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Kurdos-Damasco: un acuerdo frágil, una desconfianza intacta

Mientras las YPG y YPJ se preparaban para el enfrentamiento con las fuerzas gubernamentales, el 30 de enero se perfiló –casi de forma milagrosa– una solución diplomática. Un acuerdo firmado in extremis que permitió, al menos por ahora, evitar un baño de sangre. Sin embargo, la desconfianza persiste.

Combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) hacen gesto de la victoria en la ciudad de Hasaka el pasado día 1. (Delil SOULEIMAN | AFP)

Es un buen acuerdo, al menos así lo sentimos nosotros. Aunque sea criticado por muchos kurdos en el extranjero, aquí lo celebramos: no tenemos su comodidad y sabemos que nos permite evitar una nueva masacre. Al menos por ahora».

Durante más de quince días, hasta la firma del acuerdo entre el Gobierno interino sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), Ahmed, de 34 años, se había atrincherado en su casa de Kobane. Junto a sus padres, su pareja y sus dos hijos –la más pequeña de pocos meses– asistió atónito al derrumbe de la región autónoma árabe-kurda a mediados de enero, y luego al cerco de su ciudad por parte de las fuerzas gubernamentales.

«Desde entonces vivimos una situación de asedio total, que continúa hoy. Los víveres escasean, el acceso al agua es complicado y, lo peor, la electricidad estuvo cortada durante quince días. Mientras nevaba sobre Kobane, la población local y todos los desplazados que llegaron aquí se quedaron sin calefacción», señala.

Abdi, rescatista de la Media Luna Roja Kurda, contactado también por teléfono pese a los problemas de conexión, traza un balance catastrófico: «Miles de personas llegaron desde Alepo, Tabqa, Raqqa y los pueblos cercanos para huir de las masacres. Muchos duermen en mezquitas, escuelas o en sus coches. Kobane no tiene recursos alimentarios suficientes para hacer frente a esto. Durante el periodo en el que el frío fue más crudo, cuatro niños murieron de hipotermia».

Y aunque el acuerdo del 30 de enero permitió a la población recuperar la electricidad y la calefacción, al momento de escribir estas líneas, Kobane sigue enfrentando una situación de asedio, a la espera de la puesta en marcha del acuerdo entre el nuevo régimen y las FDS.

Todo o nada

No obstante, los propios kurdos tienen dificultades para definir este inesperado giro diplomático. Una cosa es segura: además de prolongar un alto el fuego sine die, el acuerdo permitiría abrir un marco de coordinación en materia de seguridad y administración entre ambas fuerzas.

Según fuentes cercanas al expediente, el general de las FDS Mazloum Abdi habría conseguido finalmente acordar la incorporación al aparato del Estado de 22.000 combatientes de las YPG y las YPJ, que serían agrupados en tres brigadas desplegadas en las regiones kurdas. Esto se asemejaría a una integración colectiva, reclamada desde hace tiempo por las FDS, y a la que se oponían tanto Damasco –partidaria de una adhesión individual– como Ankara, favorable al desarme y la rendición de estas fuerzas.

De concretarse, estaríamos ante un escenario que daría a los kurdos medios para proteger a su minoría en sus zonas de asentamiento, sobre la base de los cantones autoproclamados en 2013 por el PYD.
A cambio, estos hombres y mujeres pasarían a depender militar y financieramente de Damasco, lo que supondría el fin del estatus de autonomía del que habían gozado hasta entonces.

Abdul Karim Omar, representante en Damasco de la Administración Autónoma Kurda, justifica este compromiso en declaraciones a GARA: «A la luz del actual equilibrio de fuerzas y de las circunstancias, consideramos el acuerdo aceptable, en la medida en que permite al pueblo sirio evitar más destrucción y derramamiento de sangre. Establece que los grupos armados afiliados al Ministerio de Defensa no entrarán en las zonas kurdas y que las Fuerzas Democráticas Sirias seguirán desplegadas en las regiones kurdas. Sin embargo, es cierto que las instituciones de la Administración Autónoma serán integradas en las del Estado sirio».

El acuerdo suscita, no obstante, críticas entre las voces kurdas, en particular sobre el control total que Damasco ejercerá sobre las YPG y las YPJ.

Y muchos temen que esta enésima desescalada sea solo temporal y que, como en ocasiones anteriores, vaya seguida de una reanudación de los combates. Un escenario que situaría a las fuerzas kurdas, dependientes de su Ministerio y, por tanto, de las órdenes de Damasco, en una situación jurídicamente comprometida.

Un miembro de las YPG que pidió mantener el anonimato señala el riesgo de «una fragmentación colectiva en vez de una asociación. También hay ambigüedad en torno a las divisiones y las brigadas. Las FDS reclamaban tres divisiones; temo que solo obtengamos tres brigadas dentro de una misma división».

«Evidentemente, esto no es lo que muchos kurdos esperaban, en particular quienes querían que nuestra región siguiera siendo autónoma», apunta Ahmed desde Kobane. «Pero, siendo honestos, si el acuerdo se respeta, creo que saldremos ganando. Desarmar a las YPG y las YPJ, para los habitantes de Kobane, habría sido una condena a muerte. La gente teme que los yihadistas tomen su revancha».

Desconfianza extrema

Sin embargo, el temor a que estas esperanzas vuelvan a verse frustradas sigue siendo intenso. Andy, de 35 años, antiguo miembro de las YPG, participó y resultó herido hace once años durante el asedio de Kobane por parte del Estado Islámico.

En los últimos días, pese a sus secuelas, ha vuelto a unirse a las fuerzas kurdas presentes sobre el terreno y ha tomado nuevamente las armas: «No podemos confiar en nadie. Sabemos que, para muchos yihadistas integrados hoy en el Ejército sirio, la toma de Kobane sería una revancha histórica. Nada indica que vayan a escuchar las directrices de al-Charah ni que no vayan a intentar hacernos lo mismo que hicieron con los drusos y los alauíes. Estamos dispuestos a cualquier sacrificio para proteger a nuestro pueblo y a Kobane. Lucharemos hasta el último aliento».