01/09/2019

Flores de roquedales marítimos
TERESA MOLERES
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E n los acantilados costeros, donde se acumula algo de tierra, pueden arraigar plantas muy interesantes. Vamos a hablar de algunas de ellas como, por ejemplo, la armeria marítima: si en verano vemos un acantilado que aparece rosado se debe a las florecitas como pompones rosados de esta planta. Casi insensible al viento y a la sequedad, su cultivo es perfecto para los jardines de rocalla. La armeria euskadiensis es un endemismo vasco que solo se da en nuestras costas. Aparece desde el cabo Higuer, en Hondarribia, hasta el cabo Billano, en Gorliz, pasando por Jaizkibel, Ulia, Urgull y Urdaibai. Crece en las rocas calcáreas, con suelos ligeros y arenosos, y forma rosetas de las que sobresalen las inflorescencias rosa pálido. Es una especie en peligro de extinción y actuaciones como el proyecto de la pasarela de Mompas, en Donostia, terminaría de desterrar debido a la presión turística. El acondicionamiento del monte Urgull es otra actuación dañina para su supervivencia.

El crithmum maritimum o hinojo marino es una de las raras plantas que sobrevive con la salinidad del agua del mar. Comestible y de hojas carnosas, los navegantes solían llevarlo macerado en vinagre por la gran cantidad de vitamina C que contiene, con el objetivo de luchar contra el escorbuto. Se come crudo o cocinado en ensalada, y sirve para sazonar con su gusto marino.

La crambe maritime también se ha recolectado como alimentación, aunque ahora, por la frecuencia de peatones en el litoral, es una planta rara. Tiene hojas azuladas, grandes y carnosas, que aparecen coronadas por florecitas blancas. Es comestible, y conocida y apreciada por los ingleses y franceses: Luis XIV la exigía en su huerto y en Inglaterra se la servían al príncipe regente como si fuesen espárragos, con mantequilla o bechamel. Ahora se cultiva por su sabor especiado.

El erygium maritime o cardo azul, de floración azul metálico, crece en la arena. Su resistencia a marchitarse le ha hecho víctima de la recogida incontrolable –que está prohibida–, hasta hacerla casi desaparecer. Se puede cultivar en el suelo pobre y pedregoso en un jardín de rocalla.

Podemos respetar estas plantas, y cultivarlas en tiesto o en jardín, aunque siempre con ejemplares procedentes de viveros especializados.