantes muertos.
Irán acusa a EEUU e Israel de azuzar las protestas y asegura que miles armas fueron distribuidas entre los infiltrados. Además, Teherán confirmó la detención de dos agentes de Inteligencia de terceros países que no identificaron.
El PJAK llama a la unidad kurda ante la crisis
El copresidente del Partido por una Vida Libre en el Kurdistán (PJAK), Amir Karimi, asegura que la República Islámica de Irán «ya se ha derrumbado» y que solo se mantiene en pie «por la violencia y la fuerza», al carecer de legitimidad social. En una entrevista concedida a la periodista Rebaz Majeed, miembro del consejo editorial del medio kurdo “The Amargi”, Karimi comparó el Estado iraní con «un cuerpo con muerte cerebral» y advirtió del riesgo de masacres ante el endurecimiento represivo.
El dirigente defendió que los partidos del Kurdistán iraní deben superar divisiones y avanzar hacia una posición común ante una posible transición. A su juicio, el colapso del modelo de Estado-nación centralizado abre una oportunidad para los kurdos, aunque alertó de que una salida autoritaria supondría una amenaza. Así, rechazó subordinarse a potencias externas y apostó por una «tercera vía» basada en la autoorganización y la democratización.