M.I.
REGRESIÓN

Bajo el síndrome de Shyamalan

AAmenábar se le ve un poco perdido, y este intento por recuperar el aliento de su ópera prima “Tesis” (1996), que sigue siendo su mejor película, recuerda a los intentos desesperados de Shyamalan por recuperar el giro argumental con el que conquistara al gran público en “El sexto sentido” (1999).

Son dos hijos no naturales del maestro Hitchcock que se han quedado en los 90, precisamente la década en la que está ambientada “Regresión”. Y aunque se ha hablado de inspiración en el Polanski de “La semilla del diablo” (1968), en el Friedkin de “El exorcista” (1973) o en el Kubrick de “El resplandor” (1980), lo cierto es que la película se asemeja a precedentes noventeros mucho menos ilustres. Ya hay quien le ha buscado asombrosas similitudes con la telemovie de Dick Lowry “Forgotten Sins” (1996).

Dicen que la autoría de Amenábar reside en la temática relacionada con el Mal, pero la realización se supedita a la rutina genérica de Hollywood, sin aportar nada nuevo, nada original, nada que sorprenda. Hasta el punto de que el impacto comercial en el espectador se busca con los típicos sobresaltos a golpe de efectos de sonido.