No recomendado para menores de edad
El consumo de alcohol está prohibido para los menores de 18 años y se encuentra en fase de tramitación la que hará lo propio con las bebidas energéticas. También existen lugares que no son propicios para los menores, como los gimnasios, donde se practican ejercicios centrados en el aspecto.

Proteger a los menores de cuestiones inadecuadas es una responsabilidad compartida entre familias y la sociedad en general. Sin embargo, no siempre somos conscientes de que, en términos de salud, también existen estas advertencias, que muchas veces menospreciamos.
Voy a suponer que, a pesar de que el consumo de alcohol esté desgraciadamente muy normalizado, todos sabemos por qué un menor de edad no puede consumir alcohol, ¿verdad? Bueno, por si hubiese algún o alguna despistada, podemos resumirlo diciendo que el consumo de alcohol en menores provoca daños graves y permanentes porque su organismo está en pleno desarrollo. Afecta a nivel cerebral, emocional y orgánico.
Asimismo, la ley para prohibir la venta de bebidas energéticas a menores en el Estado español está en fase de tramitación legal por parte del Ministerio de Consumo, con el objetivo de vetar su compra a menores de 16 años y restringir las más potentes hasta los 18. ¿Por qué? Porque ya hay demasiada evidencia de daño cardiovascular en menores, como pueden ser las taquicardias, la hipertensión y el riesgo de infarto. El consumo de alcohol afecta al sistema nervioso, causa insomnio, ansiedad y déficit de atención, mientras que su exceso de azúcar y gases genera problemas metabólicos, gastritis y erosión del esmalte dental.
Ahora bien, ¿qué pasa con aquellas otras cuestiones de salud que no ampara la “ley”? Por ejemplo, sabemos que la edad de inicio en los gimnasios es cada vez más baja. No existe una norma al respecto y, en general, los gimnasios gestionan la edad a partir de la cual se puede entrar en ellos de manera independiente; pero la realidad es que sobre los 14 y los 15 años algunos gimnasios permiten el acceso acompañados de los progenitores y con su autorización y, a partir de los 16 años, basta la autorización.
Más allá del ejercicio como tal, si se requiere nuestra autorización, quizá sea porque estos espacios no son los más adecuados para los menores de edad. En estos lugares, se practica un ejercicio centrado en el aspecto del cuerpo; se premia mucho el cambio corporal y, más que eso, el cuerpo en su dimensión estética se convierte en el objetivo del entrenamiento, dejando atrás otros valores en los que sí se enfocan, por ejemplo, los deportes de equipo.





