El euskara llega a Hollywood gracias a Garaño y Goenaga
Si alguien me llega a preguntar si algún día una película rodada en euskara va a competir en los Óscar, le contesto rotundamente que no, que eso es imposible. Pero en este mundo todo es relativo, y ahora va a resultar que es más difícil que esa misma película con la pecularidad idiómatica de la que estamos hablando, gane la Concha de Oro en Donostia. Es momento de recordar para los desmemoriados, o para los que siempre están dispuestos a apuntarse tantos ajenos, que “Loreak” se fue de vacío de la 62º edición del Zinemaldia. Ni siquiera se llevó el premio Irizar del cine vasco, que le arrebató la película de Borja Cobeaga “Negociador”.
Tal vez todo tenga una explicación, y la primera que se me ocurre es que si en el Jurado de un festival, da igual que sea el de Donostia u otro cualquiera, no hay un representante euskaldun, las películas hechas en Euskal Herria y habladas en euskara lo tienen muy difícil. En cambio, en la Academia de Cine hay muchos miembros pertenecientes a nuestra diáspora, cuyo voto cuenta. Sea como fuere, la cuestión es que en toda la historia del euskal zinema no se había dado un paso tan importante, por lo que conlleva el reconocimiento internacional de un cine hecho en una lengua minoritaria.
Jon Garaño y Jose Mari Goenaga no se deben dejar abrumar por ser los protagonistas de semejante hito histórico, sino por el reto cinematográfico al que se enfrentan, al tener que competir con los autores más renombrados de otros países. En esta 88 edición de los Óscar, entre los aspirantes a la Estatuilla de Mejor Película de Habla No Inglesa se encuentran: el belga Jaco Van Dormael, el taiwanés Hou Hsiao-Hsien, el sueco Roy Andersson, el polaco Jerzy Skolimowski, el francés Jean-Jacques Annaud, el irlandés Paddy Breathnach, el iraní Majid Majidi, el argentino Pablo Trapero o el chileno Pablo Larrain.
Al final es el lenguaje fílmico el que decide, el que te lleva hasta donde tu película se lo merece. Y “Loreak” no desmerece ante las obras maestras de sus principales oponentes. Su contenido de alcance universal puede ser comprendido y compartido en cualquier parte del mundo, a nada que se disponga de una mínima sensibilidad. La película que tanto nos ha emocionado en la sala de cine nos sigue proporcionando otro tipo de emociones fuera de ella, gracias a que el talento local se empieza a exportar con éxito.

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