Raimundo Fitero
DE REOJO

Atentado

Vuelve a utilizarse la palabra “atentando” como herramienta de agitación y propaganda ultra. Los reiterados actos violentos de los cachorros fascistas son clasificados por la prensa del régimen como actuaciones aisladas y, en el peor de los casos, delitos de odio. Pero si aparece la presidenta de ese misterio político llamado Vox de Cuenca porque ha recibido una paliza, inmediatamente el señor Fernández Díaz, después de ir a misa y mandarle un sms a Rato, dice que se trata de un atentado y, además, político, porque relata la muchacha que le agredieron al grito de “fascista”. Y cierra el capítulo. O abre una gran incógnita. Vaya por delante mi repulsa por la agresión a Inmaculada Sequí. Pero seguiremos atentos a los detalles. Un contenedor quemado en noche de borrachera en Alcorcón o en Deba tienen diferente calificación fiscal. Son las leyes que se han ido acumulando para que no exista posibilidad de respuesta de la sociedad. Nos fijamos en la última, la llamada mordaza, pero antes de ella hay un compendio de leyes aprobadas en el parlamento español que te puede amargar la vida por un pensamiento deportivo mal expresado en una red social. Y con las grandes palabras como excusa, patria, monarquía, religión y demás zarandajas castrantes. Lo cierto es que existen actos violentos en toda Europa de distinto signo. Que las actuaciones policiales contra los supuestos yihadistas son un género televisivo y que en Alemania las manifestaciones neonazis y la quema de albergues de extranjeros forman parte del ritual cotidiano. El mundo está bastante peor y puede empeorar mucho más porque a los poderosos les interesa generar miedo en la población para que se instaure el imperio de una ley que recorte libertades colectivas. Y el terrorismo, si no existe se inventa, se organiza y se patrocina.