02/02/2020

Cultura vertical
IÑIGO GARCÍA ODIAGA
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El estudio holandés NL Architects ha inaugurado en la ciudad de Groningen un nuevo edificio cultural, cuyo diseño tiene algo de pieza icónica y de centro comercial. Una combinación por un lado arriesgada y novedosa, mientras que por otro lado puede considerarse peligrosa para el tratamiento de un edificio cultural.

La pieza facetada, como un prisma al que se le hubiesen ido recortando a cuchillo sus vértices, emerge sobre los tejados del centro histórico, prácticamente triplicando la altura de las construcciones de su entorno, entrando por lo tanto en relación con el campanario gótico de la iglesia de San Martín, o el propio ayuntamiento, hasta ahora los edificios de referencia en el centro.

En ese sentido, se convierte en un nuevo hito urbano, en una pieza que compite con el poder administrativo del ayuntamiento y con el religioso del campanario, llevando la cultura hasta esa altura. Además, esa serie de cortes que tallan la pieza la fijan de algún modo a su ubicación, ya que el edificio hace pequeños guiños mediante sus pliegues a las construcciones y espacios públicos cercanos, y genera una multitud de diferentes apariencias.

Pero más allá de la radicalidad de su propuesta formal, es tal vez su hall central el elemento más singular y destacable del proyecto. En el corazón del edificio, un complejo atrio de varios niveles cose todas las plantas, como una serie de plazas públicas apiladas verticalmente y conectadas por una secuencia de escaleras mecánicas rematadas escultóricamente, donde se animará al público a reunirse, trabajar y pasar el tiempo.

Por este motivo, el Forum Groningen es un nuevo edificio multifuncional en el centro de la ciudad, cuyo esquema en sección tiene algo de centro comercial, y donde un usuario tiene la sensación de ir cruzando los diferentes departamentos o áreas de venta. En este caso departamentos culturales, con áreas de biblioteca o mediateca, espacios de exhibición y exposiciones, cines, salas de reuniones, restaurantes o cafeterías, espacios de trabajo o incluso una tienda de papelería. El Forum es en esencia un edificio cultural de usos múltiples, pero en cierto modo es también un lugar público, un ágora o una plataforma para la interacción y el debate, una sala de estar a escala de la ciudad neerlandesa donde se asienta.

Siguiendo esa lógica, podría afirmase que no es una biblioteca, ni un museo, ni un cine, sino un nuevo tipo de espacio público donde se disuelven los límites tradicionales entre estas instituciones, convirtiendo el producto en algo más abierto y dinámico. La volumetría compacta y unitaria ayuda a expresar ese deseo de relacionar diferentes usos para fortalecer la ambición compartida de combinar diferentes instalaciones en una nueva tipología cultural.

Ese espacio central excepcional es, en cierto modo, el elemento más determinante de este nuevo modelo cultural ya que, además de su potencia vertical que articula todos los niveles gracias a su expansión horizontal en las diferentes partes, construye un nuevo lugar. Es al fin y al cabo un vacío que funciona como una interfaz espacial, que une todas las funciones, cine, colección de libros, exhibición, auditorio y que, como tal, espera catalizar el intercambio de conocimientos e ideas. Sobre esa estructura surgen además una serie de plazas apiladas que se pueden experimentar como una continuación de la red de espacios públicos de la ciudad, y que no son otra cosa que la antesala de las diferentes partes del programa. Como elementos que proporcionan acceso a las distintas actividades que se pueden estar dando en el centro, la información y señalética del complejo se presentará temáticamente en estos espacios, de modo que el número de usuarios potenciales se multiplica exponencialmente. Este diseño abierto del interior estimula la exploración del usuario, esperando generar en el visitante un cierto deseo de deambular, de explorar los diferentes espacios a través de ese sorprendente paisaje interior.

Vistas cambiantes. El diseño de la fachada es también un punto singular. La envolvente busca ser contextual: las once plantas del nuevo complejo se han revestido mediante un sistema de fachada ventilada en piedra, utilizando la típica arenisca de Bentheimer, que está presente en muchas de las estructuras más conocidas de la ciudad. El hall central perfora la fachada de piedra, para que esos espacios de reunión en altura puedan ofrecer perspectivas cambiantes sobre el paisaje urbano.

Por último el edificio se culmina con una gran terraza pública en la azotea, una plataforma de observación y un teatro al aire libre. Como en los mejores centros comerciales, queda acompañado por el restaurante y la cafetería. Sin duda, hará las delicias de los turistas que quieran llevarse en su smartphone la novedosa postal de la ciudad de Groningen.