01/05/2016

Precisión errónea
IÑIGO GARCIA ODIAGA
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La galería Foksal de Varsovia se ha convertido, gracias a su trabajo constante durante quince años, en una pieza clave de la escena internacional del arte en el panorama polaco. Recientemente acaba de reabrir sus puertas tras una reforma integral de sus instalaciones. El arquitecto suizo Roger Diener ha reutilizado el antiguo esqueleto estructural de 1963, para sustituir la envolvente del edificio y proponer así una reinterpretación de la construcción original que ocupaba la galería.

La Asociación Polaca de Artesanía decidió en los años sesenta la construcción de un edificio que, siguiendo los preceptos del movimiento moderno, tenía una fachada de vidrio que conformaba una sala de exposiciones para productos de piel y cuero. El edificio, gracias a su planta libre y a sus fachadas ligeras de muro cortina, presentaba un aspecto nítidamente moderno que contrastaba con la rotundidad de sus vecinos neoclásicos. Unas décadas más tarde, en el año 2001, debido al cese de actividades de la asociación, el espacio libre era excesivo, por lo que decidió alquilar parte de sus instalaciones y la Galería Fundación Foksal accedió al inmueble.

El espacio del viejo edificio resultó ser un lugar muy atractivo como galería de arte, tanto por los contenidos de la fundación, como por la ubicación de la misma en el eje del Palacio Socialista de la Cultura, una referencia para los artistas de vanguardia polacos. Esa localización privilegiada sirvió incluso para que durante una exposición en 2005 el arquitecto Oskar Hansen estableciese, mediante su intervención a través de los ventanales de la galería, una relación directa con el Palacio de la Cultura en el horizonte.

El éxito de la galería condujo a que, nueve años más tarde, la Fundación Foksal se hiciese con la totalidad del inmueble y comenzase a planear su renovación, ya que el mal estado de la fachada le obligaba a ello.

El estudio de arquitectura Diener & Diener fue invitado para elaborar el proyecto de restauración y estudió tres alternativas. La primera consistía en conservar y mantener el edificio original, pero fue descartada debido al mal estado de los vidrios y de los perfiles del muro cortina.

La segunda opción era la de reconstruir el edificio, aunque pronto se hizo evidente que esto sería demasiado caro, ya que las tecnologías antiguas del inmueble no podían responder a los requerimientos normativos actuales sin introducir alta tecnología en los vidrios, elevando el presupuesto.

Abandonadas las dos primeras opciones, Diener ofreció a la galería una tercera vía: la realización de un proyecto que reinterpretase en clave contemporánea la arquitectura del movimiento moderno. Al igual que gran cantidad de ciudades europeas, Varsovia se ha volcado en la necesidad de preservar el patrimonio arquitectónico y artístico de la posguerra, sobre todo después de que edificios singulares de esa época, como la estación de tren de Katowice, de corte brutalista, o el cine Moscú, fuesen derribados.

Por este motivo, el cambio total de imagen que propuso Roger Diener –ya que, en esencia, el resultado final es similar al de un edificio nuevo con un núcleo interior antiguo– ha sido criticado por muchos que lo han considerado un atentado contra el patrimonio.

El diseño del arquitecto suizo planteó la sustitución del muro cortina original de vidrio por una piel de hormigón prefabricada, formalizada con paneles lisos de cuatro centímetros de espesor, que se adapta a la estructura existente de pilares y vigas. De esta forma la lectura del edificio permite ver, a pesar de la solidez del hormigón, su independencia respecto de los elementos portantes, respetando una de las características principales del movimiento moderno. Además, los paneles incorporan una geometría que, a modo de artesonado, presenta cuarterones que entran y salen desarrollando el efecto textil de la envolvente.

Pero junto a esta lectura intelectual del movimiento moderno reinterpretada por Roger Diener, su propuesta aporta una variante llamativa de índole contemporánea. Los prefabricados de la fachada siguen los módulos de la estructura original con total precisión, de forma que con total exactitud revela los errores que ésta presenta, sus pequeñas imperfecciones. Por este motivo, las uniones entre diferentes paneles se descuadran y la esquina pierde la alineación desajustándose de la vertical.

En este sentido el edificio se envuelve en un relato que cuenta, no solo los ideales teóricos de la vanguardia arquitectónica de su época de construcción, sino también las dificultades técnicas que se encontraron aquellos que lo construyeron. Además, el proyecto convierte el edificio rehabilitado en una intervención artística que devuelve a la galería Foksal una escultura contemporánea que cuestiona la protección y conservación del edificio, anteponiendo su puesta en uso frente a su embalsamamiento como mero objeto de contemplación.