Maider EIZMENDI
PROBLEMA SANITARIO DE PRIMER ORDEN

EL SUICIDIO, ENTENDER PARA ABORDARLO DESDE SU COMPLEJIDAD

Según los datos de la OMS, cada año más de un millón de personas se quitan la vida. Convertido en un problema sanitario de primer orden, responsables sanitarios inciden en la cautela y en la necesidad de un abordaje multidisciplinar y basado en la prevención.

La reciente muerte de Miren Peña y su atribución a una razón económica así como el accidente de avión acaecido en los Alpes achacado, según las primeras investigaciones, a la voluntad del copiloto de acabar con su vida, ha hecho que la problemática del suicidio se traslade a las primeras páginas de los medios de comunicación y al epicentro de numerosos corrillos, evidenciando así la necesidad de abordar en profundidad la problemática en torno a esta cuestión sanitaria por la cual cada año mueren en el mundo casi un millón de personas. Según los datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), «en los últimos 45 años, la tasa de suicidio ha aumentado en un 60% a nivel mundial» y se ha convertido así en «una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países». Según los datos de Eustat, en lo que a Araba, Bizkaia y Gipuzkoa se refiere, en 2013 178 personas se quitaron la vida, una cota que se sitúa a la par de la de los países del sur de Europa, «más baja que la de las del norte», donde el porcentaje de suicidios es mayor.

Ante la magnitud del problema, responsables sanitarios trabajan para dar respuesta a esta problemática. Desde Osakidetza, por ejemplo, llevan tiempo aplicando y afinando un proyecto que tiene como objetivo la prevención del suicidio. Andrea Gabilondo es la responsable de programas de promoción, prevención e investigación de la Red de Salud Mental de Gipuzkoa y una de las promotoras de este proyecto.

El programa, avalado por la Comisión Europea y que incluye las directrices marcadas por la OMS, está basado en un tratamiento multidisciplinar, que incluye no solo a profesionales sanitarios, sino que también trabaja con agentes sociales y medios de comunicación. «Hemos querido incluir en el proyecto a las personas que están en contacto con la comunidad, por ejemplo, trabajadores sociales, farmacéuticos, policías... personas que en su día a día y en su trabajo cotidiano pueden detectar y ayudar a quienes están en riesgo, ya que muchas personas que acaban quitándose la vida no están en tratamiento siquiátrico». Dirigidos a estas personas se han realizado varios talleres para aportarles las claves para detectar a personas con riesgo.

Desde Osakidetza se ha elaborado un decálogo con recomendaciones dirigido a los medios de comunicación, que bien podría también ser útil para la ciudadanía cuando hablamos sobre el tema. Sea como fuere, entre los consejos que se dirigen a los y las periodistas se subraya la importancia de no realizar «descripciones detalladas del suceso», evitar «mostrar el suicidio como una reacción comprensible o natural ante un problema personal» o «simplificar las razones del suicidio, estableciendo relaciones causa-efecto».

En este punto incide especialmente Gabilondo, que reconoce que en ocasiones se tiende a simplificar las causas del suicidio «por desconocimiento»: «Muchas veces no está clara la motivación de la persona que se ha suicidado y atribuir su muerte a causas que no son puede ser perjudicial o arriesgado», manifiesta.

A su entender, es importante abordar la cuestión del suicidio y generar de algún modo un debate, ya que es una de las principales causas de muerte evitable en nuestra sociedad, pero también lo es hacerlo con responsabilidad y cautela: «En numerosas ocasiones se dice ‘pues como le han embargado la casa se ha tirado por la ventana’; es cierto que, seguramente, ese hecho puntual ha podido actuar como desencadenante, pero normalmente hay una serie de factores de riesgo que se van sumando, que hacen que esa persona se vaya debilitando», explica Gabilondo.

Advierte que el factor más importante es la presencia de enfermedades mentales, principalmente la depresión. «Según los estudios, el 90% de las personas que se quitan la vida tienen alguna enfermedad mental y la más frecuente es la depresión», precisa, al tiempo que matiza que también existen «otros factores añadidos que actúan como precipitantes o que sirven para empeorar o dificultar suficientemente la situación de esa personas como para que no pueda más».

Otro de los elementos de riesgo a tener en cuenta es haber registrado anteriormente intentos de quitarse la vida. En ese grupo «de alto riesgo» están precisamente llevando a cabo un seguimiento más intenso. Actualmente, tal y como indica Gabilondo, realizan un seguimiento telefónico a 190 pacientes que han tenido algún intento de suicidio, para evitar nuevas tentativas.

El objetivo de los responsables del programa es ampliar durante este año el ámbito de actuación, así como unificar los registros existentes. «Un gran problema que existe es que los registros de suicidios e intentos de suicidio no están bien unificados. Hay distintos criterios y maneras de codificar estos casos y eso dificulta que podamos evaluar los casos», afirma.