Raimundo Fitero
DE REOJO

Golpes

Los acostumbrados a dar golpes de Estado con ejércitos, cabras y tropas moras acusan a quienes presentan dos folios en el Parlament de Catalunya de haber dado un golpe de Estado institucional. Los que han convertido el Tribunal Constitucional en un cortijo  donde los capataces cuidan del ganado de sus señoritos, no son capaces de encontrar una solución política a un problema político. Solamente les viene al discurso el autoritarismo ancestral, el insulto, el reduccionismo absoluto. Ley y Orden. Y acusar a quienes proponen asuntos democráticos de gran calado y futuro de antidemocráticos es la muestra fehaciente de una reacción infantiloide.

Y eso que esto no ha hecho nada más que empezar. Convocadas elecciones, con gobiernos en funciones en Madrid y Barcelona, los opinadores y editorialistas se muestran cada vez sobrepasados por algo que se venía avisando desde hace varios quinquenios. Sus reacciones, huérfanos de guías y consignas diáfanas de sus partidos de referencia y de los que viven, se colocan de manera clara en la nadería. De todo cuanto sucede lo más patético es la reacción de Urkullu y sus compañeros de construcción de infraestructuras imposibles para que no pasen nunca trenes de alta velocidad, que no saben dónde meterse ni qué decir. Eso de que no es el momento es una expresión de nula importancia.

Permanecemos atentos a la pantalla porque hay varios frentes abiertos: lo del denominado clan de los Pujol, el tres por ciento de CDC, el abrir causas universales contra supuestos dirigentes de ETA, forman parte del mismo plan estratégico. Los de Ciudadanos y Podemos buscan oxígeno y Ken Sánchez se va al gimnasio y la peluquería. Golpes en la mesa, bajo la mesa, de estado, de estadios, de pistas de asfalto. Golpes para despertar a la ciudadanía. Algo se está moviendo.