Iker Fidalgo
Crítico de arte
PANORAMIKA

Escultura y experiencia

El escultor Karlos Martínez Bordoy protagoniza la exposición «Silver Ships» en el Depósito de Aguas de Gasteiz hasta el 6 de abril.
El escultor Karlos Martínez Bordoy protagoniza la exposición «Silver Ships» en el Depósito de Aguas de Gasteiz hasta el 6 de abril. (Cortesía del Centro Cultural Montehermoso)

A finales del pasado mes de enero se inauguró en el Centro Cultural Montehermoso la primera exposición correspondiente a la convocatoria de Proyectos Artísticos del pasado año. Este concurso supone una de las principales líneas programáticas del espacio cultural situado en lo alto de la colina gasteiztarra. Cada año se abre como una ventana de oportunidad para artistas con una carrera tanto consolidada como en proceso de consolidación, pero también para un público que puede disfrutar de al menos cuatro nuevas propuestas expositivas que dan buena cuenta de lo que está sucediendo en nuestro territorio. Es siempre una buena noticia para el tejido artístico de Gasteiz y, en consecuencia, de Euskal Herria, que esta convocatoria siga saliendo adelante cada nuevo año poniendo en valor la necesidad de brindar las condiciones necesarias para la creación de nuevos proyectos.

“Silver Ships” es el título de la exposición que el creador Karlos Martínez Bordoy (Bilbo, 1982) ha preparado para su participación en el programa. El escultor vizcaino es uno de esos perfiles que siempre están en constante evolución. Su trabajo escultórico viene realizando desde hace ya varios años un recorrido tremendamente interesante al que conviene seguir la pista. En esta nueva propuesta, el Depósito de Aguas se convierte en un escenario enigmático. Al entrar en la sala encontramos varios cuerpos formados por materiales de aspecto reflectante iluminados por unas luces crudas, cenitales y directas, creando juegos de proyecciones donde se confunden los cuerpos y las masas de sombras. Cuando nos adentramos, entendemos que se trata de diferentes conjuntos escultóricos que actúan como pequeños grupos interrelacionados. En un primer vistazo se encuentra esa dualidad entre la estructura de los soportes y los planos volátiles de las superficies. A su vez, existe un juego entre un espacio encerrado o limitado y aquel que evoca la presencia corporal de cada uno de los objetos. Algunos cuelgan suspendidos, atrapados en el instante de un vuelo detenido o un momento congelado, mientras otros se despliegan en el firme de la sala o se entrelazan en las columnas. Líneas de tensión visual conducen nuestro recorrido entre materiales que reconocemos, como la tela o las cremalleras pero que, sin embargo, hablan con voz propia.

La escultura, en esencia, puede ser una manera de sentir cómo se relacionan los diferentes elementos en el espacio. Cómo sus cuerpos, sus presencias y sus materiales entran en diálogo para ubicarse, tanto física como simbólicamente, en un lugar. Por ende, el hecho escultórico es capaz de articular nuevas propuestas tanto sensitivas como perceptivas. Su mera acción como objeto, altera y condiciona lo que sucede, lo que se imagina y lo que se siente. “Silver Ships” nos habla e interpela directamente desde ahí y nos señala la capacidad del arte para provocar nuevas versiones del mismo mundo.