Defensa ya se temía una declaración unilateral de independencia de vascos o catalanes en 1981
El Ministerio de Defensa español ya se temía en 1981 la posibilidad de que vascos o catalanes llegaran a realizar una declaración unilateral de independencia, como ocurrió en el caso de Catalunya 36 años después. Así figura en uno de los documentos desclasificados sobre el 23F.
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Los documentos relacionados con el 23F desclasificados por el Gobierno de Pedro Sánchez siguen arrojando datos interesantes en relación con cómo afrontaron ese momento los aparatos y fuerzas del Estado español.
El análisis de la situación se recoge en uno de esos papeles, en concreto en el titulado ‘Semestral de la amenaza interior’, del Centro Superior de Información del Ministerio español de Defensa y que está fechado el 9 de marzo de 1981, tan solo dos semanas después del intento de golpe de Estado.
Como principales riesgos de ‘amenaza interior’, se recogen en el documento la «amenaza revolucionaria, el separatismo, el terrorismo y la involución», que, en este último caso, es lo que se había intentado con la asonada del 23F.
En relación con la primera, se señala directamente que «no parece probable que se desarrolle», aunque se reconoce que «las únicas regiones donde en principio se podría deteriorar gravemente la situación son Vascongadas y Andalucía».
Sobre «el separatismo», en el informe se señala que «representa la amenaza más importante, sobre todo en aquellas comunidades donde el objetivo independentista cuenta con un apoyo popular numeroso y está servido por una estrategia revolucionaria de la que constituye parte fundamental la actividad terrorista».
Apoyo en las urnas al separatismo vasco
Con relación a «las provincias vascas», indica que «conforman, sin duda, el área geográfica en la que las tendencias separatistas son más acusadas y donde las opciones que las sustentan cuentan con mayor apoyo en las urnas».
En este sentido, se destaca los resultados electorales obtenidos en marzo de 1980 en los comicios al Parlamento de Gasteiz por «el separatismo revolucionario, representado por Herri Batasuna y Euskadiko Ezquerra». Y se subraya como «importante» que «alrededor de un cuarto de millón de habitantes de las provincias vascas han votado las opciones separatistas revolucionarias».
Añade que los sectores independentistas del PNV son «difícilmente cuantificables, aunque su actitud, en general, es contraria al empleo de la violencia». Sobre esta última cuestión, se pone el acento en que Gipuzkoa «es la provincia proporcionalmente más proclive a la violencia».
Posibilidad de intervención
Sobre cómo podrían actuar las formaciones separatistas, en el informe se considera que, «a plazo medio, solo en Vascongadas y Cataluña pudieran originarse hechos o actitudes separatistas susceptibles de provocar una decisión del Gobierno en relación con algún tipo de intervención de las FAS, más o menos prolongada y con finalidades distintas, según las circunstancias».
Este paso «podría venir determinado» por varios motivos. En concreto, se recoge «una actitud insurgente de masas populares numéricamente importantes» y «una actitud de desobediencia civil lo suficientemente generalizada».
La tercera causa resulta especialmente llamativa, ya que se contempla «un acto de declaración unilateral de independencia o actitud similar». Es decir, 36 años antes de que se llevara a cabo en Catalunya con Carles Puigdemont como president de la Generalitat, el Ministerio de Defensa español ya contemplaba un escenario como el que se terminó dando en 2017.
Otros motivos serían «un salto cualitativo y cuantitativo de la actividad terrorista que diese paso a la guerrilla» o «la combinación de dos o más de las anteriores hipótesis».
Tomando como base las opciones citadas, en el análisis se considera que «solo los núcleos urbanos donde la votación a las opciones separatistas ha sido igual o superior a los 2.000 votos ofrecen posibilidades de constituir, por sí solos, una amenaza».
En el caso vasco, cita en Araba, Gasteiz; en Gipuzkoa, Donostia, Errenteria, Irun, Eibar, Hernani, Arrasate, Tolosa, Zarautz, Oñati y Pasaia; y en Bizkaia, Bilbo, Barakaldo, Getxo, Santurtzi, Portugalete, Sestao, Basauri, Lemoa, Bermeo, Durango, Galdakao, Gernika, Leioa y Ondarroa.
En relación con el «terrorismo» como «amenaza interior», en el informe se apunta que «solo el revolucionario-separatista vasco puede llegar a constituir actualmente un problema que, en un momento determinado, pudiera llevar al Gobierno a utilizar las FAS (Fuerzas Armadas) en su tratamiento».
Ofensiva o guerrilla
Sobre cómo podría evolucionar ETA, se barajaban dos hipótesis. La primera era «una ofensiva que, complementada con una actitud de resistencia civil de sus sectores incondicionales, apoyada por los Ayuntamientos que dominan, busque reacciones del Gobierno».
La segunda pasaba por «un salto cualitativo y cuantitativo de la actividad terrorista tratando de pasar a la guerrilla». Una opción que sería posible porque «cuenta con una masa importante de seguidores y simpatizantes capaz de proporcionales el número de activistas preciso para constituir grupos armados y materializar los organismos de resistencia ciudadana complementaria a todo intento violento que busque el desarrollo de un proceso independentista y revolucionario».
Entre esas dos hipótesis, en el informe se considera que la más probable es la primera, ya que «no parece contar con el potencial humano ni con los medios materiales suficientes para armar a grupos guerrilleros importantes dotados del material pesado preciso para darle el carácter de guerrilla».
Influencia mutua entre «separatismo» e «involución»
En sus conclusiones, en el análisis sobre la «amenaza interior en España» del Centro Superior de Información de la Defensa se apunta que «un agravamiento serio de la crisis económica, una interpretación abusiva de los Estatutos de autonomía o una intensificación de la actividad terrorista serían factores serios de inestabilidad, tanto en sí mismos, como por las reacciones que podrían provocar». Aunque, acto seguido, añade que «la posibilidad de que su entidad obligue al Gobierno a emplear las FAS para su tratamiento no aparece, a plazo medio, sino como remota».
Como la opción más probable, apunta a «la del terrorismo, en forma de una intensificación y radicalización de su acción», al mismo tiempo que destaca la «interdependencia entre las actuaciones separatistas y terroristas, cuyos efectos repercuten directamente sobre las posibilidades de involución».
Y apunta que «existe una mutua influencia entre posibilidades involutivas y posibilidades revolucionarias, viéndose cada una de ellas estimulada por el crecimiento de la otra».