Pablo Ruiz de Aretxabaleta
Periodista
IKUSMIRA

Tarjeta amarilla

El Parlamento israelí ha debatido esta semana la «amenaza estratégica» de la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), contra la ocupación de Palestina y el apartheid al que Israel somete a su población. La actitud de Israel tiene mucho de teatralización –llegó a considerarla una amenaza «superior a la de Irán»– . Pero el crecimiento del BDS empieza a preocupar de verdad al régimen sionista. La retirada del operador de telefonía Orange ha sido la última muestra

Y a esas alturas del partido, cuando la presión sobre el ocupante aumenta, la Autoridad Palestina, a través de su federación de fútbol, lleva al 65 Congreso de la FIFA la propuesta de suspender a Israel de este organismo por la muerte y encarcelamiento de futbolistas palestinos, la destrucción de infraestructuras deportivas, el impedimento del movimiento de futbolistas para entrenar o jugar, o la participación de equipos de las colonias en la liga israelí.

La Federación palestina la anunciaba como una «tarjeta roja» pero ya advertía de las presiones en un foro donde la corrupción es la principal figura. Y en el último minuto cambió su propia propuesta por la creación de un comité que investigará «las violaciones de derechos humanos cometidas por Israel y amparadas por su Federación de fútbol». La Autoridad Palestina, jugando a empatar, dice ahora que ha logrado un gran apoyo a una «tarjeta amarilla» a Israel, sobre la que puede preparar la expulsión. Pero en Palestina el paso atrás ha creado frustración y el propio delegado israelí lo celebró proponiendo un estrechamiento de manos. Gol de Israel y «cantada» de la Autoridad Palestina.