¿Podrá la basura cambiar la política en Líbano?
Líbano es uno de los muchos países que solo aparecen en los grandes medios en relación a alguna masacre, guerra, atentado... Diríase que solo viven para matar y morir, pero estos días hemos podido comprobar que la imagen que nos dan esos medios es demasiado parcial, y que cuando eliminamos de la ecuación los efectos de los conflictos palestino y sirio, que tanto afectan a todos los libaneses, aparece el día a día cotidiano, el que nos habla de gobernantes que no hacen nada para revolver un problema hasta que ven la posibilidad de hacer un gran negocio. Para los suyos, claro.
También nos habla, afortunadamente, de ciudadanos que saben cuál es la solución y que, superando barreras generacionales, de género y étnico-religiosas, son capaces de organizarse y forzar a los gobernantes a cambiar de actitud. El movimiento Apestas –el nombre no podría ser más gráfico y oportuno– reivindica el retorno a un sistema público y municipal de gestión de los residuos y defiende el reciclaje. Sospecho que muchos lectores se sentirían cómodos en sus reuniones y protestas, si no fuera por la barrera del idioma. Pero incluso analizando la situación en Líbano desde la parte de Gipuzkoa que más decididamente ha apostado por el reciclaje de verdad, más importante aún que apostar por la gestión inteligente de los residuos es romper el esquema sectario que impide a un chií trabajar con un suní o un comunista. Apestas lo está logrando y, con las calles de Beirut llenas de montañas de basura, cada vez más libaneses se fijarán en unas propuestas llenas de sentido.

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