25/01/2015

Revivir la ruina
Iñigo García Odiaga
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La historia de la arquitectura se ha forjado tanto con lo que en cada época se ha ido construyendo y levantando como con las ruinas que se han conservado. Cada piedra, cada pedazo o cada espacio decadente es un fragmento de la memoria de la disciplina. Por definición, la ruina es pérdida y destrucción, pero también es un cimiento sobre el que asentar las reflexiones que pueden definir el futuro.

El Imperio romano, por ejemplo, debe su grandeza tanto a sus construcciones como a las ruinas que de ellas se desprendieron, ya que si su recuerdo sigue vivo es debido a la maestría que esas piedras, aunque descompuestas y moribundas, aún irradian.

A través de los tiempos, cada época ha evocado un determinado significado a la ruina. El Renacimiento sirvió para que se estimularan las retrospecciones y excavaciones de las ruinas, para comprobar, siguiendo las obras de Vitrubio, las técnicas y las resoluciones formales de las obras egipcias, griegas o romanas. Por contra, en la pintura del Romanticismo, la representación de la ruina está vinculada a la escenificación del poder de la naturaleza sobre la arquitectura y las edificaciones se presentan como construcciones en descomposición que el paisaje y el mundo vegetal están devorando poco a poco.

El último proyecto del estudio Hertl Architekten, construido a la entrada del casco histórico de la ciudad austriaca de Steyr, pone de manifiesto la postura de la modernidad sobre la ruina.

Allí donde en el pasado se levantaba una pequeña plaza mercado junto a la puerta medieval del casco antiguo del barrio de Ennsdorf, se erige hoy esta vivienda unifamiliar. El nuevo edificio reutiliza los espacios de una antigua granja, abandonados y totalmente ruinosos, cuyas medianeras ayudan a configurar el edificio histórico de la aduana de la ciudad.

Las huellas del pasado se han desvanecido un poco. La ermita, que una vez se levantaba impresionante frente a la cubierta a dos aguas de la aduana medieval, fue rehabilitada sin mucho éxito. Tal vez este precedente sirvió como escarmiento al nuevo proyecto de la Garden House, ya que puso de manifiesto que era mejor mantener la ruina e incorporarla a las nuevas edificaciones, antes que rehabilitarlas desvirtuando su esencia o borrando su memoria. De este modo, los muros del jardín de la nueva construcción siguen los contornos de los antiguos muros descarnados, que se ven ampliados con un hormigón liso que deja patente su modernidad respecto de las trazas antiguas. A pesar de esa distancia temporal, gracias a la materialidad pétrea y densa de ambas capas, el conjunto se convierte en un muro unitario que configura nuevos espacios. A partir del reciclado de los antiguos muros se construye un patio central amplio que, a través de la entrada de la casa, deja sentir desde fuera su exuberante vegetación, lo que convierte el edificio en un referente dentro del conjunto histórico de la vieja plaza del mercado.

Con sus ruinosos muros actualizados al presente, la casa se asegura un interior privado y tranquilo, pero al mismo tiempo abierto para los huéspedes, a quienes les gustaría sumergirse en la memoria del lugar. Incluso el nombre de la casa, Garden House o Casa Jardín, homenajea la historia evolutiva de la construcción, cuya atmósfera interior se define tanto por el verde intenso del nuevo jardín como por la memoria atrapada en los viejos muros de las ruinas medievales. El edificio se define así como un refugio para retirarse, un laboratorio para talleres creativos, conferencias y debates, y un claustro para albergar visitas privadas y pequeños eventos culturales, tales como inauguraciones y conciertos.

La antigua casa de campo es una ruina, pero una ruina revivida. En la planta superior se ubican las habitaciones y la entrada principal. Una escalera hasta el nivel de la galería del patio se oculta detrás de un nuevo muro poroso, que duplica la pared exterior. La luz se filtra a través de pequeños orificios que el paso del tiempo ha provocado en los ladrillos. Los nuevos voladizos de la casa, en la dirección del río Enns, muestran la modernidad del edificio sobre las murallas de la ciudad vieja, incorporando la contemporaneidad al paisaje del río, que en la antigüedad, gracias a su puerto fluvial, era la carta de presentación de la ciudad de Steyr.

En términos de sostenibilidad, la utilización de las ruinas como materia prima es una clara optimización de recursos que antepone la reutilización frente a la construcción de nuevos edificios.