26/06/2016

Pabellón serpenteante
IÑIGO GARCIA ODIAGA
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Como cada año, la Serpentine Gallery de Londres ha construido en sus jardines un nuevo pabellón efímero. Un edificio llamado a ser un manifiesto; un proyecto, por tanto, que ponga el acento sobre una manera de hacer, pensar o construir. La propia condición efímera del pabellón ayuda a la arquitectura a plantarse sobre los jardines de Kensington de forma radical, una vez que se ha desprendido de gran parte de los condicionantes a los que la obliga la durabilidad. Esta es la edición número dieciséis del programa anual de la esta galería de arte, que ofrece a los arquitectos más destacados del panorama internacional la oportunidad de crear su primera obra en el Reino Unido.

A principios de este año, la comisión que controla la fundación de la Serpentine Gallery Pavillion dio a conocer el nombre del estudio seleccionado para este verano. El encargo recayó en la oficina danesa BIG, dirigida por su fundador, Bjarke Ingels. El pabellón ha sido inaugurado este mes, con una gran acogida por parte de la crítica. Se trata de una gran pared de bloques prismáticos apilados que se han desplazado, abierto o descomprimido para crear una curva serpenteante que provoca un espacio central interior de carácter cavernoso.

En cierto modo, el pabellón puede definirse como un simple muro que ha sido distorsionado de forma libre. La superposición de cajas que construyen la fachada hace que éstas se vayan desplazando ligeramente de forma individual, para adaptarse a esa deformación curva que el muro va adquiriendo. Visto de lado, el pabellón es un gran lienzo rectangular. Pero cuando se ve desde la parte delantera o desde un ángulo, su silueta curva se revela insinuando el abombamiento que genera el espacio interior. La percepción del muro también cambia en función del ángulo de visión, pasando de un cierre sólido, macizo y opaco, a uno transparente y ligero cuando la mirada encuentra la perpendicular de la pared de cajas. Este pabellón resume bien la forma de operar del estudio BIG, que desde el año 2005 plantea proyectos en los que la alteración sencilla pero constante de un elemento puntual provoque una gran cantidad de nuevas posibilidades, a menudo contraponiendo elementos a priori incompatibles, como transparencia y opacidad, lleno y vacío o pesadez y ligereza.

En este sentido, el pabellón es una pared que se convierte poco a poco en una sala interior. También es una puerta hacia el edificio permanente de la Serpentine Gallery y, al mismo tiempo, un nuevo edificio que proporciona un espacio para la realización de eventos durante el verano.

La estructura, que se compone de 1.600 piezas prismáticas, está construida con una trama de fibra de vidrio translúcida que otorga un aire etéreo al conjunto. Una clave que se contrapone a la construcción de piezas apiladas unas encima de las otras que, por el contrario, parecen reconstruir el patrón masivo típico del ladrillo británico. Los bloques huecos se desplazan gradualmente hacia delante y hacia atrás para crear dos capas de superficies serpenteantes, que se dividen para crear las entradas curvadas en ambos extremos del pabellón, provocando ese interior aleatorio, informe que se relaciona con la grieta cavernosa de una cueva.

Tal y como cuenta el propio Bjarke Ingels, la idea surgió mientras estaban trabajando en un sistema de estanterías con esos mismos elementos de fibra de vidrio extruido. Por lo que el resultado es también, en esencia, un híbrido entre un edificio y un mueble. La pared es, además de un límite, una estructura capaz de albergar gran cantidad de objetos y, cuando el pabellón sea desmontado, podrá ser adaptada parcialmente a su uso como estantería.

Pero Ingels también describe el edificio como un tributo a uno de sus arquitectos de referencia, el también danés Jørn Utzon, quien diseñó la afamada Ópera de Sydney. Utzon fue el primer arquitecto que intentó construir cualquier forma imaginable con elementos cuidadosamente diseñados, fabricados en serie, introduciendo la diferencia en esa misma repetición. Y es ese espíritu el que el pabellón del 2016 ha tratado de explicar y representar.

La forma de grada que el muro adopta en el exterior invita a los visitantes a trepar por él , pero únicamente hasta alcanzar un delgado redondo metálico que actúa como una barrera psicológica, más que física. En el interior, los suelos de madera forman una zona pisable a través de la construcción, que queda delimitada por elementos de madera que sirven para sentarse, realizados con las mismas dimensiones que los bloques de fibra de vidrio.

El pabellón contiene una cafetería, que durante la noche se pondrá al servicio de los eventos del programa Park Nights. Diseñado anualmente por la galería, incluye espectáculos de música, cine, danza y literatura.