Carlos GIL
Analista cultural

Listados

Es una costumbre divergente, absorbente, no reglada pero que tiene momentos de gran difusión y otros en los que la rutina la envuelve de ineficacia e insignificancia. Me refiero a los listados, a las listas donde figuran de manera graciosa las diez mejores obras de teatro del año. O los diez motivos por los que la música de Stravinsky les gusta a los comedores de pepinillos. O las cinco mejores frases de amor de la literatura etrusca. Se podría despachar esta animadversión diciendo que es una labor de ociosos, pero bien mirado es un trabajo ímprobo de buscar alineaciones y concurrencias desde un impulso menor.

De todos los listados que aparecen, los más sofisticados son los que tratan de hacer decálogos subjetivos sobre supuestas concepciones artísticas en cualquier disciplina. Porque las que menciona nombres u obras se basan en un compendio de otras listas y enunciados publicitarios. Un listado es un acto evasivo en donde la jerarquización es fruto de una imposibilidad argumentativa. Lo empírico en el mundo de las artes no decorativas forma parte de la leyenda. No se puede atrapar en un sistema métrico la emoción provocada por una bailarina extenuada suspendida en el aire durante una décimas de segundo que explican la fecundidad.

Frente a lo inasible no caben estabulaciones que perpetúen el valor de cambio como baremo. Todo listado encierra una renuncia expresa a la posibilidad de la excepción que provoca ese caos que construye en el imaginario un instante inolvidable.