INFO

‘Ortzi’ y ‘Kixkur’, enriquecedores de vida

Francisco Letamendia ‘Ortzi’ y Jokin Urain ‘Kixkur’. (FOKU)

Existen personas que nos enriquecen. Nos transmiten algo intangible y, sin embargo, concreto. Un carisma, quizás, un talento innato.

Saliendo del asedio de la muerte cercana de los últimos días, esta había sido una semana provechosa. Desde el norte al occidente, tuve ocasión de conversar con algunas de esas gentes que enriquecen lo que les rodea. Que mejoran la vida a su alrededor.

Pero a veces llegan los reveses. El domingo ha sido demoledor. Se han ido ‘Ortzi’ y ‘Kixkur’. De golpe. Un vacío repentino. Escribo estas líneas precisamente porque creo que los dos tenían ese ingrediente en común: cada uno a su modo, eran de esas personas que enriquecen su entorno.

‘Ortzi’ transmitía un enorme caudal cultural y vivencial. Un torrente de conocimiento, académico y extracadémico, expresado con vehemencia incluso, pero siempre con simpatía y una sonrisa pícara. Hijo de burgueses que optó por el otro lado de la barrera, se volcó en cuerpo y alma para dar lo mejor de sí a su país: el conocimiento. Educar sobre la historia política reciente o sobre el devenir de la humanidad era una manera de decir a su país que nosotros podemos hacerlo. El final de los encuentros era una sensación gratificante de haber aprendido. Mucho. De ser más rico hoy que ayer.

‘Kixkur’ era baserritarra, trabajador y de palabras justas, tímido pero audaz, y con una inteligencia natural extraordinaria. Más de escuchar que de hablar. Siempre prudente en sus expresiones, pero con una puntería afilada. Y humor e ingenio. En justa dosis, pero le gustaba darlo y recibirlo. Gozaba con ello. Y la sensación final era la misma: hay gente que nos enseña, que nos transmite sabiduría y eso es, precisamente, lo que nos hace más ricos. Mejora la vida de quienes les rodean. 

Es evidente que el país y el cambio social eran la gasolina de sus motores y que les pasaron caras facturas. Pero también el honor de unas vidas intensas de las que nos regalaron aprendizajes.

Quizás sea la propia amargura del momento la que me hace sentir el orgullo de pertenecer a esa nación de miles de hombres y mujeres que nos enriquecen. Que embellecen la vida y la mejoran. A esa patria de gigantes.