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Plaza Berria, nombre original del lugar en el que late el corazón de Donostia

Cuando el reloj de la Plaza de la Constitución marque la medianoche del lunes, sus campanadas expandirán la fiesta de San Sebastián por toda la ciudad. Este espacio rectangular, nacido hace 304 años como Plaza Berria, es el epicentro desde el que late el corazón de Donostia.

Plano dibujado por el arquitecto italiano Hércules Torrelli, quien diseñó la ‘Plaza Nueva’, según consta en el dibujo. (NAIZ)

Santo Tomás, San Sebastián, Caldereros… Ubicada en el corazón de la Parte Vieja, este espacio es el centro neurálgico de algunas de las celebraciones más queridas por los donostiarras. Se la conoce como Plaza de la Constitución, pero no es el nombre con el que fue bautizada, y existe una iniciativa popular que reivindica el que fue su nombre original (y oficial) durante más de dos siglos: Plaza Nueva o Berria.

Según explican, la Donostia amurallada de hace 300 años tenía una única plaza, ubicada más o menos donde ahora se sitúa el reloj del Boulevard. Los soldados acuartelados en la ciudad la solían utilizar para diversas maniobras, con lo que la ciudadanía no tenía un espacio para su vida social y sus celebraciones.

Fruto de esta demanda popular, el Ayuntamiento decidió derribar algunos edificios dañados por el asedio francés de 1719, liderado por el duque de Berwick, generando un espacio libre que el 18 de enero de 1722 fue inaugurado bajo el nombre de Plaza Berria, quedando para la plaza ya existente el sobrenombre de Zaharra. 

Casi un siglo después, en el verano de 1813, la plaza, como casi todo el resto de la ciudad, fue destruida durante la ‘liberación’ por parte de las tropas anglo-portuguesas lideradas por el duque de Wellington, que posteriormente pasaría a la historia por derrotar a Napoleón en la batalla de Waterloo. Tras la decisión de levantar Donostia de sus cenizas, la plaza se reconstruyó bajo la dirección de los arquitectos guipuzcoanos Pedro Manuel Ugartemendia y Alejo de Miranda.

Antiguo Ayuntamiento, hoy biblioteca

Se trata de un rectángulo porticado de estilo neoclásico, en uno de cuyos lados se alza el que fuera Ayuntamiento, que hoy acoge una biblioteca y otros servicios municipales. Por encima de sus dos balconadas destaca un reloj que adquiere absoluto protagonismo en la medianoche de cada 19 de enero, cuando sus agujas marcan el arranque de la fiesta más querida. En los otros tres lados llama la atención la numeración de sus balcones, un recuerdo de la época en la que fue el recinto para las corridas de toros.

Las obras terminaron cuatro años más tarde, en septiembre de 1817. Unos versos escritos por Bizente Etxagarai como crónica de los festejos del estreno mencionan expresamente el nombre de ‘Plaza Berriya’, donde se dieron cita, según narra, numerosas autoridades, y hubo música y bailes.

En 1820 una asociación de corte liberal denominada Sociedad Patriótica de San Sebastián, que agrupaba a buena parte de las familias más pudientes de la ciudad, decidió, sin siquiera pasar previamente por el visto bueno del Ayuntamiento, que el lugar iba a ser rebautizado como Plaza de la Constitución, en referencia al texto aprobado por las Cortes de Cádiz en 1812, durante la ocupación francesa de buena parte de la península. Formaban parte de este ‘lobby’ apellidos que afloran en el actual callejero, como Calbetón, Lasala, Amilibia o Bermingham, entre otros. 

Nuevo nombre franquista

De este modo, durante décadas la plaza tuvo dos nombres diferentes, uno en castellano impulsado por las élites y otro en euskara, que era la lengua principal del pueblo llano. En 1897, el Ayuntamiento oficializó estas dos versiones diferentes en función de cada idioma, y ambas denominaciones se mantuvieron hasta la guerra de 1936. 

Tras la entrada en la ciudad de las tropas franquistas, pasó a llamarse únicamente Plaza del 18 de Julio, en referencia a la fecha del alzamiento golpista. Como el uso del euskara estaba perseguido, la ciudadanía, para evitar el uso del nombre impuesto por los fascistas, comenzó a usar ‘La Consti’.

Tras cuarenta años de dictadura, la denominación de Plaza Berria había caído prácticamente en el olvido. Así, se recuperó el nombre de Plaza de la Constitución en castellano –esta vez en referencia a la del 6 de diciembre de 1978– y en euskara se decidió llamarla Konstituzio Plaza. 

En los últimos años, la iniciativa popular Plaza Berria Berreskuratu Dezagun Ekimena ha llevado a cabo diferentes iniciativas para dar a conocer la historia y reivindicar la denominación histórica de este punto neurálgico del sentir donostiarra.