Sara MUERZA

Una escuela que no descansa en favor de niñas y niños con autismo

Decía la artista y escritora autista Donna Williams que muchos de los entornos educativos tenían todo aquello que le causaba aversión. Un ejemplo de esos «pocos» ambientes que son una excepción es la Escuela de Verano de la Asociación Navarra de Autismo.

En una esquina de la sala, la asamblea ha comenzado. Los voluntarios, sentados, acompañan y guían a los niños. ¿Qué tiempo hace hoy?, ¿qué vamos a hacer más tarde?, son preguntas que requieren respuestas. Acostumbrados a la rutina, no se sienten cómodos en la incertidumbre. Por ello, cualquier cambio, cualquier actividad, hay que anticiparla. A través de los materiales didácticos se les marca el camino. Así, todo se vuelve más claro.

El proyecto que se lleva a cabo en la Escuela de Verano, en las instalaciones del Colegio Público José Mª Huarte de Iruñea, es una iniciativa pionera en el Estado español. Puesta en marcha en el verano de 2012, este año acoge a más de 70 niñas y niños con autismo. Aunque el curso escolar haya finalizado, la enseñanza continúa para ellos. Aquí les brindan una atención y educación individualizada y profesional que fomenta el aprendizaje de cada cual. Muchos son navarros, pero también los hay que han llegado de Catalunya, País Valencià, Murcia...

Entre junio y agosto, se realiza una labor social que implica a 150 voluntarios, que previamente se han formado específicamente. Aunque cada semana se van rotando, se busca que haya una continuación; por ello, el voluntario está con el mismo niño al menos durante dos semanas, que es también el tiempo mínimo requerido para que el txiki desarrolle todas las tareas y juegos programados. La mayoría de los voluntarios son jóvenes, algunos en prácticas, otros recién licenciados, pero también hay profesoras jubiladas con la experiencia y conocimiento que los años acarrean. Y, por supuesto, hay madres y padres. «Intentamos que los padres se queden con sus hijos a aprender», explica Paula Rodríguez, directora de la Asociación Navarra de Autismo (ANA). Por ello, se prioriza que la madre o el padre ejerzan de voluntarios con su hijo pero, si este último se niega, los colocan con otro niño de características similares.

La jornada matinal está perfectamente organizada y dividida. Varios profesionales crean las fichas y tareas de cada usuario. Fijadas las rutinas, horarios y rituales, ya solamente queda ponerse en marcha. Hacia las 9:00, las aulas se van llenando. Estas acogen de cuatro a seis niños y todas tienen la misma estructura: mesas individuales separadas unas de las otras de izquierda a derecha. Cada sala cuenta con una sicóloga y cuidadora. Se utilizan dos métodos de trabajo: TEACCH y Denver. El primero busca que el niño sea autónomo en la vida diaria y el segundo trabaja características como el contacto visual o la comunicación.

Objetivo cumplido

El juego también forma parte de esta ecuación. El taller de cocina, el cine, las salidas a la piscina... completan unas completas jornadas en las que los cinco sentidos se vuelven más conscientes que nunca. El juego también les ayuda a progresar en sus habilidades sociales.

Familias de todo el Estado se acercan a Iruñea para participar en este proyecto. Muchas de ellas repiten y otras, incluso, se quedan a vivir aquí. Es el caso de una familia de Málaga que, tras la buena experiencia en el campamento, decidió quedarse, ya que por su tierra carecían de estas infraestructuras. Hasta enero de 2012, no había ninguna asociación que trabajase específicamente con el autismo, hasta que un grupo de padres con niños autistas tomaron la iniciativa.

«Da satisfacción ver que, al terminar el verano, los objetivos están cumplidos y que el trabajo y el esfuerzo realizados tienen su recompensa», comenta Paula Rodríguez.