Arantxa MANTEROLA
BAIONA
Entrevue
MICHEL TERESTCHENKO
ESPECIALISTA EN FILOSOFIA POLITICA Y ETICA

«La pasividad de la gente frente a los malos tratos alimenta la impunidad»

Autor de varios libros, está participando en las jornadas organizadas estos días por un equipo de investigadores de las Facultades de Baiona y Pau en colaboración con la Asociación Francófona de Justicia Transicional y el Instituto universitario Varenne.

Terestchenko cree firmemente que son los ciudadanos quienes tienen que tomar las riendas frente a los atropellos de los Estados y afrontar la cuestión.

La tortura es una cuestión de la que se habla poco, en particular cuando afecta directamente a las democracias occidentales. ¿Es que el hecho de hacerlo supone una especie de aceptación de su existencia?

Hablar de ello es esencial y absolutamente necesario. Además, ahora tenemos acceso a una información bastante completa incluso en los países occidentales. Por ejemplo, el informe del Senado americano que la Casa Blanca desclasificó en diciembre del año pasado es un reconocimiento implacable de las políticas de tortura puestas en marcha por EEUU tras los atentados del 11 de setiembre de 2001. Por lo tanto, no es que haya falta de información. Hoy el gran problema es la pasividad de los ciudadanos en relación a estas cuestiones, que constituyen una vulneración fundamental de nuestros derechos y principios. Los aceptan incluso sin darse cuenta de lo que está pasando en realidad y de las consecuencias de estas políticas. Esa indiferencia de la ciudadanía respecto a estas prácticas está alimentado, en cierto modo, la impunidad de los Estados.

Pero eso va directamente contra la definición misma de los estados que se dicen democráticos. Luego, tanto éticamente como democráticamente, hay una evolución en los valores…

En efecto. Hay una contradicción total entre los principios y leyes de las sociedades democráticas y esas políticas. En Francia hay una gran dificultad para hablar de esta cuestión, probablemente por razones históricas que remontan a la guerra de Argelia. El Estado francés sigue sin reconocer la práctica de la tortura en ese periodo, sigue siendo un tema tabú. He publicado un libro sobre la tortura centrado en EEUU pero en la que también se habla de la legitimación moral que tiene en los países europeos, y he comprobado que hay una auténtica indiferencia por parte de la gente, bien porque se considera que pertenece a una época del pasado o porque no se siente afectada. Sin embargo, todas las sociedades occidentales están implicadas por las consecuencias de esas prácticas, sobre todo en las que han tenido que ver con el ámbito del islamismo radical.

Dicen que es por «nuestra seguridad»…

El argumento de la seguridad es el pretexto para cuestionar los principios estructurales de las sociedades democráticas. Se presenta siempre como justificación pero es completamente falsa, porque la tortura resulta totalmente inútil y el informe del Senado americano lo demuestra claramente. La tortura no ha impedido jamás que se perpetre un atentado. Se ha practicado a gran escala, de manera ilegal, ineficaz y contraproducente. Aun así, los ciudadanos aceptan esa justificación. La tortura y otras prácticas que se dan actualmente como los drones, los asesinatos selectivos, los métodos de vigilancia y control, se llevan a cabo con la aceptación social porque la gente cree que son medios necesarios y eficaces cuando, en realidad no lo son, y lo que hacen es poner en peligro los principios y libertades democráticos. El argumento de la seguridad es una falacia.

¿Por qué remarca tanto que la tortura es ineficaz?

Porque todos los estamentos policiales y militares saben que la tortura es el medio más ineficaz para obtener información. El objetivo prioritario es aterrorizar a la población, crear una especie de clima de temor para, entre otros fines, frenar la contestación.

