Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Blind»

La soledad, el miedo, el deseo y la imaginación a ciegas

De muy prometedor hay que calificar el debut en la dirección del guionista noruego Eskil Vogt, habitual colaborador de su compatriota Joachim Trier, conocido por películas como “Oslo, 31 de agosto” (2011). No solo demuestra poseer un estilo personal, sino que además rompe con muchos de los lugares comunes del cine nórdico, por la universalidad del tema que trata y de la experimentación audiovisual al que lo somete.

De entrada sorprende la calidez de muchas de sus imágenes, en lo que tal vez influya el griego Thimios Bakatakis como director de fotografía. El piso de la protagonista es alto y muy luminoso, a lo que ayuda el que las paredes sean blancas y disponga de amplios ventanales. Son sensaciones mortales de necesidad para la protagonista, que ha perdido la visión y trabaja sobre el resto de sentidos. Pero más aún deja volar su imaginación y el deseo, con unas ensoñaciones muy sensuales. A esa capacidad de escritura mental le ayuda el hecho de que no sea ciega de nacimiento, por lo que conserva recuerdos muy gráficos que no duda en desarrollar.

Como invidente resulta muy introspectiva, haciendo de la soledad y el aislamiento del exterior una forma de fabulación para construir un universo a su medida. En él su pareja se dedica a observarla en silencio, a espiarla, para luego engañarla. A su vez le coloca un amigo imaginario obsesionado con su vecina al modo de un voyeur. Y cuando ellos se encuentran el cine y la realidad se confunden, mientras asisten a la proyección de “Mask” de Peter Bogdanovich, película que reflexionaba sobre las apariencias y la opresión de vivir en un cuerpo con un rostro deforme. Los espacios en los que se mueven resultan intercambiables, y así durante una conversación pasan del salón de un restaurante a un vagón de tren con una total naturalidad surrealista, que diríase heredada del meridional Buñuel.