«Tengo un mandato para el cambio y voy a cumplirlo»
Había gran expectación por escuchar el discurso de Jeremy Corbyn en el Congreso del Partido Laborista. Y el veterano político socialista no defraudó. Con la promesa de hablar siempre claro a la gente y de hacer una política honesta, Corbyn regaló sonrisas y dio muestras de tener buen humor, un estilo humilde, principios firmes y gran conexión emocional con una audiencia entregada. Y todo ello articulando un discurso en el que pegó a todos los palos.

En un auditorio donde reinaba un estado de ánimo electrizante, sin grandes numeritos musicales ni besos en el escenario con su mujer Laura Álvarez, solo se presentó él, en su soledad, Corbyn y su autenticidad ante su primera oportunidad de dirigirse al gran público, de llegar a millones de hogares a través de las pantallas de televisión. Su nuevo estilo de liderazgo, su amplio mandato sin precedentes en la historia del laborismo, se puso en escena junto con su «gabinete en la sombra» formado para contentar a las diferentes tendencias y a un grupo parlamentario abiertamente hostil en muchas materias.
Algunos se afanan en presentar su posición como la de un dilema imposible, la de una elección entre lo malo –traicionar en aras del pragmatismo a toda esa ola de idealismo de izquierdas que lo aupó al liderazgo– y lo peor –capitular ante el tradicional stablishment laborista, los herederos de Tony Blair y los lobbies corporativos–. Que no pudiera sacar adelante en el Congreso su posición contraria a la millonaria modernización del programa de misiles nucleares Trident se presentó como el primer ejemplo de «capitulación» y de «baño de realismo». Sin embargo, su discurso claro y su apuesta por una política honesta y decente conectaron con una audiencia desbordada. Copó el interés mediático.
A todos los palos
Corbyn presentó un discurso en el que tocó todos los temas. Desde la vivienda a la salud mental, de los ferrocarriles y el tren de alta velocidad –al que se opone– a Escocia, de la guerra de Siria a lo que va a ser su nuevo estilo de liderazgo, desde la economía al auge de las nuevas izquierdas en Europa. Y todo ello, desde la seguridad que le da un mandato de base que prometió que «no va a fallar» y desde la asunción de que «tengo lo que hace falta para ser primer ministro».
Interpretó su victoria como un terremoto político que señala el triunfo de la autenticidad frente a la tecnocracia y criticó a los medios tradicionales que hasta hace poco anunciaban la muerte, por estar exhausta, de la izquierda en general y ahora se mofan del ascenso de esta nueva izquierda popular. Adelantó que ser líder no implica dejar de ser activista y que seguirá siéndolo, como ha hecho durante los últimos 30 años.
En el escenario internacional, afirmó que la solución a la situación en Siria no pasa por lanzar un puñado más de bombas y criticó el apoyo británico a regímenes como el saudí.
Acompañado por un atronador aplauso de una audiencia entregada, concluyó su discurso animándoles a «no aceptar la injusticia y a levantarse siempre ante los prejuicios».
«Patriota» sin cantar el himno ni arrodillarse ante la reina
Uno de los frentes por el que más se ataca a Corbyn es el del «patriotismo». Su histórica decisión de invitar al Sinn Féin al Parlamento en 1984, poco después del atentado del IRA en Brighton contra Margaret Thatcher y su gabinete, así como su negativa a cantar el himno del “God Save the Queen” en el reciente 75 aniversario de la Batalla de Gran Bretaña, están siendo explotados por «amigos» y enemigos para desgastarlo.
Ahora hay un nuevo «filón», el Privy Council de la reina. Corbyn, declarado republicano, como nuevo líder laborista ha sido nombrado miembro de ese antiguo y selecto grupo de políticos y figuras eminentes. No obstante, ha declarado que asistirá si es convocado pero que no se arrodillará ante la reina cuando sea investido.
Ante ello, en el Congreso declaró que el sentido del fair play para todos, la solidaridad y el respeto al punto de vista de los otros son valores compartidos y mayoritarios. Y es por eso «por lo que amo este país y su gente, y por lo que vamos a ponerlos en el centro de la política». M.Z.

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