En el «banlieue» también hay belleza, pero duele

Es duro ser una chica de origen africano en el «banlieue», y la belleza tampoco facilita las cosas, puede incluso que las complique aún más. Céline Sciamma, como ya demostró en su anterior “Tomboy”, es una de las realizadoras que mejor entiende la adolescencia y sus problemas, tanto a nivel local como global.
Para alguien de nuestra generación es muy difícil comprender a unas jovencitas que por un lado son esclavas de la moda, pero por otro no les importa descuidar ese aspecto tan estudiado cuando participan en una pelea callejera, que saben que acabará colgada en YouTube. Son manifestaciones de violencia cuyo objetivo es buscar la humillación sexual en público de la rival, ya que una de las dos contendientes acabará en ropa interior o desnuda para ser ridiculizada por la vencedora. Son muy duras entre ellas mismas, y con sus actitudes primarias no hacen sino perpetuar un sistema a todas luces machista.
Claro que hay que ver la educación represiva que sufre la joven protagonista en su casa, donde es controlada por su hermano mayor, y ella reproduce la pirámide jerárquica controlando a su vez a su hermana pequeña. Para intentar huir de un hogar sin futuro se refugia en la pandilla de chicas, aunque tampoco supondrá ninguna solución. En el instituto no se siente nada integrada, y para independizarse ha de bordear negocios sucios como el narcotráfico o la prostitución de menores.
La realidad no encaja dentro de las fantasías que comparten las chicas de “Bande de filles”, las cuales son felices pagando entre todas una habitación de hotel, donde se prueban los vestidos que han robado en el centro comercial, y cantan y bailan al ritmo del videoclip “Diamonds” de Rihanna.
Son muy bellas, pero hay tristeza en su hermosura, porque pertenecen a la generación que se busca la vida, que ni estudia ni trabaja, ni sabe si conformarse con el rol de ama de casa.

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