Orsetta Bellani
30 AÑOS DE SU LEVANTAMIENTO ARMADO

El proyecto de autonomía zapatista sigue en pie

El pasado 1 de enero se han cumplido tres décadas desde el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Este reportaje abarca distintos momentos en el día a día de esta guerrilla de indígenas, cuyo mensaje llegó e incluso cautivó a distintos lugares del mundo, componiendo un retrato de Chiapas y su gente.

Milicianas durante el discurso del subcomandante Moisés el pasado 1 de enero en el 30º aniversario del levantamiento. Fotografías: Orsetta Bellani
Milicianas durante el discurso del subcomandante Moisés el pasado 1 de enero en el 30º aniversario del levantamiento. Fotografías: Orsetta Bellani

Unas adolescentes con pasamontañas y vestimenta maya tzotzil tocan en un escenario. Son Dignidad y la Resistencia, la primera banda musical femenina zapatista. Tienen guitarra, bajo, acordeón y su vocalista es la única con más de 15 años. Frente a ellas, miles de mujeres que llegaron a territorio rebelde de los cuatros rincones del mundo bailan y brincan. Las promotoras de comunicación, jóvenes zapatistas que se capacitaron para ser fotógrafas, camarógrafas y editoras, graban el concierto con cámaras profesionales.

Es un retrato sacado del Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, que se llevó a cabo del 8 al 10 de marzo de 2018 en el Caracol de Morelia, en el estado mexicano de Chiapas. Allí, las zapatistas invitaron a las mujeres rebeldes del mundo para asistir a tres días de debates, proyecciones, bailes o torneos de fútbol y baloncesto. Es una imagen que retrata bien la actualidad del movimiento zapatista, donde las mujeres, sobre todo las jóvenes, han tomado un rol cada vez más protagónico. Se trata de muchachas que nacieron después del levantamiento armado de 1994 y se criaron dentro del movimiento, estudiando en escuelas autónomas donde los promotores de educación, así como sus padres, les han enseñado los valores zapatistas.

Un mural frente a la entonces Casa de la Junta de Buen Gobierno de Morelia.

30 AÑOS EN PIE DE LUCHA

Treinta años han pasado desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas. Fue el 1 de enero de 1994 cuando los insurgentes mayas tomaron algunas ciudades del Estado de Chiapas, en el sur de México, y declararon la guerra al Estado mexicano. Fue corta: duró doce días y se interrumpió cuando la sociedad civil se movilizó pidiendo un alto al fuego. Chiapas era, y sigue siendo, el estado más empobrecido de México y desde el principio muchos se solidarizaron con este ejército de indígenas que exigían lo que nunca habían tenido: tierra, trabajo, alimentación, vivienda, salud, educación, independencia, democracia, libertad, información, cultura, justicia y paz.

«La situación en la que estábamos era pues de muerte y desesperación. Tuvimos que abrir una grieta en ese muro que nos encerraba y nos condenaba. Como si todo fuera oscuridad y con nuestra sangre prendiéramos una lucecita. Eso fue el alzamiento zapatista, una lucecita en la noche más oscura», escribía Marcos, que recientemente anunció su degradación de subcomandante a capitán.

En 1996, las negociaciones entre el estado y la guerrilla llevaron a la firma de los Acuerdos de San Andrés, que el Congreso nunca transformó en ley constitucional. El EZLN se sintió traicionado por los partidos políticos, tomó distancia y empezó a impulsar su proyecto de autonomía. Empezó a construir por su cuenta lo que el estado no le garantizó: un sistema de justicia, de salud y de educación autónomos, además de formar miles de promotores de comunicación y agroecología.

