Un txoko televisivo para Urkullu y Otegi
Ya lo cantaba Celia Cruz: «Todo aquel que piensa que está solo y que está mal, tiene que saber que no es así, que en la vida no hay nadie solo, siempre hay alguien. Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval...». Sola no, con otros 5.214.000 de espectadores es como debí de ver el cara a cara protagonizado por Albert Rivera y Pablo Iglesias en el “Salvados” del domingo. Esta es la barbaridad de audiencia obtenida por la Sexta esa noche en la que competía con dos películas y otro debate, friki pero debate al fin (“Gran Hermano”, 2.127.000 voyeurs). De “Herri txiki, infernu handi” (ETB1) no tengo datos, pero qué más da, si son la bomba.
El caso es que las redes están plagadas estos días de memes, análisis y ránkings sobre quién se impuso, si un Rivera de subidón y con cara de ocultar sus verdaderas opiniones –«si hay que condenar al franquismo, se condena», dijo; si, si... los diputados de su grupo hicieron txikarra el día que tocaba votarla en el Congreso– o un Iglesias al que se veía con poco poder de pegada, como si necesitase un trago de algo más fuerte que el café para darle caña al Ken de las Barbies de derechas.
¿Quién ganó? Évole, sin duda, porque funcionó la fórmula: dos candidatos con telegenia –Rajoy de eso no tiene–, un espacio cercano –del último debate entre lehendakariables solo recuerdo el chaquetón de Mintegi y que me dormí– y un buen conductor. Aquí ya tenemos debates, pero soporíferos. Y me pongo a fantasear y seguro no soy la única, con uno en un txoko entre Urkullu y Otegi... y lady Quiroga de invitada. Ay, que la vida es un carnaval...

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