10/11/2019

Hackeando el sistema de promoción
IBAI GANDIAGA PÉREZ DE ALBENIZ
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Existe cierta tendencia entre los arquitectos a pensar que un edificio puede convertirse en un transformador social por sí mismo; las escuelas de arquitectura se llenan de proyectos que afirman que su mera existencia puede constituir un revulsivo para un barrio, una ciudad, un país. Hay una cierta confianza al aparato construido, al artefacto mágico. Claro, ese discurso tan simplista no se sostiene, ni en realidad nadie que lo pronuncia lo acaba por creer. Sin embargo, la hemeroteca está llena de arquitectos que afirman que lo construido puede marcar la diferencia.

Esto sucede en pocos, poquísimos casos, ya que la arquitectura no es sino una expresión de un montón de cosas más: voluntades sociales y políticas, economía de medios, paradigmas sociales… En las viviendas APROP, promovidas por el Ayuntamiento de Barcelona y diseñadas por los catalanes Straddle3 y el vasco Jon Begiristain, de Eulia Arkitektura, precisamente las características de la arquitectura se ponen por delante del resto de cosas, haciendo que, por una vez, la construcción en sí sea casi más importante que su motivo.

Los Alojamientos de Proximidad Provisionales, o APROP, son una iniciativa presentada el año pasado por el equipo de Ada Colau. Con un rotundo mensaje de combate contra la gentrificación y la exclusión de los vecinos por parte de especuladores inmobiliarios, se buscó una manera de conseguir dotar de viviendas de acogida temporal a las personas desplazadas o desahuciadas de sus hogares, y hacerlo en los propios barrios de donde son expulsados.

Abramos un pequeño paréntesis: construir una vivienda no es un proceso sencillo ni rápido. Más allá de que las labores de proyecto o construcción requieran más o menos tiempo, los solares donde se construyan tienen que tener unas características urbanísticas apropiadas y, en caso de que no las tengan, hay que meterse en reclasificaciones o modificaciones de planes generales, una vía burocrática que enfanga todo el proceso.

¿Cómo cambiar eso? En este caso, hackeando la arquitectura, proporcionando una manera de construir sencilla y modular, que permita reducir tiempos de montaje. El paso necesario para esto consiste en alejarse de las técnicas tradicionales de construcción, y buscar una solución que sea más industrializable y, por ende también reversible.

El grupo Straddle3 ya había ensayado el uso de contenedores marítimos como elementos de construcción en el prototipo XP01, construido como complemento para una exposición sobre Yona Friedman. Junto con Eulia Arkitektura, se diseñó un edificio de varias plantas, que ha tenido un tiempo de montaje inferior a los tres meses (en estructura). En líneas generales, en APROP se plantean nueve meses de construcción frente al par de años que suelen durar las licitaciones y construcciones públicas.

Viviendas desmontables. La necesidad de un montaje veloz viene justificado por la urgencia y la escasez de vivienda dotacional de Barcelona. El proyecto APROP se basa en aprovechar los solares vacíos y de propiedad municipal para colocar viviendas desmontables, sin cédula de habitabilidad y con fecha de caducidad. La primera experiencia, tres promociones en Ciutat Vella, comenzó a instalarse a finales de agosto de 2019 y la primera promoción está a punto de terminar. Se compone de doce apartamentos de una o dos habitaciones (30 o 60 metros cuadrados).

Los módulos parten de un proyecto de investigación conjunto de Straddle3, Eulia Arkitektura y la Escuela de Arquitectura del País Vasco, ATRI, que buscaba estrategias para construir de manera rápida, barata y sostenible en la “constelación” de pequeños espacios vacíos que pueblan las ciudades. Los contenedores marítimos son elementos que cumplen muy bien con las condiciones mecánicas necesarias, son modulares y transportables. En el caso de la vivienda de Ciutat Vella, la apariencia exterior difumina mediante una capa de policarbonato ondular, con los marcos de los huecos de ventanas sobresalientes.

Evidentemente, habrá muchos a quienes esta solución horrorice, denominándola de infravivienda; esto será cierto si este edificio se “fosiliza” y deja de ser una vivienda provisional para convertirse en una residencia permanente. Al fin y al cabo, ya la socialista María Trujillo planteó casas de 30 metros cuadrados para jóvenes en plena burbuja inmobiliaria de 2008, por lo que la idea de tener “mini pisos” no es ni nueva, ni buena. En este caso, no obstante, se habla de hackear el sistema de promoción para poder construir barato, reutilizable y rápido, con un claro motivo social y de manera transitoria.