«Es increíble que, tan joven, Arriaga escribiera música tan alucinante»
Director y violonchelista y uno de los nombres más importantes de la música antigua, Josetxu Obregón se pondrá este sábado de nuevo al frente de La Ritirata para, que nos perdonen, lo que se podría definir como un ‘Arriaga al cubo’: música de Arriaga, en su bicentenario, en el teatro Arriaga.
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Si alguien tiene curiosidad por hacer un viaje en el tiempo al siglo XIX, por saber cómo sonaba la música que tenía en la cabeza el jovencísimo Juan Cristóstomo Arriaga (Bilbo, 27 de enero de 1806 - París, 17 de enero de 1826) y, además, con esa sonoridad tan especial que dan los instrumentos de época, este sábado 17 (19.00) tiene una oportunidad de hacerlo en el concierto que ofrecerá La Ritirata en el teatro que lleva el nombre de aquel chaval de 19 años que murió un 17 de enero agotado, dicen, de tanto componer.
Se interpretarán composiciones suyas de música vocal de carácter religioso menos escuchadas, además de obras de la época, de Luigi Boccherini y Luigi Cherubini.
Hablamos por teléfono con Juantxo Obregón (Bilbo, 1979). No para. Este violoncelista y director bilbaino, y la agrupación que creó hace 17 años en Holanda, dedicada a la interpretación histórica para redescubrir repertorios del Barroco, Clasicismo y primer Romanticismo, tienen una larga carrera llena de reconocimientos, grabaciones y, lo mejor, actuaciones. Un ejemplo de la importancia de Obregón es su designación como director artístico del Festival de Arte Sacro de Madrid, en paralelo a William Christie, el fundador de Les Arts Florissants, un icono.
En ‘Arriaga y el eco de su tiempo’, su música va a sonar como la concibió Arriaga, tan presente en Bilbo hoy en día, pero, a la vez, tan desconocido. Porque, en realidad, no sabemos mucho de él.
Yo creo que, al final, hay más de leyenda, por así decirlo, que de conocerlo en realidad. Se sabe que era un compositor que murió joven y que, en la línea del Romanticismo, se decía que tenía tanta inspiración que murió porque se le agotó su inspiración. También está ese paralelismo que siempre se hace con Mozart, pero ha habido más de leyenda que de conocerlo o conocer su música. Eso es lo que quiero hacer en este concierto, porque es verdad que, de su música, los cuartetos que nosotros grabamos [‘Juan Crisóstomo de Arriaga. The complete string quartets on period instruments’, 2014], dentro del mundo cuartetístico son una referencia absoluta, y sí que son un poquito más conocidos.
También la ‘Obertura de los esclavos felices’ se ha escuchado más o la ‘Sinfonía en Re Menor’, pero el resto de su música está totalmente olvidada. Lo que también he querido hacer es llevar estas piezas vocales sacras que casi nunca se programan, para que el público pueda escuchar cosas de Arriaga que no son las de siempre. Sería hacer justicia que esté, al menos este año que se celebran los 200 años de su fallecimiento, más presente en teatros y salas de concierto a nivel europeo.
Espero que sea así; de hecho, nosotros lo vamos a mover bastante. En febrero vamos a hacer música de Arriaga en una gira por Polonia, por ejemplo, y en verano estaremos en la Quincena Musical donostiarra. La idea del concierto ha sido traernos algunas de sus músicas menos habituales, por así decirlo, y luego contextualizarlas. También he querido contextualizar lo que él escuchaba. Porque se le compara con Mozart, pero él es más avanzado que Mozart; o sea, Arriaga tiene más sentido imaginárnoslo en un estilo musical más cercano a Beethoven y en una música un poco más avanzada.
«Yo creo que, al final, hay más de leyenda, por así decirlo, que de conocer en realidad a Arriaga y a su música»
La Ritirata actuará en formación de orquesta clásica, con instrumentos históricos incorporando, además de las cuerdas, flautas, trompas y fagotes. ¿También se colocarán como en la época? A mí, a veces ustedes me parecen arqueólogos de la música.
Las flautas traveseras no van a ser de metal, como las que hay en las orquestas modernas, sino que se llaman traversos y son de madera. Es lo que se utilizaba en la época. Las trompas son trompas naturales, que tienen una mecánica diferente a las de hoy en día. Son instrumentos más limitados, digamos que son instrumentos que luego evolucionaron hasta llegar a la versión moderna, que es más cómoda, pero nosotros queremos utilizar los de aquel momento para que pueda escucharse como entonces.
Pasa lo mismo con los instrumentos de cuerda: en aquel entonces, todos tenían cuerdas de tripa y no eran de metal, como hoy en día. La tripa es un material orgánico que cambia muchísimo de sonido.
¿Cómo definiría a Arriaga? ¿A dónde hubiera llegado de vivir más años?