Poco a poco, la parte civil de la organización se volvió más importante que la militar. En 2003, el EZLN decidió dividir su territorio en cinco zonas donde iban a operar unos centros administrativos llamados Caracoles -que en 2019 fueron ampliados a doce- y cinco Juntas de Buen Gobierno: órganos autónomos y rotativos encargados de administrar la zona en la que operan. Su formación respondió a la necesidad de “entregar” el gobierno zapatista a la parte civil de la organización, poniendo en práctica uno de sus lemas más conocidos: “Mandar obedeciendo”. «Si el zapatismo fuera solo el EZLN, pues es fácil dar órdenes», escribe el capitán Marcos. «Pero el gobierno debe ser civil, no militar. Entonces mismo el pueblo tiene que buscar su camino, su modo y su tiempo. Dónde y cuándo qué cosa. Lo militar debe ser solo para defensa».

Milicianas juegan al baloncesto en un Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, celebrado un 8 de marzo de 2018.

Desde el día de su levantamiento armado, el zapatismo ha tenido muchos cambios y algunos viajes: con la Marcha del Color de la Tierra, en 2001, los “encapuchados” viajaron seis mil kilómetros por todo el país para pedir la ratificación de los Acuerdos de San Andrés, hasta llenar la explanada central de Ciudad de México. Fue en aquella ocasión cuando la comandanta Esther habló frente al Congreso de la República: «Es un símbolo que sea yo, una mujer pobre, indígena y zapatista, quien tome primero la palabra y sea mío el mensaje central de nuestra palabra como zapatista. Llegó la hora de nosotras y nosotros, los indígenas mexicanos».

En 2021, cuando todo el mundo estaba encerrado en sus casas, los zapatistas anunciaron un viaje en barco a Europa que a muchos les pareció una locura. En plena pandemia, un grupo de indígenas rebeldes encabezados por una mujer trans navegaron de América a las costas de Galicia, como si fuera una “conquista invertida”. Pero la Gira por la Vida no ha sido solo simbólica y los zapatistas han recorrido más de 30 países europeos, donde han encontrado luchas desde abajo y desde la izquierda: en defensa de la tierra y el territorio, de las semillas, asambleas feministas, colectivos LGBTIQ+, de migrantes, antifascistas, internacionalistas, organizaciones de barrios y más.

Durante toda su existencia los zapatistas recibieron en su territorio a personas de otras regiones de México y del mundo, invitándolas a conocer sus comunidades o a participar en seminarios de análisis o festivales de artes y ciencias. Ya en 2005 escribieron: «En el mundo lo que queremos es decirle a todos los que resisten y luchan con sus modos y en sus países, que no están solos, que nosotros los zapatistas, aunque somos muy pequeños, los apoyamos y vamos a ver el modo de ayudarlos en sus luchas y de hablar con ustedes para aprender, porque de por sí lo que hemos aprendido es a aprender».

En los meses de noviembre y diciembre de 2023, el EZLN emitió una serie de comunicados donde anunciaba la supresión de las Juntas de Buen Gobierno y de los Municipios Autónomos Zapatistas. Durante diez años, sus bases han debatido qué nueva forma querían dar a su proyecto de autonomía y decidieron poner en el centro a pueblos y comunidades. La nueva estructura es una pirámide de cabeza -así la definen- donde el “núcleo de toda autonomía” son los Gobiernos Autónomos Locales. Habrá uno en cada comunidad y varios de ellos podrán convocar una instancia más amplia: los Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas. Existe también un tercer órgano, todavía más amplio, que son las Asambleas de Colectivos de Gobiernos Autónomos. Estas no tienen autoridad porque, a pesar de ser más “grandes”, dependen de algo más pequeño, que son los Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas. «Lo que vamos a hacer a lo largo de estos años es que el pueblo mande, el gobierno obedezca y los medios de producción sean en común», dijo el subcomandante Moisés en el discurso que compartió el 1 de enero en Caracol Dolores Hidalgo, con ocasión del 30º aniversario del levantamiento armado.

Los zapatistas emprendieron un proceso de autocrítica que los llevó a unos cambios profundos que miran abajo en lugar de arriba, con los pies en la democracia comunitaria y asamblearia practicada ancestralmente por los pueblos originarios.

