Carlos GIL
Analista cultural

Intereses

Nos mueve el interés. El económico solidifica relaciones. La cultura no es solamente pensamiento, emoción y trascendencia. También es economía, profesionalidad, salarios, derechos laborales. Una compañía de teatro, un ballet, una orquesta está formada por personas que además de buscar esa quimera llamada “arte”, la excelencia, persiguen, con legitimidad, un sueldo, un futuro, una manera de vivir. Y en ese punto, la balanza se puede desequilibrar.

El objetivo inmediato de subsistir puede anular las voluntades de investigación, de riesgo. Cuanto más dependiente se es de una ayuda, una subvención, una taquilla, un contrato, existen menos posibilidades de llevar el impulso creativo más allá de lo que el mercado demande. La estabilidad es fundamental para proyectos de largo alcance. Y otro tipo de interés menso contable, el de buscar cosas nuevas, el de conocer nuevas ideas, diferentes maneras de afrontar los procesos de creación, una necesidad de la formación permanente, la búsqueda de nuevos incentivos, nuevos lenguajes en cada disciplina.

La gran trampa es considerar que ya se ha llegado a un lugar de fin de trayecto por un éxito pasajero, un contrato o una circunstancia favorable. No entender que el camino artístico no tiene fin. Que hay que saber más, profundizar mucho más, dejarse poseer por otras teorías, otros conocimientos para renovarse. Esa es la auténtica gran inversión, la que da mayores intereses a medio y largo plazo. Lograr un estado de búsqueda constante es un don.