En ese aspecto, sí que es correcto ese paralelismo que hacen con Mozart, porque es un típico ejemplo de niño prodigio, que tiene un desarrollo superprecoz de las capacidades musicales. Realmente es absolutamente increíble que con tan corta edad escribiera música tan alucinante. Era una persona con un talento muy precoz y por eso su padre hizo el esfuerzo de llevarle a estudiar a París, algo que, me imagino, para la época y para el tipo de familia que era, fue un esfuerzo económico considerable, pero yo creo que todo el mundo a su alrededor se dio cuenta de que era un genio.
Lo que nunca sabremos es qué hubiera pasado si no hubiera fallecido tan joven. Me imagino que estaría todo el día con la música para adelante y atrás y, por eso, escribió cosas maravillosas. Por sus profesores sabemos que los 5 años que duró en París estudiando le tenían en muy alta estima.
De hecho, esta pieza de Luigi Cherubini que hacemos se llama ‘O Salutaris Hostia’, como la pieza de Arriaga. La compuso al poco de morir Arriaga, con lo cual, hombre, no tenemos una carta o un escrito que lo demuestre, pero todo apunta a que fue algún tipo de homenaje que quiso hacer a su alumno, porque compuso una pieza con el mismo título, la misma instrumentación, los mismos cantantes y un poquito después de la muerte de Arriaga. No parece que sea algo casual.
Como Arriaga, usted es hijo de músico. Él de organista, usted de pianista. ¿La música viene de familia? ¿Y por qué eligió el violonchelo?
Es verdad que tenemos las cosas un poquito más fáciles cuando ha habido música en la familia. Lo veo muchas veces: hay gente que admiro mucho, porque tengo muchos colegas músicos que, de repente, han hecho una super carrera y es que en su familia nadie sabía nada de música. Tuve una pequeña ventaja, porque mi padre es músico y había un piano en casa, pero a mí lo que me cuentan, porque yo no me acuerdo, es que cuando mi padre venía a ensayar a casa con otros músicos, yo siempre, siempre, me quedaba como hipnotizado mirando al violonchelo.
Esa es la la versión familiar, que igual es la leyenda urbana, pero es lo que mi familia dice. Empecé a tocarlo con 6 años. Bueno, de hecho, estuve mucho tiempo tocando el piano y el chelo, pero, al final, eso sí que lo recuerdo porque era más mayor, sentí que el piano no era para mí, que no disfrutaba. Cuando tenía que hacer las audiciones con el piano me ponía nervioso y, sin embargo, con el chelo, no. Me parece un instrumento precioso. Lo único malo que tiene es el tener que llevarlo a todas partes. Es enorme.
«Mi violonchelo es de 1740 y lo tengo restaurado exactamente como hubiera sido en esa época. Tener los instrumentos e interpretarlos como en la época en la que se construyeron es lo que hacemos nosotros»
Toca un violonchelo original de 1740, construido por Sebastian Klotz. Seguro que tiene alguna historia detrás.
En general, en la música clásica se valora que los instrumentos de cuerda, cuantos más años tengan, mejor suenan, porque la madera lleva más tiempo vibrando y suena mejor. De todos modos, en el caso de la interpretación histórica, aparte de ser de 1740, es que lo tengo restaurado exactamente como hubiera sido en esa época; es decir, no se le ha hecho ninguna modernización.
Porque, claro, cuando un solista moderno trae un Stradivarius, sí es un Stradivarius que es barroco pero, evidentemente, luego se le ha puesto un puente moderno, la pica moderna y las cuerdas modernas. A veces, hasta se ha desmontado por un luthier para hacerlo del tamaño más estándar de un chelo de hoy en día. Es estupendo que sea un Stradivarius y que sea de esa época, pero le falta la última parte, que es tenerlo en el estado de cuando se construyó. Y eso es lo que hacemos nosotros.
En 2025 publicaron ‘Scarlatti: Il giardino di rose’ (Deutsche Harmonia Mundi - Sony), un disco precioso, con una obra de Alessandro Scarlatti que La Ritirata ha recuperado. Por cierto, con este oratorio se saltó la censura de la época. Scarlatti (1660-1725) debía de ser un personaje curioso.
Lo que ocurrió es que Domenico Scarlatti, como luego vivió en España, ha sido al que más caso se le ha hecho en las programaciones, pero, en realidad, Alessandro [su padre] era un genio y tuvo un montón de producción superinteresante. Todavía hay mucha música suya pendiente de descubrir. Desde que me dedico a la investigación histórica, Scarlatti me ha llamado muchísimo la atención. De hecho, ha estado presente casi desde el principio en La Ritirata.
¿Tres siglos después sigue habiendo obras por descubrir?
Pasa con muchos autores, porque depende de qué estado y qué nivel de organización tienen los manuscritos. Por ejemplo, en Alemania, Austria o Suiza son organizadísimos. Pero, en este caso, todo lo de Scarlatti está en el archivo del Conservatorio de Nápoles. Hay una parte que está digitalizada, pero otra es un poco caos: tienen los manuscritos metidos en carpetas y hay cosas que no se han llegado todavía a clasificar, etiquetar, poner en internet, etcétera. Todavía hay trabajo por hacer, y hay música por aparecer.