El capitán insurgente Marcos, entonces subcomandante, durante un evento público en Caracol de La Realidad celebrado en julio de 2014.

LA CONTRAINSURGENCIA EN CHIAPAS: PROGRAMAS ASISTENCIALISTAS, ATAQUES ARMADOS Y FABRICACIÓN DE CULPABLES

Existen imágenes menos alegres que la del Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan que bien podrían retratar el movimiento zapatista hoy en día. Por ejemplo, la de las familias de la comunidad de Nuevo San Gregorio, en la zona de Patria Nueva, que cultivaban 155 hectáreas de tierra recuperada hasta que un grupo llamado “Los 40 Invasores” se las ha ido ocupando poco a poco, dejándoles menos de cuatro hectáreas. A partir de noviembre de 2019, esta agrupación ha cercado la escuela autónoma zapatista, envenenado los peces del criadero y ocupado el potrero colectivo. Las autoridades autónomas han calculado pérdidas económicas por más de 18 mil euros, pero las familias de Nuevo San Gregorio siempre se han mantenido firmes en su decisión de no contestar a la violencia con violencia, y hasta propusieron a sus agresores, sin éxito, entablar una negociación.

No muy lejos de allí, en la región Moisés y Gandhi, las comunidades zapatistas padecen ataques todavía más violentos por parte de la Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo (ORCAO). Se trata de un grupo armado que recibe programas sociales del Gobierno mexicano y es cercano al Partido Verde Ecologista de México, una agrupación conservadora que no tiene nada de ecologista. Desde 2019 hasta el envío de este reportaje, la ORCAO realizó más de 110 ataques armados contra las comunidades de Moisés y Gandhi, además de llevar a cabo la quema de escuelas y bodegas de café. Hay bases de apoyo zapatistas que han sido secuestrados y torturados por la ORCAO y el 22 de mayo de 2023 uno de ellos, Jorge López Santiz, recibió un impacto de bala a la altura del pecho. Permaneció diez días en cuidados intensivos y el funcionamiento de su intestino quedó afectado. Así funciona actualmente la guerra de contrainsurgencia en Chiapas.

Después del levantamiento armado zapatista, la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) implementó el “Plan de Campaña Chiapas ‘94”, cuyo objetivo era destruir el EZLN organizando «secretamente a ciertos sectores de la población civil, entre otros, a ganaderos, pequeños propietarios e individuos caracterizados con un alto sentido patriótico, quienes serán empleados en apoyo de nuestras operaciones». Surgieron unos trece grupos, apoyados por los gobiernos mexicano y estadounidense, que hacían el “trabajo sucio” del Ejército: sembraron el terror en la población civil, desplazaron miles de personas, cometieron matanzas. En 1997, un grupo paramilitar afiliado al oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI) cometió la masacre de Acteal, donde mataron a 45 personas mientras estaban rezando.

El revuelo fue internacional y la guerra contrainsurgente cambió de cara, volviéndose “de baja intensidad” y menos directa. Entró en función el Plan de Campaña Chiapas 2000, que quiere dividir la lucha e institucionalizar la rebeldía a través de la financiación de dinero público a las organizaciones sociales y de la cooptación de sus líderes.

En Chiapas, a la guerra de baja intensidad le dicen “guerra integral de desgaste”. «Es una guerra diseñada para afectar a mujeres, niñas, niños, jóvenes y hombres, destruir la integridad psico-social-emocional de las familias», señala el informe final de la Caravana de Observación con la Comunidad Autónoma Zapatista de Nuevo San Gregorio.

Las acciones llamativas fueron sustituidas por operaciones menos visibles pero continuas, que desgastan a la población, día tras día, cotidianamente: unos balazos en una comunidad, unas familias desplazadas de otra, unas personas arrestadas sin razón y que acaban siendo víctimas del mecanismo que las organizaciones de derechos humanos locales llaman “fabricación de culpables”: «Se agarra un inocente -mejor si es un luchador social-, se le fincan cargos y se le fabrican pruebas».

