40 años de ‘It’, la novela ‘absoluta’ de Stephen King
Fue presentada en 1986 y engloba todos los clichés del escritor estadounidense, en cuanto a temas de terror y manera de escribir. Una historia que nos cuenta cómo el Mal puede tener las caras más inesperadas e inofensivas y cómo vuelve cíclicamente.
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Stephen King tiene escritos a día de hoy unos 80 libros entre novelas, recopilaciones de cuentos y ensayos (muy recomendable ‘On writing’, por ejemplo). Ha creado un estilo reconocible, ha producido obras muy buenas y otras menos acertadas, nos ha hecho entrar en su mundo terrorífico y fantástico, que en varias ocasiones ha sido convertido –era inevitable– en películas.
De tan extenso trabajo, resulta muy difícil establecer qué ha sido lo mejor. Pero en cuanto a impacto en el imaginario popular, y como resumen de la filosofia del ‘Rey’ en sus novelas, no cabe duda de que ‘It’ merece un recuerdo especial, y más ahora, a 40 años de su estreno.
Pennywise, el payaso símbolo del Mal
‘It’ es una catedral narrativa. Además de las 1.200-1.300 páginas, un ‘ladrillo’ bastante habitual en los libros de Stephen King, sirve ella sola para resumir los clichés narrativos del escritor estadounidense. Es, en este sentido, ‘absoluta’.
Fue presentada en la primera mitad de setiembre de 1986, después de dos años de trabajo. Un plazo de tiempo considerable para una maquina de escribir como el ‘Rey’, que ha mantenido siempre un ritmo infernal: 2.500 palabras cada día, menos el día de su cumple (21 de setiembre) y el de Navidad.
Un tiempo que deja como resultado este ‘It’, compendio de la filosofía de King, empezando por la ambientación, su lugar-fetiche, el Maine y en general New England: un lugar casi reservado, minúsculo en el mapa (está al norte de Boston y colinda con Canadá), bucólico y, por lo visto, aislado, en muchos sentidos.
Derry, el escenario de la novela, no existe en la realidad pero supone un estereotipo de todas las ciudades del Maine utilizadas por King. La historia se desarrolla allí, en dos periodos bien distintos: la década de los 50 y la actualidad (la de aquel entonces, cierto). El escritor sabe como nadie describir las atmósferas de un pueblo de la época de la segunda posguerra mundial.
Un pueblo donde hay una cuadrilla de amigos que se llama ‘Los Perdedores’: son siete adolescentes, cada uno con un trastorno o con algo que le aleja de la supuesta normalidad. Hay quien tartamudea (Bill), el obeso (Ben), el miope (Richie), el asmático agobiado por la madre (Eddie), el negro (Mike), el judío (Stan) y la chica maltratada por el padre (Bev).
Este grupito vive su día a día en Derry, tiene una cuadrilla rival amenazadora y sobre todo debe encararse a algo extraño, que aparece de vez en cuando y siembra el terror. Bill, por ejemplo, ha perdido a su hermano menor George, en la primera escena del libro: cuando era pequeño estaba jugando bajo la lluvia por la calle, con un barquito de papel, y cuando este juguete ha caído en una alcantarilla ha sido devorado por un payaso que lo había invitado a recuperarlo.
El payaso engañador es Pennywise (nombre que luego cogería un grupo punk-rock estadounidense), una de las miles de caras de ‘It’, ‘Eso’, el mal absoluto. A partir de la muerte de George, especialmente Bill tendrá como obsesión la venganza, respaldado por sus amigos.
Viaje entre las pesadillas del pasado
Formidable, el invento de un payaso como antagonista y máscara del terror, aunque It tenga realmente muchas más (una enorme araña, por ejemplo) y esté presente siempre el objetivo de matar.