Sin embargo los Estados intentan incluso legalizar esos métodos. No hay más que ver lo ocurrido en EEUU con las leyes que se aprobaron en relación a los presos de Guantánamo después de que Obama prometiera acabar con las torturas…

Obama ha reemplazado la práctica de la tortura por la liquidación, por los asesinatos selectivos o por las ejecuciones extrajudiciales, que se han multiplicado por cinco en comparación con lo que hizo el presidente Bush. Llegó a la presidencia con el discurso de que iba a defender los principios democráticos, pero de hecho ha violado sus propios compromisos en cuanto lo hizo.

Es usted especialista en filosofía política y ética. Dos conceptos difíciles de converger en el modo en que se hace política actualmente…

Siempre ha sido así. Desde Maquiavelo es un verdadero problema. Respecto a la tortura hay muy poca moralidad porque precisamente se da una justificación moral para practicarla.

Transición, amnistía, olvido. Una secuencia frecuente para acabar con los conflictos. ¿Es la amnistía la solución?

Puede haber una amnistía pero, por lo menos, después de que se haya dado a conocer quien ha hecho qué. Una vez establecido, será la sociedad quien elija los mecanismos para alcanzar la pacificación social y entre víctimas y verdugos. Pero no puede hacerse jamás en un marco de impunidad. La Justicia Transicional no consiste en cubrir los crímenes sino en encontrar modalidades de pacificación en las que la propia Justicia es un instrumento.

¿Conoce usted los casos de tortura de Euskal Herria?

Mi trabajo se ha centrado más en lo relacionado con la guerra contra el terrorismo. Pero creo que en la actualidad ya no se practica como hace algunos años.

Bueno, todavía no hace mucho se han seguido denunciando casos…

Es evidente que existe una actitud laxa por parte de los estados y también una voluntad de dejar de practicar torturas y tratamientos humillantes o degradantes prohibidos por el convenio de Derechos Humanos. Tanto Francia como España han sido condenados varias veces por ello. Creo firmemente que son los ciudadanos quienes deben afrontar este tema. No es suficiente con denunciar o condenar esas acciones de los estados. Por supuesto hay que hacerlo, pero no es suficiente. Es un asunto que atañe a todos los ciudadanos y, por tanto, es su responsabilidad hacerles frente.

No obstante, es a los estados a quien corresponde defender a sus administrados, ¿o no?

Sí, pero como son ellos quienes vulneran impunemente sus leyes y transgreden sus propios principios, son los ciudadanos quienes deben pedir cuentas a los estados.

¿Por ejemplo, a través del Tribunal de Derechos Humanos?

Sí, pero no únicamente. No hablo solo de instancias judiciales o supremas. Hablo de los propios ciudadanos. Para ello hace falta empezar por tomar conciencia del problema. Estas jornadas contribuyen a ello. En mi caso es lo que intento hacer con mis trabajos y libros. En mayo publicaré otro (‘‘L’ère des Ténèbres’’), que es un llamamiento al debate público sobre esta lacra de políticas desarrolladas en nombre de la guerra al terror.

La serie «24», apología perversa de la tortura

¿Qué es el síndrome de Jacques Bauer?

Bauer es el personaje principal de una serie de televisión (‘‘24’’). Es una ficción que ha contribuido enormemente a justificar la tortura, no solo aquí, sino en todo el mundo. En ella se practica sistemáticamente en el marco de esta ideología de hacer creer a la gente que la tortura es un medio necesario. Una justificación que es totalmente perversa, por supuesto. La serie ha coadyuvado a aclimatar y preparar las mentes a esa aceptación de la tortura.

¿Es algo voluntario o maquiavélico?

Hay otras series de ese estilo pero en las que se da, por lo menos, algún aspecto crítico hacia dichas prácticas. Por ejemplo ‘‘Homeland’s’’ respecto a los drones e incluso la película ’’American Sniper’’. Pero ‘‘24’’ es realmente una visión unilateral totalmente consciente, perfectamente pensada y analizada para aceptar esa práctica. La serie ha popularizado la utilidad de la tortura como un medio eficaz de lucha contra el terrorismo y lo ha hecho, además, de un modo creíble y totalmente perverso.A.M.