José Díaz Gómez, campesino y base de apoyo del EZLN, fue detenido el 25 de noviembre de 2022 y torturado por la policía, que lo acusó de robo con violencia. Otro zapatista, Manuel Gómez Vázquez, fue acusado del homicidio de un hombre que murió cuando Manuel se encontraba en su casa con su familia. El 16 de noviembre de 2023, el joven zapatista fue absuelto porque la Fiscalía no supo presentar pruebas. Ya había pasado casi tres años en prisión preventiva: Manuel ha sido sancionado a pesar de no ser culpable.

Mujeres zapatistas durante un evento público en Caracol de La Realidad celebrado en julio de 2014.

JUSTICIA, EDUCACIÓN Y SALUD: SISTEMAS AUTÓNOMOS DEL ESTADO

La impartición de justicia en los territorios autónomos funciona de forma muy distinta y es tan eficiente que en muchos casos acuden a ella también personas que no son zapatistas. El sistema no está administrado por jueces profesionales, sino por las mismas autoridades autónomas. Tras la reorganización de la autonomía zapatista se desconoce cuál será el funcionamiento del sistema de justicia autónomo, que hasta la desaparición de las Juntas de Buen Gobierno era el siguiente: el denunciante acudía al peldaño más bajo de gobierno, el agente comunitario, que con su sentido común y el reglamento comunitario en la mano intentaba dirimir la disputa para llegar a un acuerdo entre las partes. Si la negociación no llegaba a buen fin, se pasaba a un nivel más alto de gobierno, hasta llegar a las Juntas de Buen Gobierno.

«¿Antes de 1994? La justicia la hacía el patrón y él nos gobernaba, y no había nadie más que se ocupara de otras cosas. Él era el patrón y se ocupaba de todo. Y no había escuela, no había de nada», dijo Don Valentín, un base de apoyo zapatista, en entrevista con Paulina Fernández Christlieb.

Además de un sistema de justicia autónomo, el EZLN impulsó en su territorio escuelas donde los promotores de educación zapatistas acompañan a los niños basándose en los principios y valores zapatistas. Valoran sus capacidades sin calificaciones, pero haciendo valoraciones.

Al par de las escuelas, las clínicas zapatistas son totalmente autónomas y no reciben financiación alguna por parte del Estado. En ellas, los promotores de salud rescatan e impulsan el uso de plantas medicinales y de prácticas curativas ancestrales que en las décadas pasadas se habían ido perdiendo, combinándolas con la medicina occidental.

Otra labor fundamental que llevan a cabo es la preventiva: viajan por las comunidades explicando a las familias cómo conservar los alimentos y potabilizar el agua, y aconsejando sobre higiene personal y de la casa.

En todas sus áreas de trabajo, el movimiento zapatista lucha contra la asimilación cultural que ha sido promovida por órganos gubernamentales como el Instituto Nacional Indigenista (INI) -que promovía entre los pueblos originarios políticas orientadas a asimilar la cultura occidental- y trata de rescatar los conocimientos más antiguos de los pueblos originarios. Es a través del ejercicio práctico de su autonomía que el EZLN sigue resistiendo en muchas regiones de Chiapas. «Como desde hace 30 años, nuestra lucha es por la vida», aseguraron en uno de sus más recientes comunicados.

Milicianas desfilan con arcos y flechas en el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, en diciembre de 2019.