Cuando Mike los llama a todos, uno por uno, explicando que It ha vuelto después de haberlo supuestamente derrotado 30 años antes, retornan también los fantasmas del pasado
Igual de formidable, en cuanto a mantenimiento de la tensión, resulta la narración alternada entre los episodios de la década de los 50, los del 1984-85 y las reflexiones de Mike, el único de ‘Los Perdedores’ que se ha quedado en Derry, trabajando de simple bibliotecario. Todos los demás han ido subiendo la ‘escalera social’, convirtiéndose en ricos: un escritor, un arquitecto, un actor, un propietario de una empresa de coches de lujo, un asesor fiscal y una estilista (Bev).
Sin embargo cuando Mike los llama a todos, uno por uno, explicando que It ha vuelto después de haberlo supuestamente derrotado 30 años antes, retornan también los fantasmas del pasado, que parecían olvidados. Hay quien no aguanta (Stan) y prefiere suicidarse, en otra escena imposible de olvidar: se corta las venas en la bañera de su casa y escribe ‘It’ con la sangre en la pared, porque esa ha sido la causa de su decisión extrema.
Empieza ahí otro viaje alucinado, entre pesadillas, caminando por las alcantarillas, con una actitud respecto al monstruo que no puede ser la misma de la adolescencia, cuando era cuestión de vida o muerte. Sí, porque en los 50 ‘Los Perdedores’ por una vez habían ganado, sin imaginar que tres décadas después el monstruo volvería para cebarse con otras víctimas adolescentes.
It será derrotado otra vez y su muerte definitiva coincidirá con una tempestad que destrozará, en un final dantesco, todo el pueblo de Derry, cuya personalidad seguramente estaba conectada con el monstruo, caldo de cautivo para su existencia.
La escena de la violación
Y en todo esto, ¿dónde encontramos la filosofía angular de Stephen King? En la importancia que el escritor da a los jóvenes y en la cercanía hacia los losers, los ‘perdedores’ con algún trastorno, como sus anteriores personajes (Carrie, Danny de ‘El resplandor’, Johnny de ‘La zona muerta’...). Y sobre todo el hecho del Mal, absoluto, que puede presentarse bajo cualquier forma y volver, sin avisar, con cadencia regular: en el caso de It, 27 años.
La moraleja del libro es que el horror vuelve cíclicamente y que puede tomar el aspecto de cualquier cosa, incluso de las más inofensivas, por ejemplo un payaso. Y quizá tenga razón el ‘Rey’...
Desde el punto de vista estilístico, destaca la narración alternada entre los diferentes personajes y periodos de tiempo, y los pensamientos escritos en primera persona, marca de la casa-King, así como la repetición en el futuro de episodios del pasado que nunca nos abandonan.
Y entre estos episodios hay en ‘It’ uno especialmente que ha sido matizado con el paso del tiempo: la agresión sexual en grupo, descrita en detalle, que ‘Los perdedores’ adolescentes perpetran a Beverly, penetrada por cada uno de sus amigos en una esquina de las alcantarillas después de haberse peleado con It. Una escena brutal, animal, entre menores, presentada por el autor como el extremo acto de unión que la cuadrilla hace para justificarse.
Sinceramente, cuando yo la leí me pareció no solo muy extrema, sino además fuera de contexto, y ha sido duramente criticada incluso por sus fans, como otras ocasiones en que ha incluido actos sexuales. El escritor se ha defendido así: «Quería representar la pérdida de la inocencia, el pasaje entre la adolescencia y la edad adulta con un rito ancestral».
Afortunadamente la violación de Bev adolescente (propuesta por ella misma en el libro, lo que no quita nada a la brutalidad de la escena) no ha sido incluida en ninguna de las dos películas inspiradas en el libro del ‘Rey’, donde la cara de Pennywise había sido la del recién fallecido Tim Curry.
Lo cierto es que ‘It’, quitando las polémicas, tiene un nivel muy alto, casi literario. Es una de aquellas novelas que da miedo solamente imaginarla, y os aseguro que pasar alguna página cuando lo leí, a los 16 años, y sobre todo por la noche, me costó cuando describía alguna escena espantosa.
La moraleja del libro es que el horror vuelve cíclicamente y que puede tomar el aspecto de cualquier cosa, incluso de las más inofensivas, por ejemplo un payaso. Y quizá tenga razón el ‘Rey’...