Crítico cinematográfico

La velocidad mortal y sus mitos de la gran pantalla

Se han cumplido 60 años de la muerte de James Dean, y la efemérides ha venido a coincidir con la noticia de la demanda de la hija del actor Paul Walker contra el fabricante del automovil deportivo en que murió su padre el 30-11-2013. Las seis décadas que separan ambos accidentes no parecen nada, porque la velocidad está en la causa de las mismas, por más que a las dos se les pretenda buscar de modo parecido otros misterios.

De James Dean se dice que pudo suicidarse, o que al menos no hizo lo suficiente para evitar la colisión frontal con el otro vehículo, tal vez dejándose arrastrar por las circunstancias negativas de su vida. Aquel coche al que bautizó como Little Bastard era un Porsche, la marca a la que ahora demanda Meadow Walker por considerar que el modelo Carrera GT, en el que su padre viajaba como pasajero, no reunía las normas de seguridad que se le suponen a un deportivo de alta gama.

La viuda del conductor, un piloto profesional, ya interpuso sin éxito otra demanda similar en su momento. Porque el atestado policial dice bien claro que el vehículo accidentado circulaba al doble de la velocidad permitida, lo que a su vez oucrrió asimismo en 1955, con la salvedad de que entonces quien superaba los límites permitidos era el coche contrario.