Raimundo Fitero
DE REOJO

Picasso

Dalí decía: «Picasso es comunista; yo tampoco». Parafraseando que es gerundio: «Fernández Díaz dice la verdad; yo tampoco». Pero los chicos de Fernández Díaz cuando estaba en los papeles, las radios y las teles su encuentro de secreta intransparencia con Rodrigo Rato en sede ministerial para protegerle de los cuatrocientos tuits que puede causar un terrible acoso a alguien que tiene tres secretarios, nos procuraron un show televisivo que ocupó las aperturas de los noticiarios y que todavía causa estupor por su evidente y obtusa manipulación y exageración.

La cosa tiene su intríngulis novelesco, porque los antecedentes son un Botín, de los Botín de todos los botines, un barco en la costa corsa y un cuadro de Picasso que no se podría exportar y que probablemente se estaba intentando vender o transferir, quizás en diferido. Todo eso lo hemos leído como si fuera un cuento de los cien mil novelistas a cargo de Interior, pero una vez detectado el cuadro, una vez recibida la autorización para su repatriación, vino el espectáculo retransmitido en directo.

Nos ofrecieron en vivo y en directo nada menos que el desembarco del avión, el recorrido por calles de Madrid y la llegada del cuadro al museo Reina Sofía. Y lo importante es que todo ese transporte lo hicieron en un furgón especial con una custodia de docenas de guardia civiles armados hasta los dientes como si en ese furgón viajara el Papa confesando a la ex periodista Letizia Ortiz. Un show, verdaderamente amplificado, esperpéntico. En los informativos siguientes nos enseñaron hasta cómo lo empaquetaban, lo metían en un artilugio que lo mantiene en equilibrio y en una caja blindada. De acuerdo, es un cuadro de Picasso, sí, muy importante, pero ayer apareció otro cuadro de Picasso. Aquí está pasando algo misterioso.