«CHIAPAS, AL BORDE UNA GUERRA CIVIL»

El 30º aniversario del levantamiento zapatista y la reestructuración de su organización se dan en un momento en el que los niveles de violencia en el lugar han crecido exponencialmente. “Chiapas, al borde una guerra civil” es el titular de un comunicado que el EZLN publicó en septiembre de 2021, tras el secuestro por parte de la ORCAO de dos miembros de la Junta de Buen Gobierno de Patria Nueva. Pocos meses antes, la violencia había estallado en la zona fronteriza con Guatemala -donde no viven familias zapatistas- por la pelea entre grupos del crimen organizado. En el mismo periodo en Pantelhó, donde sí viven bases de apoyo del EZLN, la población se ha levantado contra el crimen organizado que controlaba la región. Desde entonces, los focos de conflicto no han hecho más que multiplicarse en todo el territorio chiapaneco.

«Contrario a lo que informa y desinforma la prensa oficialista, autodenominada cool-progre-buena-ondita, las principales ciudades del suroriental estado mexicano de Chiapas están en un completo caos. Las presidencias municipales están ocupadas por lo que nosotros llamamos sicarios legales o crimen desorganizado», advirtió en noviembre la comandancia del EZLN. «Hay bloqueos, asaltos, secuestros, cobro de piso, reclutamiento forzado, balaceras. Esto es efecto del padrinazgo del gobierno del estado y la disputa por los cargos que está en proceso. No son propuestas políticas las que se enfrentan, sino sociedades criminales».

El comunicado firmado por el subcomandante insurgente Moisés se refiere a las elecciones que se celebrarán el próximo mes de junio y donde se votarán nuevos alcaldes, gobernadores y una nueva presidenta de la República. «Como zapatistas que somos no llamamos a no votar ni tampoco a votar. Como zapatistas que somos lo que hacemos, cada vez que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que se necesita», afirmó el mismo subcomandante en mayo de 2015.

Promotoras de salud pican unas plantas medicinales en una imagen fechada en enero de 2014.

«ESA PEQUEÑA LUZ ES PARA TI»

Una niña que se llama Esperanza se encuentra en el medio de la cancha del Semillero Huellas de la comandanta Ramona, en la zona zapatista de Morelia. Su rostro está cubierto por un pasamontañas y abraza un osito de peluche.

Las milicianas del EZLN llevan uniformes, gorras, arcos y flechas colgadas de sus hombros. Marchan golpeando sus toletes al ritmo de una cumbia, hasta formar un caracol gigante alrededor de la niña. La protegen.

- “¡Apunten!”, ordena una comandanta a las arqueras.

- “¡Descansen!”.

Las milicianas zapatistas no disparan sus flechas, pero les dicen a las mujeres presentes que hay que defenderse cuando te están matando. «Hermana y compañera: tenemos que defendernos y, sobre todo, defendernos organizadas. Y tenemos que empezar ya, y más si una mujer es niñita apenas», afirma la comandanta Amanda desde el escenario. «Nos siguen asesinando y todavía nos piden, nos exigen, nos ordenan que nos portemos bien. Si las mujeres protestan y rayan sus piedras de arriba, rompen sus vidrios de arriba, le gritan sus verdades a los de arriba, entonces sí hay gran bulla. Pero si nos desaparecen, si nos asesinan, entonces no más ponen otro número: una víctima más, una mujer menos».

Estuvimos también en la inauguración del Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, que se llevó a cabo en diciembre de 2019. Durante la primera edición del evento, las zapatistas “acordaron vivir” con las mujeres del mundo, a las que entregaron una velita prendida con un mensaje: «Esa pequeña luz es para ti. Llévala, hermana y compañera. Cuando te sientas sola. Cuando tengas miedo. Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida, préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas. Y no te la quedes, compañera y hermana. Llévala a las desaparecidas. Llévala a las asesinadas. Llévala a las presas. Llévala a las violadas. Llévala y diles a todas y cada una de ellas que no están solas, que vas a luchar por ellas. Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión». Es el mensaje que las y los zapatistas siempre comparten: organícense. En sus geografías, con sus modos, en sus formas. Lo importante es que se organicen y luchen.